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| Demanda. Los teléfonos móviles
y los chips se venden por centenares en el centro capitalino Foto
EDH |
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Jorge Ávalos
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
De diciembre de 2005 al 21 de noviembre de este año, la Superintendencia
General de Electricidad y Telecomunicaciones, Siget, contabiliza 121,372
denuncias por robo y extravío de celulares, esto equivale a un
promedio de 14 aparatos robados cada hora.
A partir de junio a la fecha, las denuncias se han incrementado en relación
a los meses anteriores. Aunque Rodrigo Ávila, director de Policía
Nacional Civil (PNC), sostiene que este problema ha disminuido.
“Ya había bajado un poco este problema, pero hoy se pueden
ocupar 20 chips con un mismo teléfono y ahora los delincuentes
andan varios chips”, indicó el titular de la PNC.
Esto, según Ávila, dificulta a la Policía rastrear
las llamadas y a los delincuentes en delitos como extorsiones, ya que
los hampones pueden cambiar el chip luego de hacer las llamadas.
Para el jefe policial, el problema radica en que no existe suficiente
regulación en cuanto a la venta de chips.
“Hay que regular. Que comprar un chip sea equivalente a comprar
un teléfono. Creo que las tarjetas prepago están bien, pero
creo que los chips no”, dijo el director.
Sin embargo, el superintendente de la Siget, Jorge Nieto, asegura que
hay situaciones que ya no le competen al ente regulador, como el control
que se debe ejercer en los comercios del centro de San Salvador y otros
negocios informales sobre estas ventas.
“La venta del chip es legal, lo que no es legal es desbloquear un
aparato para activarlo con otra empresa, pero eso ya escapa del ámbito
regulatorio”, aseguró Nieto.
El superintendente agregó que “la ley también los
obliga (a los comerciantes informales) a informar a los operadores quien
está comprando el chip”.
Además, el funcionario advirtió que el incremento en las
ventas de chips responde también al desarrollo de la tecnología.
Bloqueo de teléfonos
El superintendente consideró que el sistema que han incorporado
las cinco compañías nacionales de telefonía ha permitido
que casi 52 mil personas que adquirieron un teléfono robado no
lo pudieran activar nuevamente.
Dicho sistema funciona a través de las denuncias de los usuarios.
Cuando estos informan el robo o extravío del teléfono, los
operadores transmiten la información a la Policía, quien
acumula todas las denuncias del día y retorna la información
global a las compañías.
De esta manera, los operadores de todas las compañías poseen
una base de datos común que les permite conocer cuáles son
los teléfonos robados y cuándo una persona intenta introducirlos
a la red de telefonía de otra compañía.
“Creo, por los resultados que estamos viendo, que se ha logrado
contener en alguna medida el abuso que se estaba dando. De no haber hecho
esto en este año, 52 mil usuarios de un terminal robado hubieran
activado el aparato”, advirtió Nieto.
El funcionario aseguró que existe una excelente coordinación
con las autoridades de la Policía, y que es ese esfuerzo coordinado
el que ha permitido que teléfonos robados no puedan ser activados
nuevamente.
Esfuerzo centroamericano
Las medidas para disminuir el robo de celulares, y a mediano plazo erradicarlo,
no son sólo a nivel nacional.
Las autoridades de telefonía de la región han llegado a
un acuerdo a nivel de la Comisión Regional de Telecomunicaciones,
Contelca, para implementar acciones para la rotación de una base
centroamericana de teléfonos registrados como robados.
Hasta el momento, en lo que se ha avanzado es en implementar el sistema
en cada país.
Para el próximo mes las autoridades de telecomunicaciones prevén
otro encuentro regional en el que podría surgir el acuerdo de rotar
estas listas de denuncias con los demás países de Centroamérica.
El reto es incorporar este sistema a nivel regional a partir de enero
del próximo año y de esta manera evitar que los celulares
robados en el país sean activados en otras regiones.
Las autoridades salvadoreñas dijeron que evalúan la posibilidad
que una misma persona mantenga su número de teléfono aunque
se cambie de compañía.
Defensa: Hubo mayor demanda este año
El número de armas legales que ingresaron para ser comercializadas
aumentó este año, según el jefe del departamento
de logística del Ministerio de Defensa, Coronel Danilo Martínez
Duarte.
Sólo este año entraron 4,865 armas legales y 550 mil municiones,
lo que significa un incremento de más de 1,600 artefactos si se
compara con las tres mil que fueron importadas en 2005.
Las armas son distribuidas a través de 25 empresas comercializadoras
autorizadas en el país bajo el control de la institución
castrense, quien mantiene en almacenes los artefactos de fuego.
A criterio del coronel Martínez, las personas han demandado más
armas para protegerse de la actual delincuencia en el país.
La demanda también se refleja en el alto número de nuevas
matrículas de armas que se han otorgado sólo este año:
desde enero a la fecha se han matriculado 7,300 armas de distinto calibre.
“Las que más adquieren las personas son las armas cortas
como las pistolas”, dijo el militar.
Según el registro total que está vigente desde 1994, en
el país hay un total de 207 mil 819 armas registradas y 128 mil
353 licencias de uso y portación otorgadas a civiles.
Pero contrario a las ideas de desarme que varios sectores han propuesto,
el coronel Martínez asegura que no es posible quitar las armas
a la población pues ellos las han obtenido con legalidad y con
el objetivo de protegerse del hampa.
Martínez asegura que aproximadamente el 60 por ciento de las 7
mil 200 armas que les han remitido los juzgados del país son ilegales
mientras que sólo un 40 por ciento estuvieron registradas.
Dichas armas han caído en poder del ministerio por haber estado
involucradas en algún hecho delictivo o haber infringido la ley
de regulación de armas y explosivos.
Sin embargo, el comisionado Omar García Funes, jefe del comando
de Fuerzas Especiales de la PNC, cree que el que un arma esté legalizada
no es garantía de nada.
Según sus estadísticas, a diario son robadas entre tres
y cuatro armas que fueron matriculadas con todos los requisitos de la
ley.
Por tal razón, García Funes sostiene que es necesario aplicar
la ley de regulación de las armas y decomisarlas a sus portadores,
cuando éstos las lleven a lugares públicos o falten a los
controles.
El coronel Martínez cree que existen controles que pueden reforzarse
antes que desarmar.
Comentario
El desarme
No cabe duda que los miembros de la Comisión Nacional de Seguridad
que proponen un desarme generalizado en los 20 municipios más violentos
del país, tienen buenas intenciones. Pero de buenas intenciones,
como dice el viejo dicho, está pavimentado el camino al infierno.
Como una primera impresión, suena lógico el planteamiento
de que quitándoles las armas a todos los habitantes de un país,
disminuirá la violencia de manera sensible. Sin embargo, si se
profundiza en el análisis será inevitable caer en la conclusión
de que al ejecutar una medida como la que se propone, el resultado distará
mucho de lo que se propone.
En primer lugar, se debe tener en cuenta que, por lógica, los desarmados
serían los ciudadanos honrados. Los que han comprado una pistola
para defenderse de los desalmados que le pegan sin remordimiento tres
balazos a cualquiera para robarle un celular o un anillo. Es muy fácil
decomisarle el arma a un ciudadano no violento que transita, a pie o en
vehículo, por las calles y carreteras del país.
Otra cosa es desarmar a los violentos. Ellos se mueven en las sombras,
esconden las armas y las sacan para atacar en planificados operativos.
Sus armas no están registradas o, si lo están, es porque
han sido robadas. Y si se las descubren se van a liar a tiros con la policía
o con quien sea.
Hay algo más. Se está hablando de armas de fuego, pero para
los delincuentes cualquier cosa es un arma: un pedazo de hierro, un garrote,
un ladrillo, una piedra y hasta cubiertos de cocina. También fabrican
granadas caseras, un alambre, trabucos, pistolas y escopetas hechizas
pero igual de mortales. Además de las tristemente celebres “puyas”.
Es posible controlar en gran medida las aduanas para impedir el ingreso
de armas al país, pero ¿cómo impedir el ingreso de
miles de armas de todo tipo, incluyendo fusiles de guerra y hasta lanza
granadas, por vías clandestinas? Imaginemos que fuera posible desarmar
a toda la ciudadanía honrada, aunque por más cateos que
hubo durante la guerra muy poco de ello existió; ¿sería
posible, entonces, desarmar a los delincuentes? Se quitará, como
apuntábamos, la pistola 22 al señor o señora que
la lleva en la guantera del carro, pero quedará impune el siniestro
sujeto que tiene un AK 47 escondido.
De llevarse a cabo la propuesta de la comisión en los 20 municipios
más violentos, los mareros, asaltacasas, robacarros y demás
malhechores que allí se esconden serán los únicos
armados. Imaginémonos qué pasaría si la ocurrencia
para los 20 municipios, la lanzan a nivel nacional.
Las prohibiciones generalizadas nunca han detenido a los delincuentes.
En los años 30, por ejemplo, se decretó la ley seca en Chicago
con el bien intencionado propósito de combatir la violencia y hasta
el alcoholismo. El resultado fue el surgimiento del crimen organizado
y las mafias que traficaron clandestinamente el licor. Por esos años
la violencia se incrementó como nunca antes y como nunca después.
La reducción de la ola de delincuencia pasa por sacar a los criminales
de las calles. Para ello, se necesitan legislaciones que respondan a la
realidad, jueces dispuestos a aplicar las leyes con rectitud, un cuerpo
policial y fiscal depurado, más el apoyo de la ciudadanía
honrada. Dicho en otras palabras, lo que se requiere es que se cumplan
las leyes.

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