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| Mejor de salud. Esta especie marina tiene todos
los cuidados en Funzel; cuenta hasta con un veterinario. Foto
EDH |
Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Estaba traumado por haber perdido a su madre. Solito, cansado, deshidratado
y con hambre arribó a las costas salvadoreñas un pequeño
león marino, el 19 de julio de este año.
Los pescadores que lo encontraron en las playas del Cantón Las
Leonas, en La Unión, intentaron devolverlo al mar, pero el león
ya no tenía fuerzas para seguir nadando. El océano le parecía
un abismo por la ausencia de su progenitora.
Un día entero lo pasó como un perro, amarrado del cuello,
comiendo tortilla y agua en la casa de la familia que lo rescató.
La Policía de Medio Ambiente avisó del hallazgo a la Fundación
Zoológica de El Salvador (Funzel), el 20 de julio.
El mismo día, el veterinario de la fundación, Luis Manuel
Domenzain, fue a recogerlo, ya que la PNC argumentó no tener gasolina
para viajar a San Salvador.
El infortunio parecía seguir los pasos del pequeño “Leo”,
como le llaman sus cuidadores. A falta de jaula, éste fue entregado
en una jaba amarrada con mecate. En el camino, Leo logró desatarlas
y saltó a la carretera. Dos días después, la PNC
lo encontró divirtiendo, de forma exótica, a los bebedores
de una cervecería en Santiago Nonualco, de La Paz.
Desde entonces, Funzel se ha encargado de su cuidado; sin embargo es un
hogar temporal. Claudia Martínez, coordinadora de esta entidad,
explicó que al principio no quería ni la pacha. Pesaba 18
libras y estaba “estresado” por todo lo ocurrido. Hoy llega
a las 25.
Y es que el “Marachito”, como le dicen a Leo por ser el más
consentido de las 17 especies albergadas, llegó de tres meses a
esta institución. Hoy tiene siete.
El animal devora cinco libras y media de pescado al día. Rumea
como una vaca por las noches cuando se siente solo y persigue a sus cuidadores
o a cualquier otra persona que se le acerque para morderlos en son de
juego y amistad.
Ser sociables es inherente a esta especie, define Martínez, por
lo que han iniciado la búsqueda de un acuario para que el marachito
se desarrolle a plenitud.
Funzel ha tocado las puertas de México y Estados Unidos, pero los
tratados internacionales de tráfico ilegal de especies silvestres
dificultan el trámite. Martínez dijo que los acuarios no
quieren arriesgar a sus especies junto a un animal cuya procedencia es
incierta.
Por esta razón, “Marachito” fue sometido a pruebas
genéticas (una biopsia de la aleta trasera) que fue enviada al
laboratorio de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica
(NOAA, por sus siglas en inglés), para determinar si su origen
radica en los Galápagos, Ecuador o en California, Estados Unidos,
los lugares nativos de estas especies.
Venezuela ha mostrado interés por adoptarlo, expresó Martínez.
Pero antes es necesario tener las pruebas de ADN y conocer el ambiente
en el que vivirá, ya que su proceso de adaptación será
distinto por su corta edad y haber estado en contacto durante mucho tiempo
con el humano.
En Funzel, además del león marino, se refugian otras especies
silvestres. Muchas de ellas en estado de salud deplorable por culpa de
sus captores.
Martínez instó a la población a no tener animales
silvestres en sus casas, ya que no están domesticados y cuando
lastiman a la familia, son golpeados y echados de las viviendas. La fundación,
insiste, es un hogar de paso por lo que requiere de donaciones.
Para mayor información llamar al Tel. 2211-8044.

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