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Roberto
Salinas León*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Ciudad de México.- El proyecto de medir la libertad económica
mundial era visto, hace apenas unos años, como un chiste, como
el deseo de algún radical libertario frustrado y ciertamente parte
de un “complot derechista”. Sin embargo, a partir de las publicaciones
del reporte anual del proyecto Libertad Económica en el Mundo,
coordinado por el Fraser Institute del Canadá en colaboración
con más de 60 fundaciones internacionales, se ha dado un paso muy
importante en crear consciencia sobre la importancia de la libertad económica
y su relación directa en lograr alcanzar mayor prosperidad.
En su edición de este año, basado en estadísticas
del año 2004, el reporte destaca que la libertad económica
es importante, entre otras razones, porque tiene mayor impacto en el combate
a la pobreza que el asistencialismo financiero de la ayuda externa. Es
preferible, en otras palabras, consolidar las condiciones internas de
libertad de producción y de elección que conseguir dinero
del Banco Mundial, Fondo Mo-netario Internacional, Banco In-teramericano
de Desarrollo y demás burocracias clientelares del mundo.
La medición de la libertad económica, que todavía
es un proceso gradual de ensayo y error, se basa en cinco grandes temas:
1) tamaño del gobierno, 2) estructura legal y protección
de los derechos de propiedad, 3) estabilidad monetaria, 4) intercambio
en el comercio internacional y 5) regulaciones sobre crédito, mercado
laboral y negocios.
El ingrediente más importante de estos componentes es probablemente
el correspondiente a la ley y al Estado de Derecho. Sin un sistema de
justicia confiable, sin respeto a los contratos, sin un marco de derechos
de propiedad bien definidos, se reduce la libertad de elegir y, consecuentemente,
la oportunidad de mejorar el nivel de vida.
En México hemos aprendido esa lección por las malas. Este
país califica bien en comercio exterior, bien en el control de
la inflación, pero muy mal en ambiente de negocios e instituciones.
Por ello, ocupa un lugar mediocre: número 60 entre este universo
de 130 países. El reto es transformar la cultura de libertad económica
para lograr los beneficios de los países que hoy obtienen las mejores
calificaciones, como Hong Kong que está en el primer puesto, Estados
Unidos, Suiza y Nueva Zelanda comparten el puesto 3, Irlanda 6, Estonia
12, España, El Salvador y Panamá 30. La tesis es que sólo
así se logra mejorar el nivel de vida de la población.
Las posiciones de algunos otros países latinoamericanos son: Chile
20, Costa Rica 30, Uruguay 40, Perú 48, Guatemala 60, Bolivia 63,
Ar-gentina, Paraguay y Nicaragua 74, Brasil 88, Haití 90, Ecuador
95, Colombia 109, República Domi-nicana 111 y Venezuela 126.
Los niveles de libertad económica alrededor del mundo han aumentado
en el último cuarto de siglo. Y el resultado parece contundente:
los países del más alto cuartil en libertad económica
cuentan con una producción promedio per cápita de 24.000
dólares anuales, comparado con 3.000 dólares en las naciones
del más bajo cuartil. El cuartil más alto, a su vez, cuenta
con una tasa de crecimiento per cápita de 2,1%, comparado con una
tasa negativa de -0,2% en el cuartil más bajo.
La evidencia, año tras año, es que existe una relación
íntima y directa entre la libertad económica y mayores niveles
de desarrollo. Estos no son sueños de algún liberal o de
una ideología radical. Son hechos, números y estadísticas
que apuntan claramente en una dirección y a una conclusión
de importancia capital para el futuro de los países en vías
desarrollo.
*Economista mexicano, académico asociado
del Cato Institute. © www.aipenet.com

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