Una mirada de fe
Mamá Margarita

Toda mujer tiene un puesto primordial en la familia, toda madre encontrará en Margarita Occhiena un ejemplo luminoso para la educación cristiana.

Publicada 25 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Óscar Rodríguez Blanco, s.d.b.*
El Diario de Hoy

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Margarita Occhiena, así se llamaba la madre de Don Bosco. Era una mujer fuerte, de ideas claras y de profundas raíces cristianas. Nace el 10 de abril de 1788 en Capriglio de Asti, un pequeño pueblo del Piamonte de Turín,

Italia. Sus padres siguiendo las costumbres y tradiciones cristianas la bautizaron el mismo día. Su infancia y adolescencia quedaron marcadas por las guerras y revoluciones de su tiempo.

Vio ir y venir a las tropas francesas a las que los campesinos les temían por los daños que hacían en los campos robándose o arruinando las cosechas. Su vida fue siempre muy sencilla, amable y razonable en todo lo que se refería a la educación cristiana de sus hijos. Era analfabeta pero estaba llena de una auténtica sabiduría cristiana.

Don Bosco cuenta en sus “Memorias del Oratorio”, que el primer hecho del que guarda memoria fue el día en que vio salir de la habitación de sus padres a varias personas que estaban muy tristes, y que él a toda costa quería permanecer en ella.

Su madre que estaba llorando, lo tomó de la mano y le dijo: Ven Juanito, ven conmigo, pero él respondió: Si no viene papá, yo no voy. ¡Pobre hijo mío! Ven, ven conmigo, ¡ya no tienes padre! Margarita Occhiena había quedado viuda a los 29 años de edad. Ciertamente, llegó a decir Don Bosco, en aquella edad no alcanzaba a entender que desgracia tan grande era la pérdida del padre.

Margarita de ahora en adelante tendrá que luchar con sus propias fuerzas para mantener a la madre de su esposo Francisco, de su hijo Antonio, y a la vez educar a sus propios hijos José y Juan.

A esta situación se añade una terrible sequía que azotaba los campos perdiendo las cosechas y encareciendo los alimentos. El ejemplo de fortaleza cristiana y de absoluta confianza que puso aquella mujer en la Providencia Divina, hizo que en medio de la pobreza no se perdiera la fe y que no faltara lo necesario para el sustento.

Oración, temor reverencial a Dios, trabajo, y dedicación al hogar eran los principios cristianos, que como líneas transversales permanecían en aquel humilde hogar.

Llegará el tiempo en que Margarita, a ejemplo del Pa-triarca Abrahán, tendrá que abandonar su tierra, su casa y sus pocos bienes para acompañar a su hijo sacerdote que había emprendido una nueva aventura en un barrio conflictivo y peligroso de la ciudad de Turín.

Al lado de su hijo sacerdote fue siempre una excelente madre, consejera y animadora. Ella, una campesina acostumbrada a las tareas agrícolas, tendrá que acostumbrarse a la ciudad, perdiendo la paz y tranquilidad que gozaba en el campo. Será la madre de todos los niños que Don Bosco había recogido en las calles de Turín, a ellos dedicó todas sus energías haciéndoles sentir el amor de Dios y el amor de la madre que muchos nunca conocieron.

La tarea de Margarita en el oratorio no fue nada fácil. Los niños le tiraban por tierra la ropa blanca recién lavada, no cuidaban de sus vestidos, arruinaban las plantas y se llevaban los utensilios de la cocina.

Ante tanta confusión Margarita quería regresar a su pueblo, Don Bosco al verla sufrir tanto, la miró con cariño y muy conmovido, sin pronunciar una palabra le señaló el crucifijo que colgaba en la pared. Margarita al ver el crucifijo derramó algunas lágrimas y dijo: Hijo, tienes razón, y se quedó en el oratorio hasta el día de su muerte.

Hoy, 25 de noviembre, se conmemoran los 150 años de la muerte de esta gran mujer, a quien cariñosamente siempre se le ha llamado Mamá Margarita. La familia salesiana la seguirá recordando como un criterio permanente que permite comprender mejor la obra educativa y pastoral de San Juan Bosco a favor de la juventud.

Ella fue la primera evangelizadora de sus hijos, y se convirtió después, en la primera evangelizadora y catequista de los niños del oratorio de Valdocco.

Se dice con frecuencia: Si educas a un hombre has educado a una persona, si educas a una mujer estás educando a una familia.

Toda mujer tiene un puesto primordial en la familia, toda madre encontrará en Margarita Occhiena un ejemplo luminoso para la educación cristiana y humana de los hijos. Su Santidad Benedicto XVI este día la declarará venerable, paso previo, a la beatificación y canonización.

*Sacerdote salesiano.