elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Con cuatro onzas de leche al día

Esmero. “Gordita”, la bebé más prematura que ha logrado sobrevivir en el país, recibe un trato cuidadoso en el hospital de Maternidad. Come en 24 horas lo que otros bebés ingieren a la vez


Publicada 24 de noviembre de 2006 , El Diario de Hoy

Atención. El papel de la enfermera es vital en el tratamiento. Es quien vigila la higiene y la medicación, entre otras tareas. Foto EDH
Mirella Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Es tan pequeña que dos manos quizá sean demasiado para sostenerla, y es tan inquieta que parece que la cuna no basta para todos sus movimientos.

Acostada boca abajo, mueve la cabeza, el torso y llega a elevar las piernas hasta formar un ángulo. Luego, las deja caer y se le escucha un llanto casi imperceptible.

“Gordita”, como la ha bautizado Jorge Alberto Pleitéz, el neonatólogo que vigila su estado de salud desde su nacimiento, es una niña activa, mucho más que otros bebés vecinos que permanecen en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Maternidad.

Esa inquietud es admirable para una bebita que pesó 495 gramos al nacer y tras seis meses de gestación. Pero eso no es más que el resultado de toda una agenda de cuidados que el personal médico y de enfermería le brindan día a día.

El doctor Pleitéz dice que esos cuidados para “gordita” no han distado mucho de los que se les da a todos los prematuros. “Inmediatamente salen del vientre se les limpia y envuelve en una sábana plástica para que no pierdan el calor, ya que un grado menos de temperatura puede ser desastroso y por eso mueren muchos”, explica.

El riesgo que adquieran una hipotermia (reducción de la temperatura) puede llevarlos a un sangramiento cerebral, afectar el riñón, a un cansancio severo y a convulsiones.

Para evitar todo lo anterior en esta niña, hubo que tardar diez minutos en la preparación, transportación en una incubadora adecuada y ubicarla en otra incubadora en la UCI provista de un respirador artificial, oxígeno y un calor de entre 35 y 37 grados centígrados.

En ese lapso de tiempo también se le introdujo un tubo por la boca hasta la tráquea para proveerle de aire cuidando del ritmo normal de respiración de un bebé, además de una sustancia llamada factor sufaltante, que facilita que los pulmones no se peguen cuando hacen el intercambio de oxígeno.

“El factor sufaltante lo producen las mismas células pulmonares y de mayor calidad a las 32 semanas, pero la niña nació de 24 semanas y en ella no era suficiente”, explica el doctor Pleitéz.

Rutina especial

Vigilada. El sensor en el pie permite medir la temperatura. Foto EDH

Desde su llegada a la UCI, “gordita” ha sobrevivido 57 días, ya no depende del respirador artificial, ni recibe pequeñas dosis de glucosa por medio de un sonda conectada a su ombligo, y ahora pesa más de 900 gramos.

Esto gracias a una rigurosa rutina de cuidados que inician temprano con una revisión médica que vigila que no hayan problemas cardíacos o pulmonares y que tenga la temperatura adecuada. “Cada mañana dejo las instrucciones para el día, como por ejemplo, qué vitaminas o medicamentos va a tomar o cuánto va a comer”, sigue Pleitéz.

Siguiendo las instrucciones, una enfermera vigila no sólo el estado de la presión arterial, respiración y color de la piel, sino también la administración de los medicamentos prescritos.

Maribel del Carmen Zepeda, enfermera especializada en neonatología, dice que la rutina se inicia a las 8 de la mañana con un baño con agua esterilizada y vaselina, se le hidrata la piel para prevenir infecciones, se le succiona restos de la nariz y oídos y se le alimenta. “Se le da 10 mililitros de leche para prematuros cada dos horas por vía oral con la ayuda de una jeringa y un tubito”.

La niña consume cada día 4 onzas de leche, una cantidad que un bebé de tiempo normal la toma cada dos horas. Esto le ha permitido ganar alrededor de 12 gramos diarios, un peso aceptable según los médicos.

Aunque todo va por buen camino, a “gordita” le falta ganar más peso y contar con la suficiente fuerza para volver con su madre.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW