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Manuel Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Hay mucha gente que cree que la globalización es un aumento del comercio internacional, que ha crecido a niveles no alcanzados antes. A esta gente le sorprenderá ver la la gráfica adjunta, que muestra el volumen de comercio internacional de las economías principales y del promedio de las 16 economías industrializadas más grandes en cinco fechas del Siglo XX, todas las cifras como porcentaje del PIB de cada país. El volumen del comercio internacional se mide como la suma de las exportaciones y las importaciones, dividido entre el Pro-ducto Interno Bruto (PIB). Es decir, las cifras representan la medida de la apertura de cada una de las economías al comercio internacional.
Como es claro en la gráfica, los niveles de comercio internacional de estos países, que representaban más del 75% de la economía mundial al principio del siglo, ciertamente se incrementaron desde 1950; sin embargo, es claro que para 1998 apenas habían alcanzado el nivel que tenían en 1913, un año antes de que empezara la Primera Guerra Mundial. La curva del promedio muestra lo que sucedió: el nivel del comercio internacional, que había crecido enormemente en el Siglo XIX, bajó brutalmente en la primera mitad del Siglo XX, para luego recuperarse lentamente en la segunda mitad del siglo.
Esta trayectoria en el tiempo del comercio internacional se debió a la respuesta trágicamente equivocada que todos los países dieron a la Gran Depresión de 1929-1940, la contracción más grande de la producción mundial que se ha dado en la historia. Este fenómeno comenzó con una caída muy fuerte en los precios de las acciones en Nueva York, que se convirtió en un pánico mundial. No era la primera vez que una cosa así sucedía. El problema en esa ocasión fue que, influenciados por ideas que ya se habían dejado atrás en el Siglo XIX, los países decidieron proteger sus industrias cerrándose al comercio internacional. La idea de cada uno, por supuesto, era continuar exportando y si era posible hacerlo en más cantidad mientras rebajaban sus importaciones. Lógicamente, sin embargo, el efecto de la disminución general de las importaciones fue que bajaran las exportaciones, ya que las exportaciones de unos son necesariamente las importaciones de otros.
Hay un consenso entre los estudiosos de la Gran Depresión sobre este punto: lo que hizo que la Gran Depresión fuera tan terrible fue precisamente que los países se cerraron al comercio internacional. La caída de las exportaciones llevó a quiebras generalizadas y esto a tasas enormes de desempleo, a un colapso total de la demanda local y a más quiebras. Para tener una idea de lo terrible que fue la depresión, sólo es necesario apuntar que la tasa de desempleo alcanzó 30% en Alemania y 25% en los Estados Unidos, y que eso más una caída de la producción de 25% creó el escenario para el triunfo del nazismo en Alemania.
El entendimiento de que el cierre del comercio internacional había sido la causa de la depresión, motivó los esfuerzos conscientes para incrementarlo, que tuvieron lugar después de la Segunda Guerra Mundial, que incluyeron la creación del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Co-mercio. La recuperación de la economía mundial después de la Segunda Guerra Mundial fue impulsada por el crecimiento del comercio internacional.
¿Qué es lo nuevo, entonces, en la globalización? Como discutiremos en el artículo siguiente, lo nuevo no hay que buscarlo en el volumen del comercio, sino en la creación de las cadenas internacionales de producción.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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