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| Lazos. Ortega trabajará por unir sus aduanas
y fronteras con sus vecinos. Foto EDH |
Katlen Urquilla
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Trabajar junto a sus vecinos de la región para continuar con
los compromisos y convenios que han firmado en el proceso de integración
centroamericana, fue uno de los propósitos que más destacó
ayer el presidente electo de Nicaragua, Daniel Ortega.
Ortega, que estuvo en la casa de gobierno salvadoreña con
su futuro homólogo AntonioSaca, dijo que está en la plena
disposición de seguir de la mano con sus colegas en los proyectos
de integración.
Por ejemplo, aseguró que buscará la forma de cómo
avanzar con el plan de la unificación de las aduanas.
“He venido a ratificar nuestra voluntad de fortalecer la integración,
la unidad de los pueblos centroamericanos”, expresó.
Quiere que se sigan “los pasos de buena voluntad” de El Salvador,
Guatemala, Honduras y de su país, este último por medio
del saliente gobernante, Enrique Bolaños, para que la idea de ser
un solo bloque siga caminando, pese a las piedras que han encontrado a
su paso.
Y ahora es Ortega el que piensa abanderar el logro de que Costa Rica se
integre al grupo.
“Pienso que el pueblo costarricense es un pueblo que está
a favor de la unidad centroamericana, estoy convencido”, expresó.
Añadió que espera que Costa Rica se sume también
al esfuerzo integracionista con la misma celeridad que lo demandan los
demás pueblos de la región.
Sin embargo, cuando habla de su vecino costarricense, elogia que haya
apoyado a los nicaragüenses a darles empleo. “Es un pueblo
que le ha dado cobijo a miles que laboran allá”, dijo.
Relación con Europa
El interés que mostró el político es que si actúan
en grupo todos los países de la región, podrán gestionar
tratados, convenios o cooperación con el viejo continente.
La mirada la pondrán en que la Unión Europea pueda negociar,
y es uno de los requisitos que ha puesto, con una Centroamérica
unificada.
No obstante, Ortega dijo que pedirán que los europeos tomen en
cuenta que las economías de la región son desiguales, comparadas
con las de ellos, pero que sí pueden ser competitivos. Al menos
esa es la visión que por ahora tiene.
El mandatario electo destacó en varias ocasiones, durante sus alocuciones,
que los tiempos y las condiciones, tanto para su país como para
el resto, cambiaron.
Una cena con la dirigencia del FMLN
El presidente electo de Nicaragua estuvo con sus aliados políticos.
- En un hotel capitalino se reunió con la dirigencia del partido
por más de una hora. Entre los rojos estuvieron José Luis
Merino, Medardo González, Salvador Sánchez Cerén,
Luz Estrella Rodríguez y Sigfrido Reyes.
- Pese a que Ortega aseguró que sólo venía para reunirse
con el presidente Saca, se encontró anoche con el partido de oposición.
- Al cierre de esta nota aún no habían dado declaraciones
sobre los temas que abordaron.
- En otro tema, a Saca le agradeció el apoyo que le ha brindado
a los nicaragüenses que han venido al país a trabajar en el
sector agrícola.
- También hablaron de los problemas de seguridad ciudadana en la
región.
- La comitiva que vino con Ortega la encabezó su esposa, Rosario
Murillo, y otros miembros que serán parte de su gabinete. La sesión
con Saca duró poco más de tres horas.
Comentario
Ortega: entre el dilema del cambio real |
Después de cuatro intentos,
derrotado por Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños,
Daniel Ortega se convirtió en un auténtico fénix
político. Aplicando al pie de la letra a Maquiavelo o a Sun
Tzu, logró dividir a sus enemigos y alzarse con el poder. Con
un poco menos del 40 por ciento de los votos (ante una derecha que
tenía casi el 60 por ciento), producto del cuestionado pacto
con Alemán, Ortega logró alcanzar la presidencia.
Ortega luchó contra la derecha y contra su izquierda. No le
tembló la mano (no le temblaba cuando empuñaba el Kalashnikov)
mientras marginaba viejos compas y daba una imagen de neosandinismo,
más cercano a la Iglesia Católica que a Chávez
o a Fidel.
Con esa estrategia cayó Nicaragua en sus manos como fruta madura.
Un antiguo guerrillero, descendido de la montaña, ha tenido
el tino y el saber hacer para convertirse en paladín de la
reconciliación nacional, salvador de la golpeada economía
familiar y promesa de tiempos mejores (sin mediar utopías marxistas
o cantos de sirena socialistas).
Ortega empuñó las armas cuando entendió que ese
era el camino para llegar al poder. Cuando lo perdió, intentó
recuperarlo mediante el juego democrático, pero sin cambiar
sus categorías mentales de violencia y revolución. No
pudo.
Lo intentó tres veces y otras tantas fracasó. Entonces,
se reinventó a sí mismo y se alió con sus enemigos.
¿Quién hubiera dicho hace 15 años que Daniel
Ortega llegaría al poder por medio de una alianza con sus enemigos
viscerales?: los contras, la Iglesia Católica y lo que queda
del somocismo pudiente.
En pos de lo mejor para Nicaragua, “la unidad nacional”
o simple y llanamente el sillón del poder, Ortega hizo de tripas
corazón y se pasó al campo de lo impensable.
“Saulo del marxismo”, le llama un periodista español.
No dudó, para alcanzar el poder, ponerse de rodillas y besar
anillos episcopales. Encontró entre sus enemigos a todos los
que denostaban el sandinismo pero amaban a Nicaragua, y con ellos
forjó alianzas.
Apartó del partido no sólo a quienes le podían
hacer sombra, sino todo lo que recordara julio de 1979. Sin ir más
lejos, su vicepresidente, Jaime Morales Carazo, es un ex somocista
y ex dirigente de la contra. Enemigo ayer, aliado hoy.
¿Triunfará el sistema de gobierno basado en un gabinete
de tecnócratas comprometidos con el progreso? ¿Será
capaz de poner en marcha un “lulismo” centroamericano?
¿Podrá mantener encendidas al mismo tiempo las velas
que tiene puestas al capitalismo y a Chávez? ¿Cómo
lidiará con Estados Unidos, si los estadounidenses hace tiempo
que olvidaron a Jimmy Carter y ahora, al menos por dos años
más, es con la administración Bush con quien se relacionará
Nicaragua?
Las respuestas las conoceremos a través del tiempo; por ahora
lo que nos consta es su nefasto pasado al frente del gobierno sandinista.
Y que ayer, durante su visita a El Salvador, ofreció respetar
la democracia, el sistema, las inversiones, no inmiscuirse en la política
salvadoreña y respetar el proceso de integración.
El futuro de Nicaragua pasa por Chávez. Pero Nicaragua no es
Venezuela, aunque como es de esperar, Chávez intentará
por todos los medios convertir a Ortega en una pieza más de
su maquiavélico ajedrez antiimperialista.
El dilema es entre un Ortega chavista, populista y con posibilidades
de explotar lo poco que queda de Nicaragua para su beneficio personal,
hundiendo aún más a su país; u otro maduro, transformado,
progresista y responsable política y fiscalmente.
Poco apoyo tendrá si opta por lo primero y al menos beneficio
de la duda recibirá si opta por lo segundo. ¿Estará
realmente intentando cambiar o habrá sido tan solo estrategia
exitosa para alcanzar el poder? |

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