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Resistieron el frío y vientos

San Salvador. Las aceras de la calle Rubén Darío son ocupadas por indigentes. Iglesias evangélicas les ayudan con frazadas, pero no son suficientes. En su mayoría son hombres.


Publicada 23 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Enrique Carranza
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Son casi las nueve de la noche del martes 21 de noviembre y los negocios ubicados en las principales calles de San Salvador ya han cerrado.

En las cercanías del parque Simón Bolívar, al poniente del Centro Histórico, al menos 30 indigentes se preparan para dormir.

En sus manos llevan cajas de cartón que al igual que otras noches les servirán para improvisar sus camas en las aceras de la calle Darío.

En ese sector el viento sopla incesante. El Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) anuncia para esa noche ráfagas de hasta 80 kilómetros por hora.

A eso se agrega que habrá frío. Al menos en Santa Tecla, el SNET, registró temperaturas hasta 11.4 grados centígrados.

Hombres y mujeres se han preparado con pequeñas frazadas que les han donado. Otros no han tenido la misma suerte y sufren.

“Ya vinieron a repartir, comida y ropa pero yo no logré nada”, dice Mario Morán, quien duerme en el sitio desde hace tres años.

A cada segundo el frío cala hasta los huesos. Entre los mendigos más de alguno se trata de calentar frotando fuertemente sus brazos.

Representantes de diferentes iglesias acuden a ese lugar y les llevan todo tipo de ayuda material. Además aprovechan para evangelizar al grupo.

La mayoría de los que acuden a dormir a las aceras es del sexo masculino, mayores de 30 años.

En ese lugar los autos se detienen a distintas horas de la noche y reparten abrigos y otro tipo de ropa.

“Estos días hemos ocupado muchos cartones para aguantar. Esperamos que pase el frío”, dice preocupado Francisco Ávalos.

Según el SNET los vientos tienden a disminuir a partir de este día en forma progresiva.

A la intemperie. Los portales de la plaza son utilizados por personas que no tienen donde pasar la noche.
Algunos llevan muchos años en este lugar.
Sufre de frío. Algunos secalientan con los brazos, porque las regalías no son sufientes. En este caso, les ofrecen café bien caliente para poder resistir la temperatura.
Agradecido. La frazada les llegó en el mejor de los momentos, cuando los vientos azotaban la capital en horas nocturnas. El frío tiende a terminar el viernes.
Abrigo . Un grupo de religiosas que pidió no mencionar el nombre de la congregación a la que pertenecen, llevó ropa y comida en medio de los fuertes vientos de la noche del martes.
Bienes. La pérdida de un pedazo de cartón es fatal para estas personas. Aunque el piso está sucio, lo cuidan para poder dormir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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