|
José
Miguel Cruz*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
(Segunda parte)
En una columna anterior señalaba que el impacto de la fuerte migración
de los salvadoreños hacia los Estados Unidos no se reduce simplemente
al mantenimiento de la economía nacional o a la transformación
cultural de la sociedad.
El fenómeno de la migración de salvadoreños hacia
el norte posee también un considerable impacto político
al facilitar las condiciones para que los ciudadanos migrantes se desvinculen
del quehacer político local y para que los familiares que se quedan
se desentiendan de la participación política.
A la base de esto se encuentran las mismas motivaciones de muchos salvadoreños
para migrar. Esto es, que el sistema político del país es
incapaz de ofrecer respuestas razonables a las necesidades fundamentales
que enfrenta la población cotidianamente: esto es, empleo y seguridad.
Muchos salvadoreños piensan que es imposible obtener un empleo
digno que garantice la supervivencia digna del grupo familiar en El Salvador,
y cada vez más crece la sensación entre los ciudadanos de
que es ilusorio vivir en nuestro país de forma segura, libre de
la amenaza de la violencia. Por ello, las respuestas y, sobre todo, la
supervivencia son buscadas afuera del país, no adentro.
El creciente debate sobre la migración ilegal en los Estados Unidos
y la necesidad de responder políticamente a la amenaza que representa
la marginación de los migrantes latinoamericanos en el país
del norte, han puesto al descubierto la siguiente paradoja para muchos
de los migrantes salvadoreños: que es más importante participar
políticamente y tomar parte en las elecciones estadounidenses sobre
todo en aquellas en las que se eligen los representantes en el Congreso
y en las asambleas estatales, que votar en las elecciones del país
de origen, en este caso, en las elecciones salvadoreñas.
Las primeras tienen más importancia para la estabilidad vital de
los migrantes salvadoreños que las segundas. Los salvadoreños
se están dando cuenta que sus posibilidades de desarrollo están
más cifradas en el resultado de la política migratoria en
los Estados Unidos que en las políticas nacionales de su país
de origen. Por ello, se está volviendo más importante votar
en los Estados Unidos que hacerlo en El Salvador. A pesar del rechazo
histórico que muchos ciudadanos sienten por la política,
es irónico que los algunos migrantes salvadoreños vayan
a participar antes en política en Los Ángeles, Washington
D.C., Houston o Nueva York, que en Soyapango, Intipucá o San Miguel.
A nivel local, lo anterior probablemente significa más de lo que
hemos venido presenciando en los últimos años. Más
desconexión entre los ciudadanos salvadoreños y los políticos,
más apatía e indiferencia de la gente, y más irresponsabilidad
y descaro por parte de los políticos. El abandono de la política
por parte de los salvadoreños a consecuencia de la migración
y de varios otros factores, ha posibilitado el mantenimiento de un sistema
político polarizado y de espaldas a las necesidades de la población.
La intensa migración de salvadoreños hacia el exterior,
particularmente hacia los Estados Unidos, ha creado una dinámica
según la cual las demandas no pasan por el sistema político
salvadoreño sino por otros sistemas políticos; ello hace
que los actores políticos locales, llámense estos ARENA,
FMLN, PCN u otros, básicamente se hayan concentrado en sus propios
intereses y no en los de la población porque su éxito político
no reside en su capacidad para satisfacer las necesidades del público
sino en manipular casi de forma impune las reglas del juego en su beneficio
propio. Eso es lo que ha permitido que en cada elección los políticos
cambien las reglas del juego, ignoren sus propias promesas y comprometan
el bienestar de la población con tal de mantenerse en el poder.
Algunos piensan que en política, el fin último de los gobernantes
es mantenerse en el poder el mayor tiempo posible. En una democracia consolidada
esto se logra respondiendo a las expectativas y a los intereses de la
mayoría de los ciudadanos; en una democracia electoral y defectuosa,
como la nuestra, esto se logra a través de clientelismos y maniobras
usando las grietas que tienen los marcos legales institucionales.
La migración ha posibilitado en parte esta dinámica, y los
políticos han aprendido a usarla en beneficio propio. Los salvadoreños
migran para alcanzar un futuro mejor pero con esta clase política
¿hacia dónde migrará el país para conseguir
su propio bienestar?
*Columnista de El Diario de Hoy.

|