| Marvin
Galeas*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
(Primera parte)
La vida da vueltas. Daniel Ortega será otra vez presidente de Nicaragua.
La mayoría de nicaragüenses, más del 65%, votó
en su contra. No importa. Él será presidente constitucional
y esa mayoría tendrá que soplárselo por lo menos
la próxima media docena de años.
El resultado electoral de Nicaragua me hizo recordar, como en un vídeo
clip con música de Carlos Mejía Godoy, densos episodios
vividos en esa entrañable tierra de poetas. Meditar en esos recuerdos
me ha sido mucho más útil que analizar cifras y estrategias
de campaña para entender la victoria de Ortega y poner en perspectiva
lo que se viene.
La noche del 27 de diciembre de 1974, un comando sandinista tomó
por asalto la casa de José María Castillo, donde se habían
reunido muchos allegados e incluso familiares del dictador Somoza. Los
guerrilleros, además de una cuantiosa suma de dinero, demandaban
la libertad de varios prisioneros, entre ellos Daniel Ortega Saavedra,
quien tenía ya siete años de estar preso.
A Somoza no le quedó más remedio que ceder en todo. Tras
esa operación los guerrilleros sandinistas se hicieron famosos
en todo el mundo. Yo tenía entonces 16 años, ya había
estado un par de veces en una Nicaragua de aduanas tristes y lugares llenos
de guardias malencarados. Los sandinistas me cayeron bien. Eran los románticos
muchachos que luchaban contra el odioso dictador.
Le cayeron bien a medio mundo. Era una guerrilla donde había desde
gente muy humilde hasta muchachos y muchachas de prominentes familias.
En el mismo comando que asaltó la casa figuraban por ejemplo Javier
Carrión, Joaquín Cuadra, Roger Deshon, Omar Halleslevens
y Eduardo Contreras. La misma Marisol Castillo, hija de José María
Castillo, quien murió en el asalto a su casa, se unió poco
después al Frente Sandinista.
La mañana del 22 de agosto de 1978, otro comando sandinista ejecutó
la espectacular toma del Palacio Nacional con todo y diputados adentro.
La imagen victoriosa de Edén Pastora, el legendario comandante
Cero, con el pañuelo rojo y negro al cuello, la boina, la metralleta
en la mano y las granadas colgado del pecho eran la viva imagen de la
rebeldía contra los opresores y de la luchas por un mundo mejor.
La alegría traspasó las fronteras de Nicaragua cuando un
año después Somoza fue derrocado y un gobierno revolucionario
llegó anunciando la libertad y los ríos de leche y miel.
Y comenzó la cosa: reforma agraria, campañas de alfabetización,
grandes concentraciones en la plaza de la revolución, la alegría
colectiva. La utopía hecha realidad. Duró poco. Muy poco.
Unos cuantos meses después de instaurada, la junta de gobierno
pluralista se fue desgajando hasta quedar sólo los sandinistas.
La antigua policía política del dictador fue sustituida
por la seguridad del estado del gobierno revolucionario. Un cambio de
nombre, pero igual de represiva. Los medios de comunicación fueron
asediados, los disidentes encarcelados, golpeados, humillados. Y aquellos
muchachos rebeldes de los setentas se convirtieron en el poder en “prepotentes
faraones” como reconoce Tomás Borge.
El autoritarismo, la exclusión, el militarismo, una economía
enloquecida fueron las características de ese gobierno. Si bien
es cierto que el gobierno de Reagan apoyó la insurgencia antisandinista,
eran nicaragüenses, campesinos en su mayoría, los que empuñaron
las armas en contra del gobierno que encabezaba Daniel Ortega.
Los nueve nueve miembros de la Dirección Nacional del Frente Sandinista,
gobernaron como un Somoza. De la utopía sólo quedaban los
recuerdos de las hazañas de Ricardo Morales, Leonel Rugamas, Claudia
Chamorro, Arlen Siu y otros muchachos muertos en combate. Los ríos
de leche y miel prometidos en vibrantes discursos se convirtieron en realidad
en ríos de sangre de millares de nicaragüenses en las montañas.
Pero no fue la guerra de la Contra y de Reagan lo que sacó a Ortega
del gobierno. Fue la mayoría de los nicaragüenses con su voto
en las elecciones de enero de 1990. La utopía se había derrumbado.
Lo paradójico es que en aquella histórica derrota, Ortega
obtuvo más votos que en su victoria de este año.
*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv

|