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Nota del día
Llega don Daniel arrullando con promesas

Lo más probable es que don Daniel, al igual que el Zambo bolivariano, monte el tinglado que le permita ganar elecciones hasta que estas se vuelvan innecesarias para sus fines.

Publicada 23 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las palabras son vanas; los hechos son los que determinan el verdadero curso de las naciones y lo que la gente puede esperar del futuro. Don Daniel Ortega, que en pocas semanas tomará posesión como presidente de Nicaragua, ofrece promover la inversión, pide que tengamos confianza en él y nos pinta un gran futuro para Nicaragua. Lo promete don Daniel, que triunfó parado en el pacto celebrado con el corrupto ex presidente Arnoldo Alemán.

Don Daniel ya ejerce lo que será su presidencia: manipula en favor suyo y de sus correligionarios y camaradas el Poder Judicial, decidiendo fallos y dispensando favores aunque lo que hagan sea contra Derecho.

Con su alianza con Alemán controla el Poder Legislativo; fue por un decreto amañado que la presidencia pudo ganarse con menos del cuarenta por ciento de los votos sin necesidad de una segunda vuelta; los balances del poder, los pesos y contrapesos que son el factor esencial de las democracias contemporáneas, es inexistente en Nicaragua como lo es en Cuba, en Venezuela y también en Bolivia, la Bolivia de Evo el emplumado.

¿Qué seguridad hay en invertir en un país donde todo lo decide el secretario general del partido comunista, el mal llamado “sandinismo” y donde las reglas pueden cambiar de un momento a otro? ¿Quién en sus cabales va a poner su dinero y su futuro en un país que pasó por piñatas de bienes robados y que fue refugio de delincuentes durante la Década de los Ochenta (etarras, OLP, efemelenistas, montoneros, miristas, brigadistas rojos)?

Lo más probable es que don Daniel, al igual que el Zambo bolivariano, monte el tinglado que le permita ganar elecciones hasta que estas se vuelvan innecesarias para sus fines. En Cuba nunca se dieron desde que Castro asaltó el poder y la pandilla que espera el paso del dictador al otro mundo intentará perpetuarse. El propio don Daniel dijo, al perder hace doce años frente a doña Violeta, que había sido un error convocar a elecciones.

Confíen los corderos en los lobos

La gente por desgracia cae con facilidad ante los mercaderes de ilusiones y los que ofrecen oro falso. Hay que tranquilizar al vulgo y a inversionistas, hasta asegurarse de que el control de todas las palancas del poder, incluida la policía represiva, están funcionando sin tacha.

Don Daniel tiene sus hígados al pedir a los salvadoreños invertir en Nicaragua, después de que durante la guerra de los Ochenta suministró armas y apoyos de toda naturaleza a los sediciosos que estuvieron a punto de volvernos a la edad de piedra. Cada cabecilla de alguna importancia obtuvo refugio allá, viviendo en casas robadas a nicaragüenses, como el caso de los secuestradores Cayetano y la Mélida. Y es de Nicaragua que actualmente llegan muchas de las armas que terminan en manos de las maras.

Si don Daniel o para el caso cualquier gobernante quiere atraer inversiones y sacar a sus pueblos de la pobreza, como lo ha prometido en El Salvador, la fórmula es clara pero poderosa: restablecer el Orden de Derecho y las libertades personales, reducir y simplificar impuestos, hacer de lado el populismo y abrirse al mundo. No debe olvidar tampoco que los buenos gobiernos se construyen con las mejores cabezas, no con los mejores amigos ni menos con los compinches. Pedir peras al olmo y compasión a los lobos.


 

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