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| Certero. Con Puyol arriba de todos, el cuadro catalán festeja el gol de Giuly. Foto:
EDH
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El
Diario de Hoy
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El Barcelona cumplió el expediente en Sofía (0-2) y se jugará su clasificación para los octavos de final en el Camp Nou, donde deberá ganar al Werder Bremen, que venció por la mínima al Chelsea, en la última jornada de la primera fase de la Liga de Campeones.
Al equipo azulgrana se le puso el juego de cara a los cinco minutos de juego, cuando Giuly recogió un balón suelto dentro del área y fusiló a Petkov con la diestra (0-1).
La jugada del gol se fraguó en una internada por la derecha de Zambrotta, que centró para Gudjhonsen. El islandés no acertó a cabecear, pero sí pudo tocar lo suficiente para que el extremo francés, que llegaba como una exhalación desde atrás, pudiera conectar un disparo seco y raso que pasó por debajo de las piernas del meta del Levski.
Sustito
Un minuto antes, el equipo búlgaro había dado muestras de su endiablada velocidad a la contra en un jugadón de Yovov por la banda izquierda. El atacante del Levski dejó clavado a Zambrotta con un par de bicicletas, pero su disparo pegó en lateral de la red de la portería defendida por Valdés.
Tras este inicio trepidante, en el que los culés sacaron la mejor tajada, los hombres de Rijkaard decidieron echar el freno al partido, conscientes de que, con el marcador a favor, su fútbol de toque y combinación era el remedio idóneo para combatir el juego veloz y directo de su rival.
El Barcelona se hizo con la posesión y el Levski se echó atrás, tal vez recordando que, en el Camp Nou, se llevaron cinco goles por su exceso de ambición.
Las acometidas locales, lideradas por Angelov y Borimirov, se quedaron en nada, y el Levski sólo inquietó a Valdés en un par de disparos lejanos.
En el descanso, alguien debió decir en el vestuario visitante que el Werder Bremen estaba ganando al Chelsea, porque el Barça salió en la segunda parte dispuesto a sentenciar el juego, consciente de que, sin la ayuda de los de Mourinho, ni siquiera le valía el empate para seguir vivo en Europa.
El segundo gol catalán se hizo esperar y el Levski empezó a creer que podía igualar. Los búlgaros fabricaron varias llegadas, pero volvieron a fallar en los últimos metros; y el Barça, sin continuidad en el juego, parecía que tendría que sufrir para llevarse el partido.
Pero todo acabó con el 0-2: un disparo de Deco que Petkov no acertó a atajar y que Inesta remachó al fondo de la red. Faltaban 25 minutos para el final pero, esta vez sí, el encuentro se había acabado.
Levski bajó los brazos. Los de Rijkaard, acostumbrados últimamente a dosificar esfuerzos en cada juego, se encontraron jugando a placer ante un rival desfondado que tiró definitivamente la toalla.
Barça consiguió en Sofía todo lo que necesitaba para seguir dependiendo de él mismo hasta el último partido, contra el Werder Bremen que, de ganarle, avanzaría a la siguiente pase. Si empata, simplemente se queda fuera. <EFE>

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