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Bajo peso
Afecta a niños de Guaymango

Ahuachapán. Este poblado occidental tiene alto porcentaje de desnutrición infantil. Las madres descuidan la alimentación adecuada, según los expertos.

Publicada 22 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Sin recursos. No es necesario ir lejos del área urbana de Guaymango para percatarse de la miseria de su gente. Foto: EDH

El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Tras una moderna calle y algunas casas de adobe y otras de de ladrillo construidas en pleno casco urbano, se encuentra el verdadero Guaymango.

Aquel que en 2005 fue catalogado por el Gobierno Central como uno de los 15 municipios en extrema pobreza severa del país.

Por ello fue incluido en el Programa Red Solidaria.Éste entrega bonos para salud y educación de las familias más empobrecidas.

El calificativo no es para menos. La mitad (50%) de la población de esta localidad vive en esa condición, según el Informe Sobre Desarrollo Humano 2005, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Lo anterior es respaldado por el Mapa de Pobreza elaborado por el FISDL (Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local).

Significa que 50 de cada 100 familias sobreviven con menos de un dólar diario. La tasa de pobreza de este municipio, según el Fisdl, es del 47. 2%, seguido muy de cerca por Tacuba, con un 42.2%.

La carencia de recursos por parte de los pobladores se ve reflejada sobre todo en los menores de cinco años, quienes presentan algún grado de desnutrición.

Blanca Marroquín, directora de la unidad de Salud, aseguró que de los 24 mil 190 habitantes, el 13.2% padecen el problema.

Pero según el PNUD, basado en el II Censo de Talla en Escolares de Primer Grado, realizado en 2000, el 18.6 % de menores de cinco años muestran bajo peso.

El centro asistencial atiende, actualmente, a 17 menores de cinco años con desnutrición severa; otros 84 están en un nivel moderado y 198 están en la categoría de normal en riesgo (leve).

El Escalón, Cauta Abajo, Cauta Arriba, Puentecitos, Iztagapán, La Paz, Morro Grande, El Zarzal, San Martín, El Carmen, San Andrés, El Rosario y Platanares, son los cantones más afectados.

Ello preocupa al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), entidad que desde hace tres años trabaja para evitar que los niveles de desnutrición infantil en la zona y en otros 65 municipios del país más afectados con el retardo en talla, se disparen.

Minimizar el problema no es tan fácil. Los vecinos perciben pocos ingresos, pues hay pocas fuentes de empleo e inversión.

El mal estado de las principales calles vecinales es evidente. La mayor parte de la gente del área rural de Guaymango se dedica al cultivo de maíz y frijol.

Lo peor es que los precios de los productos agrícolas son bajos. Por ello la gente del campo no obtiene las ganancias esperadas, un tropiezo para salir de la pobreza en que viven y por consiguiente, para paliar la situación de desnutrición de los pequeños.

Además, Guaymango es uno de los 50 municipios del país con más bajo porcentaje de recepción de remesas familiares, contrario a poblados como Concepción de Oriente y Meanguera del Golfo, en La Unión, con el 63 y 61.2 % de recepción de remesas, ubicados en el primero y segundo lugar respectivamente.

Apenas 10 de cada 100 hogares obtienen ayuda de sus parientes en el exterior en Guaymango.

Mala alimentación

En los 64 caseríos de los 14 cantones hay algún grado de desnutrición leve, moderada y severa.

La razón de esos datos: la pobreza en la que viven las familias. Pero María Teresa de Morán, coordinadora del Área de Nutrición del MSPAS, afirma que los factores que originan esta situación van más allá de la carencia de dinero u otros recursos.

“No necesariamente los niños con problemas nutricionales provienen de familias pobres. Más bien hay una falta de educación en los hábitos alimenticios”, dijo.

Por ejemplo, hay madres que se resisten a amamantar a sus hijos durante los primeros seis meses, lo cual es básico para los infantes crezcan de forma normal.

“Hay mamás que les dan agua de arroz, café o gaseosa a un niño pequeño, lo cual evita que crezca sano”, finalizó la nutricionista.


Alcaldía sin suficientes recursos para ayudarles

Contraste. Pese a las limitantes en que vive, muchos menores no pierden su sonrisa. Foto: EDH

Hay pocas oportunidades laborales y pocos ingresos por la baja recepción de remesas familiares. Por ello salir de la pobreza y, por ende, de los niveles de desnutrición infantil, será difícil para Guaymango.

Es el planteamiento que hace el alcalde René Castro. Éste enfatizó que por más deseo que su concejo desee ayudar a las personas con estos problemas, no lo podrá hacer si no tienen apoyo de la empresa privada, principalmente. Además, la inversión municipal es bastante baja.

Cada mes el municipio recibe 64 mil dólares del Fodes (Fondo para el Desarrollo Económico y Social de los Municipios).

En lo que respecta a tasas e impuestos la cifra no supera los cinco dólares diarios, pues los habitantes no tienen “cultura de pago”, recalcó el edil.

Ello dificulta para que la comuna a eche mano de ese dinero para obras de beneficio social.

Gracias a que es uno de los municipios calificados en extrema pobreza cada dos meses el Programa Red Solidaria, impulsado por el Presidente de la República Elías Antonio Saca, lleva un poco de alivio a la gente con un nivel alto de pobreza.

“La desnutrición y el analfabetismo han disminuido mucho con Red Solidaria. Ha habido un incremento en las matrículas de las escuelas y en los controles de salud”, agregó Castro.

Red Solidaria atiende a 2 mil 722 familias del poblado, quienes reciben cada dos meses 40 dólares como incentivo para que los jefes de familia lleven a sus hijos a estudiar y los registren en los programas de salud.

“Los frijoles no dan apetito”

Ayuda. Una mujer espera el bono de Red Solidaria. Foto: EDH

Su hijo, de cinco años, pesaba apenas 35 libras. Por ello Liduvina Torres, del cantón San Andrés, Guymango, supo que padecía desnutrición severa, al igual que otros niños del municipio.

Afortunadamente, tras varios meses de llevarlo a la unidad de Salud, el pequeño José Vidal Torres salió de ese nivel y pasó al estado de bajo peso moderado.

Recibió atención especial del personal médico y su progenitora y consejería nutricional.
Vidal se ve casi recuperado, pero sigue delgado. Su familia no tiene muchas opciones para cambiarle la dieta alimenticia basada sobre todo en maíz y frijoles, casi nunca carne o pollo.

“El niño llegó a pesar hasta cinco libras. Le doy su comidita, sopa de frijol y arroz, pero no leda apetito. En la clínica le dejaron vitamina. Me aflijo porque lo veo muy desnutridito”, dijo. Muchas familias enfrentan lo mismo. Hay pocos ingresos.


“El pisto no alcanza para alimentos”

Pobreza. Oswaldo, junto a su madre Elsa. Foto: EDH

A sus cuatro años Oswaldo Vladimir Ramos padece estrabismo en uno de sus ojos. Además, desde su nacimiento tiene parálisis en sus miembros inferiores.

Vive en uno de los municipios catalogados en extrema pobreza, Guaymango, al sur del departamento de Ahuachapán.

Para colmo, es uno de los 17 menores de cinco años que padece de desnutrición severa en el municipio y uno de los dos afectados del cantón San Andrés.

La madre del menor, Elsa Torres, aseguró que su vástago apenas pesa 26 libras.
Ella ya hizo bastante para tratar de que su hijo recupere su peso normal, como el de otros niños de su edad.

Sin embargo, como ha sucedido en un sinnúmero de casos en cantones y caseríos remotos de diversas partes del país, ella no lo llevó a tiempo al centro asistencial de la localidad. Pese a que el infante está catalogado con desnutrición severa.

Apenas desde hace cinco meses lo lleva a la unidad de Salud. No fue por su bajo peso, si no por diarrea que Oswaldo tuvo.

“Como veo que no se enferma no lo llevo a la clínica. Aunque yo me aflijo. Le compro incaparina, leche y cereal para que aumente de peso, pero nada”, aseguró.

La mujer tiene otros seis hijos, entre 18 y cuatro años. Su hogar es beneficiado con el Programa Red Solidaria.

Sólo cuando recibe el bono de $40, cada dos meses, lleva una comida diferente a la dieta de frijoles y maíz a su casa, pues de los ocho miembros de su familia, solo su esposo gana apenas 3 dólares en labores agrícolas. “Aquí hay desnutrición por la pobreza, pues uno no tiene el dinero para comprar suficiente alimentos”, recalcó.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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