| Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En su visita a El Salvador, el periodista y escritor Andrés Oppenheimer, hizo un recuento interesante sobre aquellos países que han dado el salto al desarrollo y los que se han quedado simplemente siendo testigos silenciosos de la extraordinaria reducción de la pobreza que abatía a sus ciudadanos. La clave del éxito según lo ha constatado a nivel mundial, ha sido la apuesta seria por la educación.
Pero no es sobre este aspecto, por cierto de relevante importancia, que deseo compartir en esta ocasión con los amigos lectores, ahora me interesa resaltar lo que considero fue una de las ideas más importantes que este periodista argentino expuso en las conferencias y programas televisivos a los que acudió: la concertación, sobre todo en un país como el nuestro, sólo será posible en la medida que la política se refresque con un relevo generacional.
Sus palabras me recordaron un pasaje de la novela “No será la tierra”, del mexicano Jorge Volpi, cuando al referirse a la transformación de la ex Unión Soviética, los reformistas buscaron mentes jóvenes y brillantes, que no se encontraran entumecidas y secuestradas como las de aquellos que nacieron y crecieron bajo la sombra del intervensionismo a ultranza del Estado soviético; mentes que aceptaran con entusiasmo y claridad los principios del libre mercado, del libre juego de la oferta y la demanda, de la liberación de los precios y de la privatización de las empresas estatales. Solo así nacería Rusia, aunque el tránsito fuera duro y los ciudadanos no alcanzaran a entender que las medidas adoptadas no eran más que el precio que debían de pagar por años de retraso político, económico y social.
Al igual que Volpi, ciertamente Oppenheimer nos recordó lo importante que es la renovación de la clase política.
Cuando los partidos dejan de ser los cuarteles de los comandantes guerrilleros o los centros de poder de los empresarios que aún combaten al comunismo, entonces la transformación aflora y surgen los verdaderos líderes, aquellos que no temen mantener el sistema, aunque con matices, sin hacer de lado sus raíces de izquierda, o los que no rehuyen a corregir las deficiencias del mercado, aunque se consideren de derecha.
Pensemos en un diálogo entre los líderes históricos de los partidos mayoritarios en este país: aunque con firmes convicciones sobre los principios que alimentaban sus ideologías partidarias, habría sido difícil y de hecho lo fue, que la confianza y la recíproca credibilidad aflorara en los acuerdos políticos que adoptaran. Ahí está el centro del debate: para concertar se necesita de un mínimo de confianza en el adversario político, no en el enemigo, sino en aquel que cree en un sistema distinto al que el otro visualiza como el detonante del desarrollo económico y social, aunque finalmente ambos sean nacionales de un mismo Estado.
Los empresarios entienden a la perfección la trascendencia que el cambio generacional tiene para sus empresas. Las nuevas generaciones, si bien mantienen la filosofía empresarial de los abuelos, innovan, se actualizan, informatizan sus operaciones comerciales, se expanden a nuevos mercados y puede ser que hasta accedan a celebrar alianzas estratégicas con otros grupos empresariales, con tal de sobrevivir a la competencia que la globalización sabiamente ha impuesto.
Es cierto que un partido político y un político no son ni por asomo comparables a una empresa y a un empresario. Pero la adaptación al cambio, el relevo generacional, el acceder a estrategias que dos generaciones atrás ni por asomo pensaban en implementar, son actitudes que en ambas situaciones permiten obtener el éxito y adaptarse a los nuevos tiempos.
El relevo y la construcción de la confianza, aunque perduren las diferencias, parecieran ser dos engranajes importantes de ese concepto llamado democracia. Re-cuerdo a un buen amigo de la Confederación Española de Orga-nizaciones Empresariales, cúpula empresarial de la madre patria, cuando recordaba emocionado los encuentros que sostenía semanalmente con los representantes de los sindicatos de trabajadores en el seno del Consejo Económico y Social.
Los acuerdos no los conseguimos en la sala de conferencias del Consejo, rememoraba, sino que afuera, meses después de haberlos discutido; pero mientras tanto, semana tras semana vamos cimentando un halo de confianza y credibilidad en nuestras posturas y debates, que finalmente terminan sellando alianzas importantes en beneficio de los ciudadanos.
Quiero pensar que estamos avanzando hacia ese escenario, donde la renovación constante debe ser el eje sobre el que giren los partidos, sus líderes y los correligionarios, también los ciudadanos. Se dice que para la próxima elección habrán varios cientos de miles de votantes nuevos, la mayoría de ellos jóvenes; esto debe ser un incentivo para que los partidos, sobre todo los de izquierda, procuren moderar sus posturas, abrir espacios a nuevos líderes, olvidar el sueño socialista, aceptar el desarrollo sin temor a reconocer el éxito de la derecha y sin dejar de ser oposición.
Ojalá y no se crea, sobre todo la oposición, que nuestros vecinos nicaragüenses transitaron por fin hacia la alternancia pacífica, porque abrumadoramente se llevó al poder a un líder para quien la mayoría de analistas piden el beneficio de la duda y quien por supuesto no representa un relevo generacional, sino más de lo mismo, más de de la politiquería que ahuyenta a los jóvenes y degrada a la institucionalidad.
* Secretario de Asuntos Jurídicos y Legislativos de la Presidencia de la República.

|