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Nota del día
Cómprense las placas pero con transparencia

La intención de estos comentarios no es aguar fiestas, sino aprovechar el momento para modernizar el sistema de licitaciones y compras por entidades públicas

Publicada 22 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Se comprará un millón de placas de vehículos como lo ordena la ley. El cambio de placas sirve múltiples propósitos, uno de los cuales es sacar de circulación o decomisar automotores cuya procedencia sea cuestionable. En muchos países, además de los cambios de placas, la gente puede renovar las suyas si estas han sufrido deterioro. En las vecindades de las oficinas de revisión de vehículos suelen haber pequeños talleres donde por poco dinero fabrican placas una a una; basta con tener un troquel y una prensa, para manufacturarlas.

Pero hoy se trata de comprar un número muy grande de placas, las de todo el país, por lo que el gobierno debe asegurarnos a los pobladores que el proceso de licitación se hará en la manera más transparente y limpia posible. Y la mejor forma de lograrlo es consignar en la Internet todo lo relacionado con la licitación, quiénes participan, cómo se califica a los ofertantes, su historial como empresas, el proceso de escogencia y la adjudicación final, incluyendo los nombres de directivos y accionistas.

La vieja costumbre, por desgracia, es adjudicar licitaciones a empresas con activos muy modestos unos e importantísimos otros: una pequeña oficina, cuatro escritorios, una copiadora, dos ordenadores, sillas, papelería para la ocasión y… lo que verdaderamente cuenta, los enchufes o cheradas. Es así como negocios sin una maquinita fabrican millones de dólares en medicinas o imprimen centenares de miles de libros.

La intención de estos comentarios no es aguar fiestas, sino aprovechar el momento para modernizar el sistema de licitaciones y compras por entidades públicas, se trate de un ente autónomo, un ministerio o una alcaldía. E inclusive la Universidad en manos de los rojos que se considera como una República aparte, independiente y muy lista para mover dinero sin darle cuenta a nadie. Fue esa desgracia nacional, el ex presidente Julio Rivera, el padre del monstruito, como lo fue por sus colosales ocurrencias y malos oficios que tenemos el sistema de transporte más caótico y corrupto del Hemisferio.

Que nadie acuse sin aportar pruebas

Vamos a repetir, una vez más, la experiencia boliviana en cuanto a las licitaciones públicas, pero antes de Evo Suéter, Evo el emplumado. Era tal la corrupción, que un gobierno contrató a funcionarios de Naciones Unidas y la supervisión, para manejar todas las compras y contrataciones públicas del país. Antes de la Internet, los bolivianos tenían acceso a las minucias de una negociación, lo que pasaba por poner barreras a los prestanombres.

Las empresas tenían que contar con las credenciales apropiadas, con experiencia y activos reales y tener una historia como proveedores de bienes y servicios; nada de la oficinita con los dos escritorios, como es proverbial respecto a los vendedores de medicinas al Seguro. Aunque todo palidece frente a lo que se hace en las alcaldías, comenzando por las tristemente famosas negociaciones del ex alcalde Silva con mafiosos canadienses.

En esto se requiere voluntad como asimismo se necesita que las gremiales y entidades de la empresa privada apoyen un cambio en el sistema, el paso a la transparencia. Y lo decimos no porque sepamos cosas feas, sino recordando que “la mujer del César no sólo debe ser honesta sino también aparentarlo”. Que nadie vaya por allí murmurando cosas, como los diputados que acusan y acusan sin pruebas.


 

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