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UN mal prevenible y mortal

En ascenso. El cáncer de cuello de útero se diagnostica con una citología. Aunque es más económico la prevención que el tratamiento, todavía no se logran disminuir los casos


Publicada 20 de noviembre de 2006 , El Diario de Hoy

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Florencia Couto
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

No hay que posponer el examen ginecológico. Ésa es la conclusión que aparece al abordar el tema del cáncer del cuello uterino, que se origina en la membrana que recubre la cérvix y termina con la vida de tantas. Mundialmente, este mal es la segunda forma de cáncer más común en mujeres (después del cáncer de mama o seno); y en países en desarrollo, es la principal causa de muerte de cáncer en este sexo.

La postergación de la citología puede perjudicar la salud de la mujer, ya que a través de ella puede ser detectado el mal en condiciones precancerosas (displasia). Es decir, una consulta ginecológica a tiempo puede prevenir la proliferación de este mal que puede llegar a cáncer invasor.

Cada año se diagnostican unos 500 mil casos nuevos de este mal, conocido como cáncer cervical o de cérvix, de los cuales aproximadamente mueren 230 mil al año. De esas defunciones, al menos el 80 por ciento ocurre en países en desarrollo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

¿Por qué en estos países? Fácil. Esta enfermedad está vinculada a estilos de vida relacionados con la sexualidad, deficiencias nutricionales, tabaquismo, factores socioeconómicos y de bajo nivel educativo; además de la postergación de la atención sanitaria por razones individuales, sociales y del sistema de salud, según explica el manual del “Plan estratégico Nacional para la reducción de la mortalidad por cáncer cérvico-uterino en El Salvador, 2005-2009”, del Ministerio de Salud.

Las cifras en El Salvador son difíciles de recopilar porque no se cuenta con un registro específico de morbilidad por cáncer cérvico-uterino. Y aunque tiene carácter de enfermedad de notificación obligatoria, los registros son cualitativamente deficientes. Por ello “se desconoce su incidencia”, aclara la Dra. Sara Teresa Valdés, directora de Maternidad.
Preocupante

A pesar de esto, existen algunas estadísticas que muestran la situación salvadoreña. “Nuestro país y América Latina tienen incidencia muy alta de este tipo de neoplasia”, confirma el Dr. Jorge Cruz González, de la Gerencia Integral de Atención a la Mujer y Niñez del Ministerio de Salud, quien cuenta que es de 45.6 por 100 mil habitantes. Esto lo ubica tercero en el continente, luego de Belice y Nicaragua.

Pero no es todo. Si se habla de tasa de morbilidad, El Salvador ocupa el primer lugar, con 23.5 por 100 mil habitantes. “Una posición nada privilegiada”, afirma el Dr. González. Ante este panorama, este médico confiesa que estos números “preocupan de sobremanera” porque muchas veces se descubre en etapas avanzadas.

Por otro lado, en el 2001, ocupó el tercer lugar como causa de muerte de la población general y el segundo en la población femenina, según Salud. Y para el departamento de estadísticas de Maternidad la incidencia del cáncer de cuello uterino del 2001 al 2005 se mantiene. “En los últimos 5 años son 581 pacientes, un promedio de más de 100 anuales”, resalta Valdés.

Una cosa que le llama la atención a la directora del principal centro maternal del país es que se da en todos los grupos de edad. “La gente piensa que el cáncer se da en personas mayores y esto no es así”, recalca la doctora, al referirse que se presentan mujeres muy jóvenes con displasias.

El paso del tiempo
Esta enfermedad no se forma de repente. Se desarrolla gradualmente a causa de la transformación de células normales que tienden a invadir y a destruir los tejidos y órganos del cuerpo.

“Se puede evitar con una simple citología, ya que ella detecta la posibilidad de desarrollar el cáncer”, advierte la Dra. Aurora Velásquez, jefa de oncología de Maternidad. En el mismo sentido, el Dr. Julio César Raymundo, del hospital de Oncología del ISSS, asegura qua la citología “es el mejor método de detección temprana de la enfermedad y barato”.

La importancia de hacer un diagnóstico radica en que este determinará la sobrevida de la paciente. El problema lo tendrán en mayor medida las mujeres que no tienen hijos porque no van a poder quedar embarazadas porque “su capacidad reproductiva no queda activa”, destaca el Dr. Raymundo, quien insiste en la importancia de la detección temprana porque hay una diferencia marcada en la sobrevida.


El silencio de una enfermedad que mat

Su caso podría ser el de cualquier mujer. Tiene 41 años y 3 hijos. Le detectaron cáncer de cuello de útero, no tenía síntomas pero esa enfermedad estaba instalada en el cuello de su matriz de forma silenciosa.

Prefiere mantener su apellido en el anonimato, pero habla sin temor porque quiere ser un ejemplo para que a otras no les pase lo mismo y para que lo puedan detectar a tiempo. También para que su hija, de 11 años, se haga los controles anuales una vez que inicie su vida sexual.

“El examen de citología no duele. Dura 10 minutos, quizás unos 15. Haciendo la citología me descubrieron la enfermedad”, explica Reina Guadalupe, al hablar del método de diagnóstico que existe para el cáncer de cuello de útero.

“Tenía un tumor. Vine y me quitaron la matriz el 11 de enero de este año”, continúa la mujer, que luego de la intervención no recibió quimioterapia ni radioterapia porque “todo salió bien”, según sus palabras.

Asegura que todos los años se hacía la citología y por un descuido dejó pasar unos 3 meses. Allí fue cuando le descubrieron el tumor, que era pequeño y benigno. “Me asusté mucho”, recuerda la mujer mientras espera en el Oncológico.

Reina tiene la suerte de poder contar su caso, ya que ese control ginecológico el marcó la diferencia en su vida. Por eso, pasa cita con el ginecólogo y se hace la citología más seguido.


Un simple examen y la esperanza de la vacuna

Simple. La Dra. Tatiana de Melara realiza una citología. Foto EDH

La sobrevida o el pronóstico de la mujer va a ir disminuyendo en la medida en que el tamaño de la enfermedad es más grande o ha avanzado. Por ello la importancia de la detección temprana, a través de la citología.

Esto lo explica con números el Dr. Julio César Raymundo, de Oncología del ISSS. “Dentro de las etapas I podemos decir que, en general, la probabilidad de sobrevida anda por el 90%, independientemente si las operamos o le damos radioterapia, o si le hacemos quimioterapia antes”, cuenta el ginecólogo oncólogo, que continúa que para las etapas II eso ya disminuye más o menos como en 80% y en la III hay un descenso del 50%.

El problema mayor lo tienen las mujeres en que se les diagnostica cáncer de cuello de útero en la etapa IV. “Significa que enfermedad ya está diseminada y la probabilidad de sobrevida debe andar por alrededor de un 10%”, enfatiza el Dr. Raymundo.

Ante la cantidad de muertes que se reportan en el mundo por este mal, las esperanzas están colocadas en la primera vacuna contra un tipo de cáncer. Tanto es así que la autoridad sanitaria que regula los medicamentos en Estados Unidos (FDA) aprobó a mitad de año la venta de Gardasil, producida por Merck.

La vacuna, de tres tomas en un período de seis meses, está destinada a jóvenes de entre 9 y 25 años y protege de infecciones del papillomavirus (virus del papiloma humano, VPH), responsable de lesiones uterinas que terminan en cáncer, precisó un portavoz de la FDA en un comunicado.

Estas infecciones causan el 70% de los casos de cáncer de cuello de útero.
“Una esperanza es la vacuna”, afirma la Dra. Valdés, quien aclara que el problema radica en que sólo es para determinadas edades. “Si las mujeres nos queremos tenemos que ir a que nos hagan la citología”, enfatiza la directora de maternidad.

Por otro lado, el Dr. Raymundo asegura que esto no quiere decir que las instituciones de atención, como el Ministerio de Salud y aún la misma Seguridad Social, van a incorporar la vacuna como una alternativa para el control de la enfermedad. “Por el costo”, resalta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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