| Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
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Este remezón nacional sobre nuestros agudos problemas y la necesidad urgente de solucionarlos, nos exige que este asunto sea --robándole el eslogan a la publicidad sobre el turismo-- “un asunto de todos” y que, por lo tanto, cada uno aporte lo que buenamente crea conveniente.
En anteriores columnas señalé dos puntos que me parecen claves. Uno es que si nuestra sociedad está enferma, es porque su base y origen, nuestra estructura familiar, también lo está. De familias inestables, deshechas o violentas, es de donde salen la mayoría de los delincuentes juveniles. El otro es el tema gravísimo de la cantidad e impunidad de delincuentes, que van extendiéndose y agravando su prepotencia. Si no se mejora con rapidez y eficacia su detención, juicio y condena, se agravará el peligro de abocarnos a una dura alternativa de eliminación: ellos o nosotros.
Hoy apunto brevemente otros aspectos importantes sobre esta situación nacional. El primero es que todo marero, antes de llegar a transformarse en asesinos inmisericordes, en verdaderos monstruos antisociales, fueron seres humanos, con toda su dignidad esencial y con todos sus deseos espirituales fundamentales: encontrar felicidad, cariño, comprensión, una buena educación, un trabajo digno, amar a los otros y ser amado por ellos. Buscan en la mara, una pertenencia, unas reglas de conducta y un afecto que no encontraron ni en la familia, ni en la sociedad. Usted, lectora o lector, y yo, en circunstancias equivalentes ¿qué habríamos sido?
En consecuencia toda la sociedad es de algún modo culpable de fabricar y favorecer esa enfermedad social que son las maras. El gobierno y las empresas tienen el reto ambicioso para crear “una mano amiga”, mucho mayor y más eficaz que la mano dura, para que en los estratos más peligrosos o más abandonados de nuestra sociedad, los jóvenes, no caigan en la mara o puedan abandonarla a tiempo, sin peligro de sus vidas. Hay que estudiar y crear tipos de trabajos que puedan asumir esos jóvenes, incluyendo responsabilidades sociales en su medio, en su barrio.
Se habla de que necesitamos más policías y es evidente que su trabajo debe ser mucho mejor pagado. ¿De dónde sacar dinero para ello? Multipliquen por diez el valor de las multas por infracciones de tránsito y hagan que se paguen obligatoriamente, ¡siempre!. De paso se conseguiría disciplinar a la gente en el respeto a la ley, preparándose para acatar el peso de leyes más importantes.
Añado que ha sido un pésimo ejemplo la victoria económica que el sindicato del ISSS ha logrado con su huelga. Una vez más la fuerza vence a la razón, a la ética y a la ley. Se sienta un pésimo precedente. Y eso me lleva a otra idea que muchos no entienden. Que en una democracia, la libertad va de la mano con la disciplina personal, con la responsabilidad cívica y con la obediencia a las leyes. Mientras sigamos pensando que es señal de inteligencia y de libertad saltarse las colas, los semáforos, o lo que sea, seguimos siendo incivilizados.
Algo similar sucede con el mal entendimiento que hay sobre libertad cultural. Libertad no es permisividad e irresponsabilidad. Hasta un radical de la libertad como es Um-berto Eco admite que hay que poner límites a la libertad personal. Si en un jardín deja usted crecer todo, al final es monte y no jardín. Si un cuerpo humano admite todo microbio, virus y célula extraña, en vez de destruirlos, no es un hombre sano, sino alguien cuyo sistema inmunitario ha claudicado ante el enemigo, es alguien que tiene Sida y tarde o temprano morirá de su permisividad. ¿Cuándo los medios de comunicación y de cultura van a ejercer una autocensura responsable? ¿Por qué se fomenta tanta vaciedad, tanta mentira, tanta incitación al relajo sexual? No existe una buena orientación y crítica de libros y lo que más se vende en las librerías son falsedades “seudomisteriosas”, mitos seudorreligiosos y orientación equívoca para gente cada vez más desorientada en el valor de su vida.
Si volvemos a los señalamientos del embajador de Estado Unidos… ¡Qué poco se ha insistido en la evasión de impuestos! Hace tiempo pregunté a un experto economista europeo por qué un país tan rico en recursos naturales como Argentina había tenido ese descalabro económico tan grande. Me respondió que cuando él llegaba a un trato de gran confianza, sólo les decía, con insistencia: ¡Paguen los impuestos! ¡Que todos paguen todos los impuestos!
Democracia es imperio de la ley o es sólo su caricatura. Nece-sitamos una firmeza legal, dura, que duela. Ante la delincuencia, ante sindicatos sinvergüenzas, ante evasores de impuestos, ante “listillos” saltasemáforos, ante tanta mentalidad selvática.
Si no hacemos ese cambio, entonces las masas desesperadas comenzarán a añorar a otro general Martínez, a un Chávez o a otro falso “salvapatrias” que venga “a poner orden”. ¡Dios nos libre de ellos!
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.lfcuervo@telemovio.net

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