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The New York Times
La guerra fría en miniatura

Encrucijada. Nicaragua es una incógnita tras el triunfo de Daniel Ortega, quien, además de cumplir con sus promesas electorales, deberá escoger entre acercarse a los EE.UU. o estrechar lazos con Venezuela y Cuba


Publicada 19 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

En Caracas, Chávez asegura que él y Ortega se estarían “uniendo como nunca antes” para construir un futuro socialista
 
La cooperación de EE.UU. con Ortega “se fundamentaría en sus acciones para apoyar el futuro democrático de Nicaragua”
E James C. Mckinley Jr./ Jeremy Schwartz
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

MANAGUA.- Para la mayor parte del mundo, la Guerra Fría terminó cuando el Muro de Berlín se vino abajo. No fue así en la cuenca del Caribe.

Aquí, el empecinamiento de viejos guerreros fríos en Washington y la misma tenacidad de gobiernos de izquierda en Cuba y Venezuela mantienen en marcha una Guerra Fría en miniatura. Justamente como hace 20 años, Nicaragua actualmente se encuentra directamente en medio del conflicto con el triunfo en las elecciones del sandinista Daniel Ortega.

Ortega afronta un acto de malabarismo que ningún político envidiaría, tanto dentro del país como sobre el escenario mundial. Por una parte, con el fin de satisfacer a quienes votaron por él, debe cumplir sus promesas con respecto a “erradicar la pobreza”, reducir el “capitalismo salvaje”, así como mantener relaciones amistosas con sus aliados en la izquierda política: Fidel Castro de Cuba y Hugo Chávez de Venezuela. Este último, en particular, podría ser una fuente de petróleo barato y recursos económicos para programas sociales.

Por otra parte, prácticamente no puede darse el lujo de perder más $50 millones al año en ayuda o crédito estadounidenses por parte del Fondo Monetario Internacional. Nicaragua, uno de los países más pobres de este hemisferio, tampoco puede descartar el acuerdo de libre comercio entre países centroamericanos y EE.UU. Tan sólo para sobrevivir en la esfera económica, esta nación de aproximadamente 5.6 millones de habitantes necesita seguir exportando textiles y fruta a EE.UU. y recibir las remesas de nicaragüenses.

“Nicaragua es un estado asistencialista que depende de inyecciones del extranjero para sobrevivir, remesas y ayuda exterior”, aseguró un diplomático.

Lo que es más, Ortega ganó con apenas 38% de los votos y la Asamblea Nacional está dividida entre cuatro partidos. Cada movimiento que él haga involucrará negociaciones y concesiones hacia legisladores conservadores, los cuales están desesperados por no enfurecer a la administración Bush.

“Los problemas que él afronta hacen que sea casi imposible tener una presidencia exitosa”, destacó Larry Birns, director del Consejo sobre Asuntos Hemisféricos en Washington.

La precaria posición de Ortega pudiera explicar el cuidadoso matiz de sus discursos recientes. Se postuló con una vaga y optimista promesa relativa a “empleos, paz y reconciliación”, atacó muy rara vez a EE.UU., evitó la retórica marxista e hizo gala de sus nuevas convicciones religiosas. En últimas fechas, él habló más acerca de Dios que del proletariado en sus paradas de campaña.

Por el momento, Ortega anda con mucho cuidado y se expresa en tonos melodiosos. “Hoy, más que nunca, los sandinistas tienen que ser pacientes”, les dijo a sus extáticos seguidores del Partido Sandinista . “No vamos a caer en provocaciones ni a insultar a nadie”.
De cualquier forma, de vez en cuando, el viejo revolucionario estalla en él. Se ha referido al Presidente Bush como “el Reagan de estos tiempos”, además de afirmar que “el yanqui Reagan desterró la paz” y “quería traer muerte y destrucción a la región”. A veces, él también lanza severas críticas en contra de la destrucción que el acuerdo de libre comercio ha infligido a pequeñas granjas.

Dos Ortega
Desde los comicios, él se ha esforzado considerablemente por apaciguar a los empresarios, asegurándoles que protegería los derechos de propiedad a cambio de su ayuda en el combate a la pobreza. “Nadie va a permitir la incautación de propiedades, sean grandes o pequeñas”, aseguró. Asimismo, se ha tratado de acercar a sus opositores políticos, diciendo que mantendría en su sitio reformas que limitan el poder del presidente.

Sin embargo, en el discurso tras su victoria, Ortega dejó en claro que él no sería un lacayo de Washington. Agradeció a sus “hermanos” de izquierda, Castro y Chávez, después lanzó un comentario sarcástico a Washington, diciendo que no fueron los sandinistas quienes rompieron las relaciones tras la revolución de 1979. “Fue al revés”, afirmó.

Aunado a lo anterior, dijo que impulsaría al país, que actualmente vende más de 60% de sus exportaciones a EE.UU., para que se una a la asociación de comercio antiestadounidense que Chávez quiere organizar. Además, dijo que él buscaría acuerdos de comercio con Europa y Sudamérica. “Tenemos que aprender cómo hacer que nuestra economía crezca sin depender de un solo país”, notó.

Hasta la fecha, la administración Bush ha seguido una actitud de “espera y ve” en vista de lo que al parecer son dos Ortegas diferentes. Uno de los portavoces del Departamento de Estado, Gonzalo Gallegos, dijo que la cooperación de EE.UU. con Ortega “se fundamentaría en sus acciones para apoyar el futuro democrático de Nicaragua”.

En el ínterin, Castro y Chávez han utilizado el triunfo de Ortega para alimentar sus propias maquinarias propagandísticas. Actúan como si ya fuera un hecho que Ortega será atraído hacia una alianza con ellos.

En La Habana, Castro emitió una declaración diciendo que “llena de gusto a nuestro pueblo, al mismo tiempo que llena de oprobio al gobierno terrorista y genocida de EE.UU.”. En Caracas, Chávez alegó que él y Ortega se estarían “uniendo como nunca antes” para construir un futuro socialista.

Personas que conocen a Ortega temen que su temperamento se lleve lo mejor de él si Washington trata de ejercer presión sobre su gobierno. Es una persona empecinada y puede ser imprudente, notan.

“Lo peor que podría ocurrir es que Ortega le extienda la mano a Bush y éste la rechace”, a decir de Sergio Ramírez, quien fue el vicepresidente nicaragüense bajo Ortega a finales de los 80. “Lo que sucedería es que él terminaría diciendo: De acuerdo, iré con Chávez”.


Inquietud en la “nueva Costa Rica”

Granada. Con la elección del sandinista Daniel Ortega, algunas personas están preocupadas de que puedan terminar los buenos tiempos.

Laurance Ginsberg se mudó de un suburbio de Dallas a esta ciudad colonial, con sus viviendas en tonos pastel, porque la cosa era demasiada buena para dejarla pasar.

El ex empleado de Starbucks encontró una gran mansión de una planta, cerca de la plaza principal de Granada, el principal destino turístico de Nicaragua. El país es tan barato y el paisaje tan impresionante que algunas revistas de viajes han etiquetado a Nicaragua como la “nueva Costa Rica”.

Ginsburg abrió una cafetería y heladería en la parte del frente y mudó a su esposa y dos hijos a la gran casa detrás de ella, con una renta igual a su hipoteca en Richardson, Texas: alrededor de $1,300 mensuales.

“Nos mudamos aquí básicamente por esta palabra: potencial”, dijo Ginsberg. “Pensamos que este lugar está en la punta del iceberg”.

En los últimos cinco años, un creciente número de estadounidenses expatriados, retirados e inversionistas han volteado a Nicaragua, donde algunos de los precios más bajos en las propiedades del hemisferio se han traducido en fortunas rápidas y en lugares de retiro idílicos, junto al mar.

Sin embargo, con el gane de Daniel Ortega, algunas personas están preocupadas de que puedan terminar los buenos tiempos. Para quienes están fuera de Nicaragua, Ortega conjura imágenes de redistribución de la propiedad y revolución, y su elección ha provocado que muchas personas se pregunten qué sucederá después.

“Tenemos un enfoque de darle tiempo al tiempo”, dijo Juan Carlos Pereira, director ejecutivo de ProNicaragua, una organización pública y privada que busca promover la inversión extranjera en el país.

Ortega ha buscado tranquilizar nervios hechos polvo, pero hay quienes temen que la reputación de Ortega será mayor que sus palabras. “Se llevará algo de tiempo que se gane la confianza de los inversionistas”, dijo Pereira

Para el propietario de la cafetería Ginsberg, el gane de Ortega no significa el fin de la aventura nicaragüense. “No planeamos huir, eso sí se lo puedo decir”, dijo.. “Mientras no ocurran cambios drásticos con el nuevo gobierno, planeamos mantener la cabeza en alto y trabajar duro por mucho tiempo”.


Aboga por romper separación entre EE.UU. y A.L.

Invitados. Venezuela, Bolivia y Brasil asistirían a la investidura de Ortega.

Ortega abogó ayer por romper la separación que existe entre Estados Unidos, Latinoamérica y el Caribe, ya que lo ideal sería alcanzar “la unidad de todas las Américas”.

El sandinista manifestó que Estados Unidos luce como un continente que se relaciona con otro continente que es Latinoamérica y el Caribe y la sensación que da es de separación.

“En todo esto es determinante la posición y determinación de Estados Unidos por el peso que tienen, y si se lograra dar una avance en esa dirección (de la unidad) entonces estaríamos alcanzando un nuevo tipo de relaciones entre las américas”, enfatizó.

Mientras tanto, añadió Ortega, lo que tenemos son tratados de libre comercio que son cuestionados en América Latina y los mismos Estados Unidos, porque no logran encontrar un verdadero consenso en las Américas por la forma en que están planteados.

Manifestó que el tratado de libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, conocido como CAFTA por sus siglas en inglés, favorecer a algunos sectores de la economía de su país, pero deja fuera a otros sectores, aunque lo respetará.

Por otra parte, Ortega dijo ayer que en su toma de posesión espera contar con la presencia de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez y de Bolivia, Evo Morales.

Manifestó que también espera que asista el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, así como los gobernantes de los países centroamericanos.

Al responder a preguntas de los periodistas sobre los planes de la toma de posesión el 10 de enero próximo, Ortega dijo que no podía informar mucho sobre el programa de su investidura, aunque adelantó los nombres de Chávez, Morales y Lula da Silva.

<agencias>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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