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Adquirir lentes en las calles no es nada seguro

Santa Ana La proliferación de ventas ambulantes de lentes de graduados es el pan de cada día en las calles de la Ciudad Morena . Los especialistas recomiendan a los pacientes acudir a una clínica

Publicada 19 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Al cálculo. El cliente escoge los lentes que según él, más se ajustan a sus necesidades visuales. Foto: EDH

Cristian Díaz/Angela Castro
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

José Manuel González, de 53 años, adquirió un par de lentes en la calle del mercado Colón hace cuatro meses, a un precio no mayor de cinco dólares.

Con ellos pretendía solucionar una molestia que desde hacía tiempo presentaba en sus ojos.

Sin embargo no le sirvieron de mucho, por lo que tuvo que acudir a una óptica de la cabecera departamental para adquirir otro par. Los lentes le cuestan en promedio 40 dólares.

Al igual que él, hay muchas personas que han decidido adquirir sus gafas en la calle, sin que éstas sean recetadas por especialistas en la materia.

En lugar de corregir el problema visual lo empeoran, según oftalmólogos y optometristas consultados por este rotativo.

Lo que en un inicio pudiese parecer una corrección del problema, luego se convierte en una incomodidad para quien usa los lentes, agregan.

Principalmente, porque el malestar en los ojos no sólo podría ser consecuencia del producto adquirido, sino que posiblemente tenga una derivación patológica, según los expertos en el tema.

Ellos recomiendan no comprar esta clase de lentes, porque los vendedores de la calle no están capacitados para recetarlos.

En las principales calles de la ciudad de Santa Ana se escucha el grito: “Lleve sus lentes rebajados de precio”, y peor aún, en los centros comerciales y supermercados ya venden estos productos.

El colmo es que se pueden adquirir hasta por catálogo, sin que la persona haya sido previamente examinada por un oftalmólogo u optometrista.

El encargado de la clínica visual de la Asociación Salvadoreña Pro Salud Rural (Asaprosar), en la ciudadMorena, doctor Carlos Monterrosa, aseguró que el uso de esta clase de cristales puede generar, entre otras molestias, cansancio en la vista o dolor de cabeza.

“(Las personas) prefieren solventar el problema yéndose al mercado para conseguir (los lentes) a bajo precio, pero con el riesgo de agudizar el problema. Las personas que los venden obviamente no saben cómo examinarlos”, afirmó.

La cantidad de personas que adquiren estos vidrios es tal, que el profesional relató que durante la última jornada visual que realizó Asaprosar en Santa Ana atendieron a 228 personas, de éstas por lo menos la mitad confesó haber adquirido esta clase de espejuelos en los mercados, aduciendo que viven en condiciones de extrema pobreza.

Los precios
Un par de anteojos en la calle oscila entre los tres y cuatro dólares. En una óptica, el precio ronda los 40.

Los exámenes. El oftalmólogo Mauro Armando Rivas Portillo realiza un examen de la vista a una paciente que llegó a consultar al hospital San Juan de Dios, de la cabecera departamental. Foto: EDH

Todo depende de los problemas visuales que la personas padezca y del modelo que haya elegido.

A esa cantidad se agrega lo que cobran las ópticas o las clínicas por la consulta, que cuesta unos 25 dólares.

Mientras que al comprarlos en la calle, el esfuerzo que se hace es sólo agacharse para tomarlos de la canasta en que los exhiben.

La doctora Claudia María Barrera, de Óptica Vista, explicó que entre las consecuencias de usar estos lentes está el lagrimeo o la coloración rojiza en los ojos.

En el peor de los casos, la graduación que necesita el paciente después de haber utilizado estas gafas suele ser mayor.

“Un lente de lectura si lo compra en la óptica le cuesta 35 dólares, pero si lo compra en la calle vale tres. Esta última cantidad se le va a convertir a la larga en 300 dólares, porque tuvo que hacerse una cirugía o procedimiento diferente debido a infección o a causa de los lentes mal graduados”, aseguró Barrera.


Los involucrados defienden su postura

Especialistas hablan sobre consecuencias

Tecnología. Los aparatos detectan el problema específico.Foto: EDH

El optometrista Salvador González, empleado del local de Ópticas Franklin ubicado en la ciudad de Santa Ana, aseguró que si bien esta cultura de compra genera un beneficio por subajo costo, no es recomendable.

“Los lentes pre graduados traen aberraciones. La gente comienza a presentar problemas cervicales, mareos y dolores de cabeza”, explicó.

Mientras que la doctora Claudia María Barrera, de Óptica Vista, coincide con González en que los lentes de la calle son fabricados industrialmente, por lo que no cumplen requisitos mínimos para garantizar la salud visual de la persona.

“Esa clase de lentes tienen aberraciones que hacen que a lo mejor por el centro se vea bien, pero de los lados tengan más graduación o simplemente las personas no enfocan bien. A la larga se traduce en daños”, consideró.

Por su parte, el doctor Pedro Rivas Cañas, oftalmólogo del hospital San Juan de Dios, de la ciudad, coincidió con la opinión de ambos optometristas y agregó que “sí pueden causar problemas posteriore; tales como fatiga, dolores de cabeza, irritación ocular. Todos relacionados a la mala calidad que se está utilizando”.

Sin embargo, otro de los oftalmólogos del mismo nosocomio contrastó tales aseveraciones. “El hecho de usar anteojos que no son prescritos por médicos no van a degradar la visión. El problema es que se pierde el tiempo. Además, la inversión no va a ser la mejor”, dijo.



Comerciantes hacen examen en plena vía

Lo ideal. El paciente debe ser examinado por un especialista que pueda determinar la graduación exacta que se necesita. Foto: EDH

Ernesto Martínez es un comerciante informal que vende sus productos a un costado de la alcaldía santaneca.

Comenta que desde hace un par de meses incluyo entre su mercadería los lentes graduados.

Expuestos sobre papel periódico y embolsados para protegerlos, Martínez ofrece el par de anteojos a no más de cinco dólares. “La estrategia de uno es venderlos cómodos”, afirmó.
Cuando le va bien, vende uno o dos pares de lestes por día.

El producto es exportado desde San Salvador.
“En ocasiones, uno los compra en el supermercado para después venderlos tranquilamente, aunque les gane una o dos coras”, aseguró.

El proceso para que una persona identifique los lentes que son los “adecuados” para su problema visual inicia cuando se los prueba, dice.

“Uno les enseña un papelito con letra grande y pequeña. Ahí se va observando el número que el cliente necesita: 100, 75, 50 ó 25 de graduación”, dijo.

“Yo me los probé para ver si podía leer bien la Biblia o enhebrar una aguja. Ya voy a tener un año de haberlos comprado y todavía me sirven”, comentó Teresa del Carmen García, vendedora del mercado y quien afirma nunca se ha realizado un examen médico visual.

“La gente dice que duele la cabeza si uno los usa durante mucho tiempo, pero como yo sólo los utilizo para leer, me han servido mucho”, expresó la fémina.

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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