| Ricardo Chacón*
El Diario de Hoy
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Hay dos cuestiones que definen a los medios de comunicación en la actualidad: uno, se trata de instituciones culturales que forman parte del entretejido social como instrumentos, herramientas y estructuras vinculados con las ideas, el pensamiento y la cultura; y dos, son instituciones polifacéticas, indispensables en la sociedad moderna que juegan un papel determinante, semejante como lo son la educación, la familia y la religión.
Desde esta perspectiva, se trata de instituciones complejas donde se entrecruza lo público y lo privado, el poder y la política, lo gremial y lo institucional en una maraña de contenidos audiovisuales ahora completados con la Internet.
Sí, los medios de comunicación no se agotan en la prensa, la radio, la televisión y el cine como instrumentos individuales, sino que ahora están remozados todos estos a través de la Internet.
He querido lanzar estas ideas, a lo mejor expuestas demasiado rápido y apretadamente, con una intención clara y definida: los medios de comunicación son complejos y su papel en la sociedad moderna, nos guste o no, es determinante para entender la sociedad de hoy.
Ahora bien, esta complejidad e influencia determinante no nos debe de llevar a magnificar estas instituciones sociales, ni mucho menos a darles un papel preponderante que sobre-determine y que, incluso, sustituya a la misma realidad.
Por ejemplo, la omnipresencia de los medios no debe confundirse con la omnipotencia; una cosa es que los medios estén en todas partes y abarquen todas las dimensiones de la sociedad actual, y otra que tengan un poder absoluto y o muy grande.
Particularmente, en este punto, no comparto aquellas concepciones que le dan a los medios el mote del “cuarto poder” y se sustenta con el ejemplo en el escándalo de Watergate, que supuso una crisis constitucional en los años setenta del siglo pasado en Estados Unidos.
Precisemos.
El escándalo toma el nombre del hotel de Washington, sede del comité electoral demócrata, en el que tuvo lugar un robo de documentos y concluyó con la dimisión del presidente republicano estadounidense, Richard Nixon.
Insisto; el escándalo surgió cuando la noche del 17 de junio de 1972, cinco personas, Bernard Barker, Virgilio González, Eugenio Martínez, James McCord y Frank Sturgis, fueron detenidas en el hotel Watergate espiando a los demócratas.
La investigación consistente y permanente de los periodistas del Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodwar, desenredó y la hizo pública, una compleja maraña cuyos hilos apuntaban a la Casa Blanca, al presidente Nixon.
No nos equivoquemos ni nos confundamos, la caída del presidente republicano no fue por lo publicado por el Washington Post sino por la conspiración avalada por Nixon; si bien el periódico reveló los hechos, fueron las acciones de Nixon las que provocaron su renuncia.
Se determinó con bastante claridad que Nixon había mentido con el fin de ocultar su participación en el escándalo; había intentado sustraer a la investigación las cintas magnéticas que contenían las grabaciones de todas las conversaciones que tuvieron en la Oficina Oval. Tras defenderse de las acusaciones, Nixon prefirió o fue obligado a dimitir cuando se inició un proceso de destitución contra él.
No creo, más bien, estoy seguro, que no hubo un grupo de sesudos que, consciente y deliberadamente, planearon derrumbar a un presidente; se trata de una investigación surgida de un hecho particular llevado hasta las últimas consecuencias.
Es una investigación periodística que no se quedó en la detención de cinco personas sino que buscó el porqué de las cosas; hubo ayudas claras y determinantes, “Garganta Profunda” quien orientó, a lo mejor con intereses políticos o particulares (como lo han determinado posteriores investigaciones) el trabajo periodístico de Carl Bernstein y Bob Woodwar; pero la intención fue informar.
Y he aquí uno de los puntos clave del trabajo de los medios, y su función esencial como lo es informar a la sociedad de lo que sucede; y no solo se trata de dar a conocer los hechos de manera aislada sino integrados de tal forma que permiten al público, a la población enterarse de la realidad de la mejor manera.
Editor jefe El Diario de Hoy

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