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Una noche en el Bernabéu

Los salvadoreños de Fundamadrid vieron la victoria 3-1 del Real Madrid sobre el Racing de Santander, una ilusión hecha realidad


Publicada 19 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Grandes madridistas. Los muchachos de Fundamadrid disfrutaron con mucho entusiasmo de la visita al Santiago Bernabéu. Foto: EDH

Periodista. Claudio Martínez
Fotoperiodista
. Lissette Lemus
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Las ilusiones se renuevan a diario. Los jovencitos de Fundamadrid pueden dar fe de ello. El viernes salieron del Bernabéu empapados de emoción luego de conocer en persona a Alfredo Di Stéfano, de platicar con el presidente Ramón Calderón, de pisar la grama del estadio y de anotar goles en el mismo arco que lo hacen los profesionales (ver nota secundaria).

Luego de eso, parecía que ya nada podría sorprenderlos. Sin embargo, ayer volvieron al Bernabéu con el mismo entusiasmo, como si fuera la primera vez. No era para menos. Iban a ver lo único que les faltaba: a los jugadores.

Real Madrid se enfrentaba al Racing de Santander, un rival accesible en los papeles pero que en años anteriores había sido complicado. Ni la inoportuna lluvia ni el frío insistente fueron un obstáculo. Los doce salvadoreños esperaron en la puerta 44 a que el reloj exactamente marcara las 6.45 de la tarde para ser los primeros en acceder por ese sector.

Unos minutos antes habían visto pasar el bus del Real Madrid rumbo a los camerinos. Roberto Carlos miraba para abajo, Raúl parecía muy concentrado y Sergio Ramos escuchaba música en su iPod. La gente los aclamaba a su paso.

Una vez dentro, luego de secar las butacas tomaron posesión del lugar: platea baja, justo en el sector donde en el primer tiempo defendería Sergio Ramos. Por supuesto que desplegaron la bandera de El Salvador. Los directivos Enrique García Prieto y Carmen de Rusconi, en cambio, estaban en el palco de honor, otra deferencia del presidente Calderón.

La primera emoción fue cuando los jugadores del Madrid salieron a calentar, a falta de 25 minutos para el arranque. Estaban ahí, a un pasito. Incluso cuando Javier Menéndez, portero de la delegación salvadoreña, saludó a José Antonio Reyes, éste le respondió levantando la mano. Los muchachos lo celebraron como si hubiera sido un gol.

Pequeña lección
La precisión de los trabajos con la pelota, en los que todos hacían circular el balón con un solo toque, provocó el primer comentario de Hoffman Uceda, el entrenador. “Miren, igual que ustedes”. Para ese entonces, cuando parecía que ya no iba a llover, la mayoría optó por ponerse las flamantes camisas del club merengue –las nuevas, las que tienen BenQ como publicidad– que el día anterior habían comprado en la propia tienda del Bernabéu.

Por ser de la fundación habían recibido un 15% de descuento. “Puya... No se puede creer donde estamos”, comentaba Rafael Chue, de Izalco, al ver cómo el estadio se había llenado en cuestión de minutos.

Todavía se estaban acomodando luego del minuto de silencio en homenaje a Puskas cuando el juego arrancó. Y enseguida llegó el primer grito: cabezazo de Sergio Ramos y “gooooool”.

Las cámaras fotográficas no pararon un segundo. Y esforzaban al máximo el zoom para acercar las diminutas imágenes.

Aplausos para Cannavaro. Elogios de Julio Fuentes, el otro portero, para Casillas. A medida que el partido fue perdiendo intensidad, descubrieron que parte del espectáculo también estaba en la gente. Había ingleses, japoneses, holandeses, belgas, franceses e italianos, entre otros.

Pero a José Luis Coto le llamó la atención una de las chicas de la Cruz Roja cuando salieron al auxilio de Guti, que entre las que le pegaron de verdad y las que fingió, se la pasó en el suelo toda la noche.

“Huy, miren qué bonita la de la Cruz Roja, yo mejor me hago el lesionado”, bromeaba. Jonathan Águila, el muchacho de San Miguel, era otro de los sorprendidos por la belleza de las asistentes. “Esto es muy bueno para el fútbol. ¿No creen que iría más gente al Barraza si llevaran diez niñas como éstas?”, reflexionaba.

Atraídos por Beckham
El medio tiempo sirvió para que algunos aprovecharan para comer el sándwich de jamón que tenían en sus bolsos desde el mediodía y también para entretenerse viendo a Beckham.
El inglés, que no jugó por lesión y que había regresado a Madrid ayer desde Roma, luego de asistir al casamiento de Tom Cruise, se dejaba ver detrás de los cristales de uno de los palcos privados ubicado unos 35 metros arriba del grupo de los salvadoreños. Con un brazo sostenía a uno de sus hijos y con el otro bebía un refresco.

La segunda etapa renovó las expectativas, sobre todo porque el Madrid atacaría en el campo donde estaban los chicos cuscatlecos. Y por allí, ni más ni menos, llegó la definición de Reyes.

Partido definido. El ingreso de Robinho hizo que todos volvieran a sacar las cámaras de sus estuches. Poco después llegó el tercero, el de Diarra, que encontró a Roberto Carlos Álvarez in fraganti. El muchachito de La Unión estaba filmando... pero a Beckham, en el palco. “No puedo creer que te perdiste el gol por ver a Beckham en vez del juego”, le regañaba con una sonrisa el profesor Uceda.

Los salvadoreños festejaron la victoria que obligó a la reflexión de varios de ellos. “Qué bueno que ganamos, así Capello estará menos enojado y entonces probablemente nos permita conocer a los jugadores luego del entrenamiento”... Todavía hay más sueños que cumplir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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