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No nos asustemos

Usan los medios de comunicación masiva a su beneficio, pavoneándose de sus crímenes, incidiendo en el cambio de conductas sociales a base de terror (la gente se encierra, se deprime, etc.)

Publicada 18 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Muy relevante fue la presentación que Fusades realizó de su estudio estratégico “Violencia y criminalidad: obstáculo para el desarrollo”. Varios de los más respetados columnistas han hecho referencia a él, en especial, al coincidir con el nombramiento de la comisión que, con visión de país, deberá elaborar propuestas específicas para contrarrestar este flagelo.

Y propuestas específicas (diez) hace Fusades. Dejo a los especialistas los comentarios pertinentes, que sin duda, serán de gran valor. Yo, únicamente, quisiera señalar un “descubrimiento” que, desde mi óptica, me ha dejado con la misma sensación de estupor que nos invade cuando, por ejemplo, andamos buscando los anteojos y caemos en cuenta de que los tenemos puestos.

No, no me refiero a que demuestra lo que sabemos: que la impunidad, tolerancia y garantismo hacia los delincuentes son, sin duda, el detonante mayor de la criminalidad actual. Me refiero a lo que he percibido en uno de los ejemplos que expone el estudio: el programa “Ceasefire”, implementado en Chicago, Illinois.

Este programa, que reportó excelentes resultados, tiene cinco componentes fundamentales, que reduzco a su mínima expresión: a) Alcance: trabaja con jóvenes en alto riesgo, facilitándoles los servicios y oportunidades necesarios; b) Movi-lización de la comunidad: alianzas ciudadanas para responder prontamente a hechos inaceptables; c) Campaña de educación pública: usan medios de comunicación masiva, para incidir en el cambio de conductas sociales; d) Asociación con líderes religiosos: por su ascendencia con la comunidad, influyen a rescatar el valor del respeto a la vida, por ejemplo; e) Colaboración con las autoridades de seguridad pública y de justicia penal, que se explica por sí misma.

Y, ¿qué me ha impresionado tanto? Quizá sea mi imaginación, pero me parece que idéntica estrategia, exactamente esos cinco puntos, pero al revés, son los que han usado los mareros para crear esa telaraña del crimen, que nos tiene atrapados a la ciudadanía honrada.

Veamos: los líderes mareros trabajan con los jóvenes en alto riesgo, aportándoles todo aquello que los induzca a convertirse en criminales: droga, dinero fácil, poder (el de aterrorizar a la población), morbo, etc. Han movilizado su comunidad criminal como a un solo hombre, dando pronta y violenta respuesta a las medidas que toma la autoridad o la ciudadanía, para contrarrestar sus acciones.

Usan los medios de comunicación masiva a su beneficio, pavoneándose de sus crímenes, incidiendo en el cambio de conductas sociales a base de terror (la gente se encierra, se deprime, etc.) Se asocian con líderes a quienes, en el sub mundo del crimen, se les venera religiosamente, atrayendo cada vez más adeptos. Y su colaboración a sus propias y malignas autoridades es de obediencia ciega y total, con los resultados que vemos.

Lo que imagino es que los creadores de “Ceasefire”, posiblemente, en lugar de complicarse la vida pensando cómo hacer para contrarrestar el crimen, simplemente observaron a los criminales y decidieron usar sus mismas estrategias… al revés.

No sé si usted, amigo lector, verá las coincidencias, pero cuando yo escuchaba al doctor Rafael Pleitez exponer este asunto, sentí primero un “¿cómo no lo notamos antes?”, y después, un “si a ellos (los criminales) les funcionó, ¡a nosotros también!”

Resumiendo: podemos empezar ya a contrarrestar la delincuencia, observando qué más hacen los criminales e implementándolo al revés. ¿Parece una locura? Sí, porque todas las cosas sencillas y de sentido común, parecen una locura… hasta que, probándolas, resultan ser un éxito.

Paralelamente, claro, habrá que identificar la raíz del problema (¡y no empecemos con que la pobreza y todas esas tonterías!) y diseñar soluciones, definitivas, complejas y a largo plazo.

Como bien señaló el presidente de Fusades, ingeniero Antonio Cabrales, al presentar el mencionado estudio, El Salvador ha vivido, históricamente, de crisis, en crisis, en crisis… y siempre, con la ayuda de Dios y el esfuerzo de los salvadoreños, hemos salido adelante.

No nos asustemos, pues. Tengamos fe. De esta nueva crisis, con valor, patriotismo y trabajo, ¡también saldremos!

*Columnista de El Diario de Hoy

 

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