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Nota del día
Burro amarrado contra tigre suelto

Para un asalto les basta un garrote o un cuchillo de cocina, no armas de fuego

Publicada 18 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Antes de cumplir su autoconcedido plazo de cinco meses para presentar sus recomendaciones finales “a los sobrevivientes”, la Comisión para la Violencia adelantó una de ellas: el desarme de la población. La fórmula para disminuir la criminalidad, piensan, es desarmar a quienes llevan armas, indistintamente de si estas personas las portan para defenderse, o las usan para agredir. Por su cuenta la República Popular Socialista de Santa Tecla ha iniciado el desarme pasando por encima de las leyes de la República, pues un acuerdo municipal no es suficiente para despojar a un ciudadano de sus pertenencias.

¡Gran algarabía entre los asesinos, asaltantes, extorsionistas, violadores, mareros y delincuentes de todo pelaje! Sus potenciales víctimas andarán sin un alfiler encima tan pronto la ocurrencia entre en vigor. Visto que de vez en cuando les sale brava alguna de las presas tras las cuales andan, al efectuarse el desarme general ese riesgo no va a existir. Será un pleito de burro amarrado (los ciudadanos honestos) contra tigre suelto.

Casualmente ¡miren qué casualidad! los comunistas vienen abogando por el desarme desde hace tiempo, como se pregona en su periódico oficial y lo reiteran cuantas veces pueden. Lo triste es que hay muchas personas con sanas intenciones que secundan la propuesta, creyendo, siempre de muy buena fe, que con el desarme general los delincuentes serán los primeros en quedar hasta sin cortauñas, como deja la vigilancia del aeropuerto a los pasajeros. Los ingenuos creen que en cada escondite de las maras, de los comandos urbanos y de revoltosos, a la entrada de sus guaridas tienen los anaqueles donde las armas se colocan para facilitar a los agentes del orden recogerlas.

El problema es que los criminales esconden sus arsenales, como se demostró con el buzón de Santa Rosa y se ha visto en los muchos tatús descubiertos por el Ejército en los años siguientes a la agresión comunista de los Ochenta. Hay muchísimas personas de trabajo que guardan su arma en el armario, pero no habrá en el país un marero o asaltante que lo haga; lo usual entre ellos es enterrarlas, tener depósitos debajo de pilas, ponerlas en un hueco bajo el piso. Antes de cometer sus fechorías las sacan, las usan y las vuelven a esconder lejos de la mirada de los grupos de desarme que se visualizan.

Arma puede ser cualquier artefacto
Además hay otra consideración: que para un delincuente arma es cualquier cosa, como se demuestra con los seis ahorcados de esta semana en los penales. Los lazos no son “arma” en el sentido que lo entiende la honorable Comisión, como no son arma los cuchillos, los garrotes, las piedras y los machetes. Cualquier objeto contundente pueden utilizar los criminales, e inclusive fabricar trabucos y explosivos con sustancias y artefactos que se venden en las ferreterías. Como en el caso de los musulmanes ingleses que estaban complotando volar aviones con sustancias inflamables que se consiguen en las farmacias, tengan la seguridad estimados lectores que hay grupos revolucionarios que estudian nuevas armas de ataque contra nuestra indefensa sociedad.

Un lector nos expresa la angustia de ir a comprar a la tienda de la esquina, por los mareros que asuelan su vecindario. Para asaltarlo les basta un garrote o un cuchillo de cocina, no armas de fuego.


 

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