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EDH / Lissette Lemus |
Por Claudio Martínez,
enviado especial a Madrid
Foto Lissete Lemus
ElDiario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Getafe está en pleno auge. Tiene un centro comercial, el Getafe 3, modernísimo. Acaba de inaugurarse por aquí una nueva sucursal de cinco pisos del Corte Inglés, una cadena de tiendas al estilo Simán con mucha tradición. Además, Getafe tiene un equipo de fútbol que pese a ser modesto es dirigido por el renombrado Bernd Schuster –ex estrella del Madrid y del Barcelona- y acaba de contratar al Pato Abbondanzieri, portero de la Selección de Argentina. Como si fuera poco, hace un mes acaba de darle una lección de fútbol al mismísimo equipo de Capello y derrotarlo en la Liga. Esa modestia no les impide pensar en construir un nuevo estadio, en el que invertirían cerca de 180 millones de dólares-
Sin embargo, en este municipio pujante es tan difícil encontrar un lugar con Internet como en el propio desierto de Sahara. “No, aquí seguro que no encontrará”, dice la señorita encargada de informaciones del mall. “Y fuera de aquí tampoco le sabría decir, es que no vivo por acá”, explica alguien de seguridad. Más o menos similar será la respuesta de los otros. “Es que llevo una semana trabajando aquí”, argumenta uno. “A esta hora, difícil”, vaticina el de al lado.
Si los jóvenes salvadoreños no han logrado enviar un solo correo electrónico desde su partida de El Salvador en parte es por esa razón, no porque no tengan nada para contar. Eso seguro. Están incomunicados en el primer mundo. Porque el colegio Aristos donde están alojados no tiene teléfono en las habitaciones para hacer llamados y la única computadora con Internet está en la portería, donde la buena voluntad de Jesús o David, dos de los “chavales” que hacen turnos allí, nos permiten enviar las notas que se publican en El Diario de Hoy y elsalvador.com, medios oficiales de este viaje a Madrid.
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EDH / Lissette Lemus |
¿Cómo están los muchachos? Mejor, imposible. Los dos primeros días han sido tan intensos que no han tenido tiempo ni para darse un respiro. Cámara en mano, fotografían todo lo que está a su alrededor. Las cámaras digitales les permiten retratar cada uno de los momentos y almacenarlas en sus tarjetas, la mayoría con capacidad para 1,000 o 1,500 imágenes. Hay fotos de grupos, individuales, de edificios, de paisajes, de rótulos publicitarios, de gente que camina por las calles. Todo les resulta curioso, como quien está descubriendo un nuevo mundo. Rafael Chue, desde su tranquilidad, abre sus ojos ante todo lo novedoso, aquello que no existe en Izalco. Roberto Carlos, el inquieto muchachito de La Paz, Bolívar, no sale de su asombro. En cambio Javier Batlle y Javier Menéndez, un poco más acostumbrados a esto de viajar, lo toman con más calma.
Todavía no conocieron demasiado Madrid, pero ya la aman. Aún no han caminado por la Plaza Mayor o La Gran Vía, pero la mayoría dice que le encantaría “vivir aquí”. Y si es unos de esos edificios de apartamentos que se levantan frente al estadio todavía mejor. La visita al Bernabéu los dejó en shock. No esperaban un recibimiento así. No esperaban poder sentir lo que es pisar la grama –algo prohibido incluso para los que pagan los 12 euros que cuesta el tour por el estadio para los turistas- del estadio. Además, como a cada uno le regalaron una pelota todos pudieron demostrar sus habilidades en el verde césped, ante la mirada del mismísimo Ramón Calderón, presidente del club y dueño de un carisma increíble.
Seis de los muchachos, como si fuera poco, se vistieron de héroes. Fue cuando Calderón improvisó una definición por penales entre los salvadoreños y chilenos que tuvo como claro ganador a los cuscatlecos por 5-2. Por El Salvador ejecutaron con éxito Rafael Chue, José Luis Coto, Arturo Parada, Jonatan Aguila y Javier Battle. Y el portero Javier Menéndez se encargó de parar tres disparos de los chilenos, quienes eran dirigidos por un viejo conocido el fútbol de ese país: Leonel Herrera, ex jugador de Colo Colo que integró el equipo que obtuvo la Copa Libertadores en 1991.
Las impresionantes paradas de Menéndez despertaron el elogio del presidente Calderón, quien aseguró ante las cámaras de video –y esto quedó registrado para la posteridad- lo siguiente: “No cualquiera tapa tres penaltis en el Bernabéu. A usted me parece que no lo dejamos ir. Aquí tenemos al futuro portero del Madrid”.
En la tarde del viernes, el grupo hizo su primer entrenamiento en el campo de Alcobendas. Julio Alvarenga, el más bajito de todos, comentaba en el bus de regreso: “Tiene que poner que los chilenos nos tuvieron miedo, no quisieron jugar con nosotros. Perdieron en los penaltis y ahora no quisieron jugar un partido. Saben que les vamos a ganar”, comentaba con su eterna sonrisa.
Si el viaje terminara hoy, aún sin haber visto un juego del Madrid en el Bernabéu, todos igual regresarían satisfechos. “Ya me puedo morir tranquilo después de esto”, repetían los chicos. Otros aseguraban que era el día más feliz de su vida, lo que motivó el comentario de Carmen de Rusconi. “Muchachos, ¿y qué van a decir entonces el día que se casen o el día que tengan un hijo?”.
La licenciada Carmen los consiente a su manera. Después de la segunda cena, cuando advirtió que aquí en España las papas fritas se comen sin salsa de tomate y al pescado no le ponen limón, salió corriendo al supermercado. Volvió a las diez y media de la noche con una botella de salsa y un puñado de limones. En la próxima comida no les pasará lo mismo.
El grupo de salvadoreños arrasó en la tienda del Real Madrid y aprovechando el descuento del 15% que le hacían por ser parte de la fundación comprados camisas originales –las nuevas, con la publicidad de BenQ- y también algunos regalos para llevar.
Detrás de cada mirada hay una historia. La de Melvin Jovel y su obsesión por tomar fotos de todo, la perplejidad con la que Samuel Grande Alas mira las calles de Madrid desde la ventanilla del autobús, la aplicación que pone Julio Fuentes por tratar de interpretar todo lo que están por conocer o las cosas que dan vuelta por la cabeza del pensativo José Manuel Pacheco. Son demasiadas cosas en tan poco tiempo. Y sólo van dos días.

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