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Unidad nacional por la libertad
¿Será necesario evocar la pena de muerte?

Si acudiéramos a pedir la opinión de nuestro pueblo, en las calles y en los hogares amenazados, estoy seguro que se obtendría un cien por ciento de opinión a favor de la pena de muerte

Publicada 17 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Rúl Calvo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Digo evocar por lo que es recordar, traer algo a la memoria o tan sólo mencionar lo que en todos los tiempos y en todas partes, ha sido un mal necesario ante la eventualidad de embrutecimiento de algunos componentes de la sociedad, como nosotros lo estamos viviendo. En nuestro país se abolió la pena de muerte hace ya un buen tiempo, dejando únicamente en el Art. 27 de nuestra Constitución vigente que: “Sólo podrá imponerse la pena de muerte en los casos previstos por las leyes militares durante el estado de guerra internacional”.

Es interesante usar la imaginación y comparar lo que nos está pasando con una guerra internacional. ¿De dónde vienen los criminales que nos atacan en pandillas?¿Y los terroristas que han llegado incluso a atentar contra la vida del Ejecutivo? Bueno es cierto que la semilla de las maras es nuestro propio pueblo, que cultivada y abonada en el exterior, vuelve con las manos manchadas de sangre, a gozar de la indulgencia de nuestras leyes y a seguir convirtiendo nuestro suelo en un verdadero estado de guerra internacional.

Bueno vamos a citar de la misma Constitución el Art.29, que habla sobre el Régimen de Excepción de los Derechos y Garantías Funda-mentales de la Persona. En él se dice que: “En casos de guerra, invasión del territorio, rebelión, sedición, catástrofe, epidemia u otra calamidad general o de graves perturbaciones del orden público, podrán suspenderse las garantías establecidas en esta Constitución...” Estoy claro que el derecho a la vida establecido para todos en el Art. 2, no está contemplado en este Régimen de Excepción, a menos que se considere que nuestro caso es un estado de guerra internacional.

Espero no ofender a los interesados en que el desorden continúe, como es el caso de los políticos de izquierda, visibles o encubiertos, quienes se aprovechan de la confusión para culpar a sus oponentes de todo lo malo que aquí ocurre.

Por supuesto que una pena tan grave como la de muerte, sólo podrá imponerse por resolución de tribunal competente, luego que el imputado haya sido oído y vencido en juicio.

Es de esperar que se establezcan suficientes juzgados extraordinarios, para que depuren en el mínimo plazo, la enorme cantidad de delitos, merecedores de la pena de muerte. Para los que no creen en este remedio, drástico pero necesario, para eliminar los malos elementos que conviven a diario con todos nosotros, les invito a sugerir medidas similares como la cadena perpetua, que a la larga sale más cara por el costo de alimentar, vestir y curar a tanto delincuente. Sin embargo, aun con la creación de la Comisión para el Combate de la Delincuencia, recientemente nombrada, es necesario que todos aportemos nuestra opinión para solucionar el problema.

Si acudiéramos a pedir la opinión de nuestro pueblo, en las calles y en los hogares amenazados, estoy seguro que se obtendría un cien por ciento de opinión a favor de la pena de muerte, para tanto delincuente enloquecido por las drogas y el crimen organizado.

También al evocar Los Diez Mandamientos de la fe cristiana, no omito manifestar mi profundo respeto a todos y en especial el quinto, que ordena “No matar”. Es necesario comparar los distintos momentos en que se debe aplicar castigo tan riguroso. No es necesario tomar venganza con la propia mano. Yo estoy hablando de” pronta y cumplida justicia” En Guatemala, por ejemplo, el linchamiento público de los y las maleantes, sin juicio previo, no es deseable. Esperamos que las autoridades competentes como la Fiscalía y otros tribunales extraordinarios que se llegaren a establecer, cumplan con el clamor general para que cese la violencia.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

 

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