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The New York Times
La otra gueRra fría

Moscú. La “petropolítica” hace que a mayor aumento del precio del gas o petróleo disminuyan el libre mercado y la libertad de la gente


Publicada 16 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Misxxx. Foto EDH
Por Thomas Friedman
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

El Muro de Berlín cayó hace casi 17 años. En esa época, el futuro era claro: la caída del muro causaría una marejada incontenible de mercados libres y personas libres, y durante más o menos 15 años hizo eso. Hoy, sin embargo, cuando se está parado donde solía estar el Muro y se mira hacia el este, se puede ver una contramarea. Es una ola negra de “petroautoritarismo” que viene de Rusia, y está echando por tierra a la ola de mercados libres y personas libres.

¿Por qué? Rusia es un ejemplo de lo que a mi me gusta llamar “la Primera Ley de la Petropolítica”, que postula que el precio del petróleo y el paso de la libertad operan en una relación inversa en los estados “petrolistas”, esto es, estados con instituciones débiles y elevada dependencia al petróleo como fuente de su producto interno bruto. A medida que el precio desciende, el paso de la libertad aumenta. El día que la Unión Soviética se vino abajo, el precio del petróleo estaba en cerca de 16 dólares por barril. Y a medida que el precio del crudo aumenta, el paso de la libertad desciende. Hoy día, el Presidente ruso Vladimir Putin, rebosante de ingresos derivados del petróleo y el gas, está aplastando a opositores internos, renacionalizando grandes empresas de generación de energía y expulsando a grupos occidentales por los derechos humanos.

Cuando los europeos te dicen que ellos temen una nueva “Guerra Fría”, esta vez realmente piensan en la temperatura, y el temor de que Rusia, si quisiera detener el suministro de gas, podría causarles mucho frío a los europeos.

Con los elevados precios del crudo, Rusia ha pasado de ser el hombre enfermo al jefe. Está teniendo un impacto mayor sobre Europa occidental “con gasoductos en comparación con el que tuvo alguna vez con el SS-20”, los misiles nucleares de largo alcance, dice el alemán Josef Joffe, experto en política exterior.

“Hace 10 años, nosotros creíamos que Rusia ya estaba fuera”, afirma Joffe. “Sabíamos que iba a regresar. Pero, repentinamente, de la nada, con el aumento en los precios del petróleo, está de vuelta.

Lo que la Unión Europea (UE) quiere, explicó un preeminente funcionario alemán que pidió el anonimato, es ser capaz de invertir en más proyectos rusos de perforación en busca de petróleo y gas, aunado a oleoductos, para que, de esa forma, los intereses rusos y los de la UE estén tan entrelazados que Rusia nunca considere detener el suministro de gas. Putin quiere que Gazprom, la gigantesca empresa de gas rusa, sea capaz de comprar operaciones al consumidor en Europa. De esa forma, Rusia podría dominar la industria desde sus yacimientos de petróleo hasta los medidores de gas en Berlín y Bruselas. Justo ahora, ambas partes están en un tenso enfrentamiento de fuerzas.

“No podemos permitir que la energía divida a Europa como lo hizo el comunismo en alguna época”, afirma José Manuel Barroso, el presidente de la Comisión Europea. Pero lo está haciendo.

Con toda justicia para Putin, el radical giro es permitido. Después del colapso de la Unión Soviética y la debilitación de Rusia, Estados Unidos y la UE metieron por la fuerza la expansión de la OTAN a través de la garganta de Putin. Él, actualmente, usa el “petropoder” para devolver la presión. “Rusia es muy diferente de Venezuela o Arabia Saudita”, destacó Clemens Wergin, escritor de editoriales en el diario alemán Der Tagesspiegel. Rusia tiene armas nucleares y petróleo, subrayó, y por tanto tiene el potencial de desempeñar una participación más dominante en la esfera geopolítica en Europa.

Los alemanes no creen que Rusia esté por detener el suministro de gas si no obtiene lo que busca. Después de todo, nunca hizo eso durante la Guerra Fría y actualmente Rusia depende mucho más de los mercados occidentales. Pero, de cualquier forma, siglos de intranquilas relaciones entre Europa y Rusia inquietan a funcionarios alemanes con respecto al grado de dependencia que han adquirido hacia el Kremlin para calentar sus hogares y oficinas. Inquietos o no, saben algo con certeza: Rusia ya regresó. El hombre del gas ya vino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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