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Cinco premisas
La prioridad es la delincuencia

La población siente que la violencia no es de burbujas sino de costra ferruginosa, algo muy difícil de erradicar debido al largo tiempo enquistada en el tejido social.

Publicada 16 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Fue tan acertado, realista y sentencioso el análisis y diagnóstico sobre la situación social del país que hizo el embajador Douglas Barclay en Fusades, hace casi un mes, que todavía es tema obligado en entrevistas televisadas, artículos periodísticos, charlas de café, tertulias de familia y paliques de saunas. Causó estupor.

En mi caso --y posiblemente en muchos otros--- el asunto es más grave, pues además del estupor, me causó resquemor. Pues no puedo explicarme el motivo por el cual en nuestro medio aldeano la verdad de un discurso no depende de su argumentación lógica ni de la seriedad intelectual, sino de quién lo dice, cómo lo dice, por qué lo dice y para que lo dice.

O como expresa el dicho popular de que las cosas se toman de donde vienen. Es un fenómeno que lo deberían explicar los psicólogos sociales o los filólogos, pues alguien de estos especialistas dijo que el hombre es la más mísera de las criaturas, pero tiene el privilegio del lenguaje.

Luego de este introito quiero decir que el embajador Barclay dejó la impronta de su apellido en nuestra historia política, haciendo a un lado la rancia diplomacia. Siempre será necesario repetir las premisas de su sermoneo: 1) La responsabilidad prioritaria, ineludible, de cualquier gobierno democrático es garantizar la seguridad a las personas con la fuerza del Estado de Derecho; 2) El Gobierno no ha presentado hasta la fecha un proyecto de seguridad unificado, completo e integral para combatir la epidemia delincuencial; 3) El rezago del sistema de justicia ha ocasionado la impunidad de los delincuentes; 4) La incertidumbre jurídica afecta el desarrollo económico del país y 5) Los funcionarios (y empleados) públicos corruptos deben ser encarcelados y sometidos a la justicia.

La primera premisa es sumamente grave, molesta, dura porque entre todas las actividades que tiene un gobierno --que son muchas y variadas-- hay tareas que son prioritarias, forzosas e imprescindibles. Y si el político, gobernante, no cumple con su responsabilidad histórica, aunque cumpla con las demás tareas, el balance de su gobierno será negativo. En este momento, ahora y aquí, el problema fundamental es prevenir eficazmente la delincuencia, combatir a las organizaciones criminales y evitar la impunidad de los delincuentes. Es decir, que sobre cualquier otro valor está el valor la vida y la seguridad de las personas.

Pero, lamentablemente las autoridades no lo entienden así y, por eso mismo, se regocijan con el regalo multimillonario de la Cuenta del Milenio para la producción, abrir chorritos de agua y construir carreteras. Ha sido tanto el entusiasmo que no se reparó en la apostilla de John Hewco: Si hay corrupción, no hay más ayuda; advertencia que tiene como trasfondo los recientes y escandalosos casos de corrupción política.

No quiero decir que las obras de infraestructura no sean importantes, sino simplemente que debido a la crisis de violencia, crímenes, robos, allanamiento de moradas, extorsiones, narcotráfico y blanqueado de dinero, se hace necesario una reestructuración a fondo del sistema de seguridad pública, de la función fiscalizadora y de la contraloría y auditoría. Por ello, en lugar de más recomendaciones y parches sujetos con alfiler, la población demanda soluciones científicas, eficaces y expeditas (no hay que esperar más muertos como dice el editorialista del Diario) que garanticen su vida y su seguridad. Estamos igual que en Guanajato en donde la vida no vale nada.

Si un plan de seguridad no es posible, por lo menos se debería cambiar a muchos ministros del área de seguridad, que harían un mejor papel en una agencia de relaciones públicas o en una radio de “disc jockey”, que en el círculo cerrado de consejeros presidenciales. De haber contado los últimos gobiernos con expertos en seguridad la delincuencia jamás hubiera alcanzado las dimensiones monstruosas que tiene en la actualidad.

La población siente que la violencia no es de burbujas sino de costra ferruginosa, algo muy difícil de erradicar debido al largo tiempo enquistada en el tejido social. Y lo más grave es que la criminalidad se va transformando y van apareciendo nuevas formas y diversas modalidades de crimen. Por ello también la criminología va cambiando de enfoque y de metodología.

Una de las causas del aumento de la delincuencia es la explosión demográfica, un tema tabú en nuestro medio. Sin embargo, la delincuencia aumenta en relación directa con la población. Además existe el fenómeno de la migración de campesinos a las ciudades, lo que provoca hacinamientos proclives al delito. Otro factor criminógeno es el aumento de la población de menores de edad sin familia, lo que propicia la delincuencia juvenil.

*Columnista de El Diario de Hoy. carlos_sando1@yahoo.com

 

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