|
| Apuesta. Investigadores insisten en que
habrá menos fragilidad y se retrasará su aparición
si se tiene un control. Foto: EDH |
The New York Times
GINA
KOLATA
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Mary Wittenberg, la presidenta de 44 años de edad, de New York
Road Runners, es una corredora rápida, fuerte y experimentada.
Pero corre mejor, dice, cuando lo hace detrás de Witold Bialokur.
El puede correr 10 kilómetros en menos de 44 minutos, y se muestra
tan tranquilo como controlado.
“Es como un metrónomo con su paso”, dice Wittenberg.
“A menudo me esfuerzo por estar a su altura, y es un buen día
cuando lo logro”, dice Mary.
Aunque el desempeño de Bialokur pudiera ser la envidia de la mayoría
de los jóvenes, él no es joven. Bialokur tiene 71 años
de edad.
Es uno de los misterios persistentes del envejecimiento, dicen investigadores.
¿Por qué una persona, como Bialokur, siguen tan saludable
y vigorosa mientras que otra, que parecía igual de saludable, empieza
a debilitarse y desacelerarse?
Eso, dice Tamara Harris, quien es jefa de la sección de epidemiología
geriátrica del Instituto Nacional sobre Envejecimiento, es un tema
central que sólo ahora está siendo abordado sistemáticamente.
El interrogante es por qué algunos envejecen bien y otros no, a
menudo tomando un camino que termina en un estado médico conocido
como fragilidad.
La fragilidad, explica Harris, involucra agotamiento, debilidad, pérdida
de peso y una pérdida de masa muscular y fuerza. Es, dice, un pronóstico
sombrío cuyas causas eran poco comprendidas.
Interés
Ahora, sin embargo, los científicos están sorprendidos de
descubrir que, en muchos casos, un solo factor -una enfermedad cardiovascular
no detectada - a menudo es una razón importante para que la gente
se vuelva frágil.
Quizá no tengan los síntomas clásicos como un ataque
cardiaco o dolores en el pecho o un ataque de apoplejía, pero la
enfermedad cardiovascular pudiera haber bloqueado en parte las venas en
el cerebro o las piernas, los riñones o el corazón. Esas
obstrucciones, a su vez, pueden resultar en agotamiento o confusión
mental o debilidad o un paso lento al caminar.
Investigadores dicen que hay un rayo de esperanza en el descubrimiento,
si la enfermedad cardiovascular es central para muchos de los síntomas
de la edad avanzada, debería ser posible refrenar o retrasar, o
incluso prevenir, muchos de estos cambios atendiendo la condición
médica.
La iniciación de Eleanor Simonsick en los debilitamientos no reconocidos
del envejecimiento llegó con un estudio de investigación
que ayudó a diseñar. La cuestión era si la gente
mayor que es relativamente vigorosa también vive más tiempo.
Como epidemióloga del Instituto Nacional sobre Envejecimiento,
pensaba que era tiempo de analizar eso en forma rigurosa.
Así que ella y sus colegas reclutaron a 3,075 personas aparentemente
saludables mayores de 70 años que dijeron que podían caminar
400 metros sin problema y ascender un tramo de escaleras. A cada una se
le pidió que recorriera un corredor 10 veces, para una distancia
de 400 metros, manteniendo su ritmo y sin pararse a descansar.
Una cuarta parte de ellas no pudieron hacerlo. Y no sólo fue cuestión
de edad. La edad promedio de quienes pudieron hacerlo era de 73 años.
Igual que la edad promedio de quienes no pudieron.
Empeoró. “En los primeros dos años, una tercera parte
del grupo que pudo caminar los 400 metros dijo que estaba empezando a
tener dificultades”, dijo Harris. “Pensamos, ‘Oh, esto
es imposible”’. Pero era real.
El estudio
Los investigadores publicaron sus datos en el número de mayo de
The Journal of the American Medical Association concluyendo que no poder
caminar 400 metros en cinco minutos presagiaba problemas. Por cada minuto
posterior a los cinco primeros, el riesgo de morir en los siguientes cuatro
años aumentaba en un tercio, el riesgo de tener un ataque cardíaco
aumentaba en 20 por ciento y el riesgo de tener una discapacidad, en 50
por ciento.
A quienes les llevó más de seis minutos el recorrido tenían
el mismo riesgo de morir o de tener un ataque cardíaco que quienes
no pudieron recorrer la distancia, y el efecto era independiente de la
edad.
Eso llevó a la siguiente cuestión: ¿Enseñar
a la gente a caminar más lejos y más rápido pudiera
evitar que se volvieran tan débiles que difícilmente pudieran
caminar?
El doctor Jack Guralnik, jefe interino del laboratorio de epidemiología,
demografía y biometría del Instituto Nacional sobre Envejecimiento,
espera que así sea. Un nuevo estudio piloto que él ayudó
a dirigir encontró que, con entrenamiento, la gente podía
caminar más rápido, mejorar su equilibrio y levantarse más
fácilmente de una silla. Ahora quiere extender ese estudio para
explorar si ese entrenamiento ayuda a la gente a conservar su capacidad
para caminar y mejorar su salud.
Los investigadores insisten en que es poco probable que la enfermedad
cardiovascular sea la única causa de la fragilidad. La artritis
severa o la osteoporosis, por ejemplo, pudieran hacer que la gente fuera
más lenta y desencadenar el ciclo.
Los ataques de apoplejía, los infartos, el cáncer o varias
enfermedades pudieran provocar el síndrome de fragilidad. Pero
al explicar la fragilidad entre las personas aparentemente saludables,
las conclusiones sobre la enfermedad cardiovascular tuvieron sentido.
“En muchas personas, el caminar lentamente se debe al mal flujo
sanguíneo en las piernas”, dice la doctora Anne Newman, profesora
de epidemiología y medicina de la Universidad de Pittsburgh.

|