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Interventores intervenidos
La libertad de acción debe regir en todo ámbito, sean ONGs, empresas o lo que sea, ya que sólo así se respetan los planes de vida que individualmente se asigna cada persona
Publicada 15 de noviembre de 2006, El Diario de
Hoy
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| Juan José Garrido Koechlin*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Principio: cuando un socialista se enriquece, se convierte en capitalista acérrimo, y viceversa, cuando un capitalista empobrece, se transforma en un socialista intransigente. Advertimos desconcertados --empero, con agrado-- que los defensores del intervencionismo estatal hoy se conmocionan ante la intrusión del mismo en sus cuentas privadas.
Vemos a un enternecedor Hans Landolt --a quien sufrimos discerniendo sobre la supuesta “necesaria” intervención (aplicación de impuestos a las sobre-ganancias, mayor regulación, incremento de la rigidez laboral, et al)--, defendiendo a páginas llenas la “libre asociación” y la “libre contratación”.
¡Tragicómico! Ahora que el Estado decide intervenir en sus asuntos, gastos, y etcéteras, los otrora proponentes de la regulación e intervención en el mercado se convierten mágicamente al liberalismo clásico. Lo que estos señorones prueban --una vez más-- es que el socialismo es incongruente con la naturaleza humana; ergo, fracasará tantas veces sea replicado.
Según Landolt, la intervención del Estado en las cuentas de las ONGs podrá abrir el paso a futuras intervenciones en otros ámbitos. ¡Colón! El intervencionismo incita mayor intervencionismo, ya que los actores buscarán mecanismos de escape a la vigilancia estatal; luego, el Estado tiene que intervenir de nuevo a fin de bloquear dicha iniciativa.
Johny Lescano, el anti-capitalista por esencia e ignorancia, dice “no nos oponemos a la fiscalización, pero sí a que el Gobierno diga a las asociaciones civiles
lo que tienen que hacer, y en qué rubros lo tienen que hacer”. ¿Y si cambiamos “asociaciones civiles” por “empresas”? O sea, el Estado no puede decirle a las ONGs qué hacer, ¿pero sí a una empresa y a los clientes de la misma? Esa libertad de intercambiar, producir, y gastar que requieren las ONGs, ¿no será necesaria en el mercado de las telecomunicaciones, de la educación o del trabajo?
Los oenegistas resienten la palabra “armonizar” en el texto aprobado; un momento... ¡pero si ellos siempre han solicitado al Estado que “armonice” el mercado de trabajo! ¿Cómo así sus acciones no pueden ser “armonizadas”, pero la de los empleadores y empleados sí? ¿Será que por fin entendieron los problemas inseparables que se presentan cuando el Estado “armoniza” algo? Vaya.
No hay duda que los individuos actúan, y que cuando lo hacen, buscan pasar de una posición de menor satisfacción a una de mayor satisfacción. Empero, ¿no son esos los axiomas fundamentales del liberalismo? La libertad de acción debe regir en todo ámbito, sean ONGs, empresas o lo que sea, ya que sólo así se respetan los planes de vida que individualmente se asigna cada persona.
*Economista de la universidad de Austin, Texas.

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