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“América Latina superó la prueba de la democracia”

El secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, considera que la democracia en América Latina está atravesando un buen momento, y predice un buen futuro para las naciones del hemisferio. Insulza asistió al país en el marco de la XXXIII asamblea de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM)


Publicada 14 de noviembre de 2006 , El Diario de Hoy

Perfil
Elegido en secretario General de OEA en mayo de 2005, José Miguel Insulza asumió el cargo el 26 del mismo mes. El ex canciller de Chile tiene entre sus credenciales una destacada trayectoria en el servicio público en su país.

Al asumir el máximo cargo de la OEA para un espacio de cinco años, Insulza se comprometió a “fortalecer la relevancia de la Organización e incrementar su capacidad de acción”.

Es abogado de profesión y cuanta con una licenciatura en derecho de la Universidad de Chile.

Realizó estudios de postgrado en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y una maestría en ciencia política en la Universidad de Michigan.
Rafael Mendoza López
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Optimismo. Esa es la palabra que envuelve a las declaraciones del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza.

Para el diplomático, Latinoamérica atraviesa una fase de buena salud democrática, lo que provocaría que las necesidades de la población sean enfocadas con más detenimiento por los gobernantes.

Sin embargo, no le preocupa de ninguna manera el auge de los gobiernos de izquierda ni los de derecha, y advierte que las discusiones ideológicas están por debajo del clamor de los pueblos y sus necesidades.

¿Cómo evalúa la democracia actual en América Latina?

La gente vota, en las elecciones vota bastante gente, son bien participativas. Son muy competitivas, si se quiere, y bastante transparentes. Para nosotros, en ese aspecto, la democracia está funcionando ordinariamente bien, y eso es muy bueno. Creemos que ya no es muy razonable seguir hablando si hay elecciones democráticas en América Latina, es una cosa que ha sido superada. Ahora, falta ver los aspectos de la gobernabilidad, el ejercicio democrático del gobierno, que es algo que nos preocupa y vamos a seguir trabajando en eso. La adhesión de los ciudadanos a la democracia va a depender mucho de que los gobiernos son capaces de entregarle a la gente para la satisfacción de sus principales necesidades.

¿Cómo visualiza esa democracia dentro de unos años?

La democracia será estable. Ahora, dependerá mucho del crecimiento económico, de la distribución de la riqueza, del enfrentamiento a los principales temas sociales entre los cuales está incluido el de la seguridad. Pero creo que estamos en buen camino.

Usted ha señalado, en el caso de Nicaragua, que las ideologías no son peligrosas, sino el incumplimiento de políticas para suplir las necesidades...

No lo he dicho solo en relación al gobierno de Nicaragua, sino en relación a cualquier gobierno, a todos los gobiernos de la región. La política está para resolver los problemas de la gente, y la gente en democracia espera que sus problemas se los vayan resolviendo. Y ese es el desafío que tendrá el presidente (Daniel) Ortega, como lo tiene cualquier presidente. En una verdadera democracia, los gobiernos se evalúan si la gente sigue mejor después de ese gobierno.

¿Qué opinión le merece la emergencia de proyectos de izquierda en el sur del continente?

Yo no veo ninguna marea roja ni alteración. Yo no sé porque insisten en esto. Primero, porque iba a ganar uno, o porque iba pasar esto, porque en Colombia iba a pasar lo otro... Y la prensa se sigue preguntando si va a pasar, y no pasó. La prueba de la democracia en América Latina la superó bien.

¿Qué opina del triángulo que según analistas se ha formado entre Venezuela, Cuba y Nicaragua?

Dos de los tres países más pobres de la región están en ese grupo, creo que tiene suficientes problemas para intentar aventuras ideológicas en este tiempo. Creo que no es el tiempo de las aventuras ideológicas, y nadie las está ejerciendo.

Hay inquietudes en el caso de Venezuela de que un buen porcentaje del órgano electoral está dominado por chavistas. ¿Podría eso minar la democracia en ese país?

En Nicaragua decían lo mismo. Las quejas contra el tribunal electoral se han aplacado porque mostró un trabajo impecable durante la elección. Nosotros confiamos en él, le mostramos nuestro respaldo, trabajamos con ellos, se resolvieron los problemas. Con el de Venezuela esperamos lo mismo. No hay que prejuzgar respecto a la gente porque como sabemos en el tribunal electoral nicaragüense las cosas salieron bien.

¿La estabilidad que usted percibe en América Latina contribuye a que los temas pendientes, como la seguridad y la economía, sean asumidos por los gobiernos?

Yo espero que sí, porque finalmente son los que van a dar la medida del éxito o el fracaso de los gobiernos. No quién fue mejor teórico, o quién lanzó más diatribas en contra de alguien, sino quién fue capaz de resolver los problemas de la gente. Los gobiernos están para resolver los problemas de la gente.

¿Cuál es su apreciación sobre el reciente triunfo de los demócratas en las elecciones estadounidenses?

Mi versión es solamente descriptiva. La oposición ganó y obtuvo mayoría, nada más que ahora el presidente (George) Bush tendrá que hacer una política de más acuerdo con la oposición que tenía ahora, y enfrentar algunos temas con América Latina. Por ejemplo el tema de la migración podría resultar favorecido, porque desde antes las posturas del gobierno se parecen a las que han sustentado los líderes demócratas. Es bien sabido que el presidente Bush no está totalmente de acuerdo con las políticas que sustentaba la gente de su partido, que más bien tuvo que asumir una conducta por razones electorales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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