x x

elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Breve Análisis
Daniel Ortega y el sector privado

El sector privado nicaragüense intentó modernizar a su país y debe seguir trabajando en esa dirección. Sin embargo, en el futuro, sus estrategias políticas deberán incluir al resto de fuerzas antisandinistas.

Publicada 13 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Existen muchas lecciones sobre la victoria de Daniel Ortega en las recientes elecciones presidenciales de Nicaragua. Una de las más importantes de ellas es la siguiente: no se puede reinventar a la sociedad política de un país excluyendo a la mayoría de fuerzas políticas. En Nicaragua, por ejemplo, el sector privado de ese país intentó reinventar a la sociedad política nicaragüense, excluyendo a dos actores muy importantes: al líder liberal Arnoldo Alemán y al líder sandinista, Daniel Ortega.

La estrategia del sector privado consistió en fortalecer al gobierno del actual presidente, Enrique Bolaños, y apoyar la formación de una nueva fuerza política dirigida por el ex ministro de finanzas, Eduardo Montealegre. El problema con esta estrategia es que no reconocía una evidente realidad política: Que Nicaragua es un país de caudillos y que Ortega y Alemán eran producto de esa cultura.

Al sector privado nicaragüense le molestaba enormemente y con mucha razón, la corrupción de Alemán y el historial revolucionario de Ortega. Sin embargo, no reconocieron que esos temas no les interesaban ni les molestaban a la mayoría de nicaragüenses.

Es decir, los empresarios nicaragüenses y sus asesores internacionales querían crear una sociedad moderna (con instituciones fuertes y racionales), sin reconocer que Nicaragua se asemeja más a una sociedad tradicional, donde los caudillos, las emociones y los pactos son las formas típicas de acceder al poder.

En Nicaragua, los actores de la sociedad tradicional son demasiado fuertes y no se puede hacer una reingeniería política sin tomarlos en cuenta, por lo menos parcialmente.

Nicaragua no puede transformarse en Suiza de un día para otro; este es un proceso largo y complejo que tomará mucho tiempo. Por lo tanto, los actores que impulsan la modernización de un país deben reconocerlo y entender que, en ciertos momentos, tendrán que llegar a acuerdos con los mismos actores políticos que desean eliminar.

La estrategia y visión de país del sector privado de Nicaragua se tradujo en distintos cálculos electorales. Su principal resultado fue que se fortaleció la candidatura presidencial de Eduardo Montealegre y se despreció la candidatura presidencial de Jose Rizo, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). La premisa de esta decisión partía del supuesto que el PLC iba a colapsar en el corto plazo. Sin embargo, el PLC es producto de la tradición de caudillos y carisma que Nicaragua siempre ha tenido. Por ende, el PLC, a pesar de enfrentar el bloqueó de todo el sector privado, logró sobrevivir y mantuvo gran parte de su votación histórica.

El resultado de esta estrategia electoral fue la división del histórico voto antisandinista: el PLC obtuvo el 26% de los votos y la coalición de Eduardo Montealegre el 29%. Por ende, la victoria de Daniel Ortega es tanto producto de su propia disciplina y organización partidaria, como de los errores de sus rivales.

En el caso de El Salvador, una estrategia electoral igualmente fallida y problemática sería una que no reconozca que Will Salgado es una fuerza real en San Miguel y en el oriente del país. El diseñar una estrategia electoral bajo el supuesto que Will Salgado va a colapsar por falta de dinero es simplemente un sueño. El PLC, al igual que Will Salgado en El Salvador, reflejan una realidad política y reconocerlo es simplemente sentido común.

El sector privado nicaragüense intentó modernizar a su país y debe seguir trabajando en esa dirección. Sin embargo, en el futuro, sus estrategias políticas deberán incluir al resto de fuerzas antisandinistas y no sólo a las que son afines a ellos. La victoria de Daniel Ortega es una historia llena de errores por parte de sus rivales. Esperemos que su gobierno no sea una continuación de lo mismo.

*Columnista de El Diario de Hoy
.


 

elsalvador.com WWW