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Nota del día
Falta hoy azúcar pero sobrará mañana

El consumidor está atento a los pesos, confía en los fabricantes de prestigio y deja de frecuentar los establecimientos donde le engañan, además de contar a vecinos, familiares y amigos sus problemas, lo que no abona a la prosperidad de comerciantes poco cuidadosos en sus tratos con el público

Publicada 14 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En las pequeñas tiendas de barrio la venta de algunos productos a granel se hace por peso: la dependiente toma una bolsa plástica, la llena de azúcar o frijoles, la coloca sobre una báscula y de acuerdo al peso fija su precio.

Pero más y más hasta en pequeños cantones lo que se vende viene ya empacado y el precio se determina no bolsa por bolsa, sino promediando el peso de cada pedido (o furgón o camionada) entre el número de bolsas y el costo total; el cliente que recibe un poco menos en su bolsa, balancea al que recibe un poco más; a lo largo de un lapso, la ley de las probabilidades hace que salga parejo en la relación cantidad/precio.

Pero un hecho tan simple no lo alcanza a entender la Camarada Comisionada de la Defensoría del Consumidor, no porque le falte inteligencia sino por partir de un análisis marxista que le impide ver esas simples realidades.

Los de la Defensoría imaginan que los centenares de miles de bolsas de azúcar, de tambos de gas, de cajas de cereal, etcétera que se expenden en el país, son empacados uno a uno, artesanalmente, siguiendo un rígido criterio: roben un poquito de cada artículo, estafemos al cliente y acumulemos más ganancias, o en la terminología marxista, increméntese la plusvalía que se esquilma a los consumidores.

Con tantas necesidades que hay en el país, se gastan grandes presupuestos y se ocupa a mucha gente para andar de arriba abajo del territorio pesando artículos envasados por máquinas y midiendo lo que dispensa una bomba de gasolina. Pocas cosas regocijan más a esa inútil burocracia, que encontrar diferencias y poder así imponer altas multas y además amenazar a los comerciantes de que la próxima vez que incumplan con la ley decretada casi por consenso, se considerará clausurar sus establecimientos.

La Camarada Comisionada ha llegado a decir que “hasta los diputados de la oposición apoyan la ley”, pero no menciona que fueron comunistas de la UES los padres del engendro. ¡Un gobierno de derechas aplicando manu militari ocurrencias paridas por la extrema izquierda!

Las ocurrencias dañan, no protegen

Lo lamentable, además del atropello que vienen sufriendo muchos comercios y empresas del país, es que se alimenta la idea de que si no fuera por las inspecciones, exámenes y básculas de la Defensoría, las empresas del país y del exterior desollarían vivos a los pobres compradores de bienes y servicios. En vez de dejar en manos de agrupaciones privadas la vigilancia y las sanciones a quienes no cumplan con sus deberes éticos (como el Better Business Bureau en Estados Unidos), la Camarada Comisionada encarga estudios y trabajos a los camaradas marxistas de la UES para sus cacerías de brujas.

En última instancia y como lo advierte un proverbio romano, viejo en más de dos mil años, es el consumidor quien tiene que cuidarse de lo que compra (“caveat emptor”). El consumidor está atento a los pesos, confía en los fabricantes de prestigio y deja de frecuentar los establecimientos donde le engañan, además de contar a vecinos, familiares y amigos sus problemas, lo que no abona a la prosperidad de comerciantes poco cuidadosos en sus tratos con el público. Es la competencia, no los comisionados, la que mejor protege las clientelas.


 

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