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| Afectados. Varios pacientes enseñan la caja del fármaco que recibieron la semana pasada en el MQ. Foto EDH |
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Yamileth cáceres/A. Silva/J.R.
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El año pasado, una serie de campos pagados salpicó los medios de comunicación escritos. Detrás de ellos, la Asociación de Trasplantados Renales de El Salvador (ATRES) y CKD Bio, un laboratorio de Corea del Sur, fabricante de la Ciclosporina CIPOL-N, expresaban opiniones contrapuestas sobre ese medicamento, cuya función es evitar que el cuerpo de un enfermo trasplantado rechace el nuevo órgano.
En la última semana, los argumentos en favor y en contra de esa medicina han pasado del papel a los pasillos del Hospital Médico Quirúrgico del Seguro Social, el centro donde se realizan los trasplantes y se da el tratamiento a los pacientes.
Tras el impasse de la huelga del STISSS, no todo ha vuelto a la normalidad. Los enfermos de riñón, al igual que nefrólogos como el jefe del programa de trasplante renal del Seguro Social, Benjamín Ruiz Rodas, externaron su preocupación por la decisión administrativa (y no médica) de recetar ese fármaco coreano a los 350 pacientes, todos los que viven con un riñón donado.
Hasta entonces, un “acuerdo” de 2005 entre la administración y los especialistas había restringido su uso a los nuevos operados, unos 30 ó 40.
Ese temor se justifica en un estudio realizado por el propio Benjamín Ruiz Rodas, donde el fármaco que hace más de un año llegó para “competir” con la Ciclosporina Neoral, el medicamento original, tiene una tasa de rechazo tres veces más alta. “Con eso me refiero a que una parte de la función del riñón que se trasplantó se pierde, si bien (el grado) depende de qué tan fuerte sea el rechazo”, apunta Rafael Chávez Díaz, presidente de la Asociación de Nefrología de El Salvador, quien cuestiona al ISSS por “dar un medicamento que no es de buena calidad”.
El informe, presentado este año en el Congreso de Nefrología de Centro América y del Caribe, evidenció que siete de los 20 pacientes tratados con CIPOL-N presentaron algún tipo de daño en el riñón.
El paso inmediato fue el cambio del tratamiento, volver a la medicina original para que, como dice Chávez Díaz, “no pierdan el riñón donado y tengan que volver a la diálisis”.
Alex Antonio Mendoza es uno de esos siete que le pone nombre y apellido al problema. Originario de San Luis La Herradura, en La Paz, fue trasplantado el 16 de marzo de 2005. Empezó con el Neoral hasta que un día le cambiaron al otro. “Sentía malestares, estaba débil y se me subía la presión, recaí varias veces en los tres meses que tome ese medicamento”, aseguró Mendoza.
La semana pasada se llevó una sorpresa: la farmacia sólo despachaba la Ciclosporina CIPOL-N. “Se había agotado la otra”, escuchó por respuesta. La misma que otras 15 personas que iban por la receta.
“No agarré el medicamento, no lo voy a tomar”, expresó el señor, aún a sabiendas que carece del dinero para comprar el otro, el original. Una caja para 15 días anda por los $400.
Marta viuda de Rodríguez, madre de un paciente renal, estaba en ese grupo. A su hijo lo trasplantaron el 3 de mayo de 1999. En siete años era la primera vez que le cambiaban el tratamiento. No sabía qué hacer.
Los pacientes desconfían del medicamento. Algunos porque lo han probado y temen los efectos secundarios; otros por lo que oyen de sus compañeros. “Me cae mal, me pega vómitos y me sube la creatinina”, contestó José Leonides González, quien sabe perfectamente que esa proteína es la señal de que algo va mal. Sólo aguantó seis días; al séptimo, asegura, lo devolvió al ISSS.
Durante los 20 años del programa de trasplante renal, a los pacientes que se trasplantaba, se les prescribía el fármaco original para que el cuerpo no rechazara el trasplante. Hace un año, el 14 de noviembre, el Consejo Directivo del ISSS avaló la compra, sugerida por la anterior administración, de 1,920 frascos del genérico coreano por un monto de $247 mil. La adquisición vino marcada por debates en el consejo y la oposición, ante la falta de estudios sobre su calidad, de los nefrólogos. En las actas, los miembros del ISSS se comprometían a hacer los estudios “para comprobar si es efectivo o no, en pacientes”. La compra estaba hecha.
Hoy, según parece, toca gastarlos y rápido para evitar el vencimiento. El Seguro Social, como confirmó Chávez Díaz, “les está cambiando a todos al coreano”. El especialista aclara que no exige el original, pero sí uno que “prueben que es bueno”.
Según el ISSS, el medicamento foráneo se reparte a todos los pacientes trasplantados hace tiempo y desconocen casos de rechazo. Esa afirmación contrasta con el grupo de entrevistados, muchos de los cuales recibían el fármaco por primera vez. Nelson Nolasco Perla, director del ISSS, añadió que “la obligación que tenemos es proporcionar la ciclosporina, no importa cuál tengamos”.
En la clínica aseguraban que no había en existencia. No obstante, entre febrero y octubre, el Seguro Social compró 2,244 frascos del Neoral. “Como mínimo hay 1,500 en existencias”, dijo personal de almacén.
Farmavida, la droguería distribuidora en el país, dijo que hasta el miércoles podría dar su opinión. En los campos pagados, la firma CKD Bio desmiente que la tasa de rechazo sea mayor al del producto original.

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