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Las ventas curiosas del centro

San Salvador. La necesidad de cientos de personas las ha obligado a buscar las alternativas para paliar la situación. Un recorrido hecho en la capital mostró el ingenio de aquellos que ofrecen de todo


Publicada 13 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Barquillos. Durante más de dos décadas, esta mujer se ha dedicado a la venta de bolsas con barquillos, con lo cual se gana el sustento diario de su familia. Los niños son sus principales clientes. Foto: EDH
Mauricio Martínez
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

La venta de piedras pintadas, cuadernos de madera, pequeños cactus y hasta actos de malabarismo son algunas de las actividades que realizan personas que buscan ganarse el sustento diario en el centro de San Salvador.

En medio de un mar de personas que gritan la venta de pantalones, zapatos y otros productos comunes, sobresale Cristina Guerrero, una mujer de pelo canoso que, sentada en un pequeño banco, ofrece sobre objetos de madera, monedas y antiguos billetes de colón, entre otras antigüedades.

Así como Cristina, son varias las personas que en el centro capitalino se dedican a vender cosas extrañas. Este tipo de ventas se caracteriza por salir de lo común.

Sonia Pérez, una mujer que desde los diez años se ha dedicado a las ventas informales junto a su madre, es una de ellas.

Ingenio. El payaso “Gusanito” ha vendido durante los últimos siete años animales formados con globos. Cada uno $0.25 centavos . Foto: EDH

En una de las esquinas del Palacio Nacional, Sonia vende desde hace dos meses aves hechas a base de productos del mar.

La variedad de periquitos, tortolitas y demás pájaros que ofrece ha sido creada con conchas, caracoles, ostras y hasta con esqueletos de peces con precisión, a fin de lograr detalles.

Otros por ejemplo, se dedican a grabar nombres en granos de arroz y madera; hacer animales con globos, a vender gaseosas sacadas de un litro a $0.25 y hasta a traducir canciones.

Los anteriores casos, son sólo una muestra del ingenio que tienen algunas personas para arreglárselas y lograr el ingreso económico para subsistir.

Estas personas son merecedoras del tradicional dicho popular “un salvadoreño siempre se rebusca”.

 

 


El oficio de tallar nombres en tablillas

Destreza. El extranjero Orlando Cuyuch se dedica a tallar nombres y apodos en pequeños llaveros de madera. Foto: EDH

Orlando Cuyuch Abac, un hombre oriundo de Guatemala, quien hace 20 años llegó a El Salvador, ha gravar cientos de nombres de salvadoreños en tablillas de madera.

Sentado a un costado del Palacio Nacional, dejó la venta de colchas chapinas por su negocio actual.

Y es así como las últimas dos décadas, se ha dedicado de lleno al comercio informal en las calle de San Salvador.

El guatemalteco se dedica a la elaboración de llaveros, cuadernos y demás productos a base de madera, técnica que aprendió en su país natal.

Según Orlando, es de este negocio, donde ha podido sacar el sustento diario para él y su familia durante los últimos cuatro años.

Aseguró que para tallar un nombre se tarda unos cuatro minutos y que cada día vende desde 10 a 15 llaveros con diversos nombres y apodos. Cada llavero cuesta un dólar.

Al igual que otras personas, Orlando forma parte de los vendedores de productos curiosos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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