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Breve Análisis
Más enfoque sistémico contra delincuencia

El movimiento que se está gestando en el país para enfrentar la delincuencia al menos hasta el momento, me parece limitado porque los males de la nación van mucho más allá de este flagelo

Publicada 13 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Rodolfo Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En El Salvador poco falta para que los asegurados y beneficiarios se tomen por asalto los consultorios y hospitales con el propósito de echar de una vez por todas a los sindicalistas que obstaculizan, de tiempo en tiempo, el otorgamiento de los servicios. En realidad es increíble que un grupo de empleados, de suyo atiborrado de prestaciones, causen tanto daño en términos de suspensión de consultas, operaciones quirúrgicas y cientos de procedimientos diversos.

En las últimas semanas han surgido clamores por la forma en que se maneja el problema de la delincuencia y situaciones como la arriba planteada, además de otras tantas: bloqueos de importantes vías, batallas campales causadas por inconformes, invasión de calles por el comercio informal y las protestas vandálicas. Probablemente uno de los señalamientos más contundentes fue el del Embajador de los Estados Unidos, que en otras palabras quiso decir: “Ya es hora que hagan algo y si lo van hacer, háganlo ahora, es inaguantable la situación a que se ha llegado”.

Pocos días después ANEP hizo otro tanto y señaló debilidades heredadas en el sistema judicial, luego la Iglesia Católica y pastores de otras iglesias puntualizaron la facilidad con que actúan los antisociales, la inoperancia de algunas medidas y la necesidad urgente de rescatar los valores morales que se han perdido hace mucho tiempo.

Pero lo interesante es que personeros del mismo gobierno han manifestado que las “manos duras y súperduras se quedaron en la fase policíaca, porque los casos no prosperan en los tribunales”. Los hechos apuntan hacia la ausencia del enfoque sistémico y del método científico para tratar los problemas sociales. En efecto, cuando se concibieron las políticas antes citadas, nadie pensó en formular un sistema integrado que incluyera la ciudadanía, la Fiscalía y los tribunales. Naturalmente los resultados fueron magros, además del desgaste y enorme frustración de la PNC.

El Salvador no es un país con tradición para cumplir los marcos normativos y en más de una ocasión se ha dicho que la producción de leyes se puede medir por arrobas y el cumplimiento de las mismas por miligramos; no obstante, los legisladores parecen haber sucumbido en la misma vorágine, porque pocos o ninguno se preocupa por crear mecanismos que garanticen el cumplimiento de las disposiciones. Hacer leyes que no se acatan es trabajar a medias, sería como un cirujano que se contente con extirpar un apéndice inflamado y se le olvide cerrar la herida operatoria. ¡El trabajo hay que hacerlo completo!

El movimiento que se está gestando en el país para enfrentar la delincuencia al menos hasta el momento, me parece limitado porque los males de la nación van mucho más allá de este flagelo.

Para el caso, me llama la atención que una de las medidas que se mencionan, y que por cierto no es la primera vez, es “actuar con cero privilegios”. Esta frase suena hueca ante gran cantidad de ejemplos que demuestran lo contrario, además de que en la misma Asamblea Legislativa, que debería de dar el ejemplo, el compañerismo se demuestra tapándole “las movidas” al compadre, amigo o socio. Y que la intervención telefónica que tanto podría ayudar en la lucha contra el crimen, también enfrenta oposición en la Asamblea, porque algunos diputados argumentan que las escuchas telefónicas se podrían ocupar para otros fines.

Se menciona un anteproyecto de ley como parte de una política criminal integrada que antes del tiempo está produciendo dudas, la gente se pregunta por ejemplo si se trata de una nueva concepción suiza para habitantes de Haití, si es sólo “apaga fuegos” o una solución de fondo. ¿De qué podrían servir los tribunales especiales si los métodos de investigación continuarán siendo anacrónicos? Asumiendo que los jueces cumplirán sus funciones a cabalidad ¿a dónde van a meter los diez mil o más nuevos reclusos si el sistema penitenciario no da para más? ¿Y el resto de los tribunales continuarán con los más de 70,000 juicios pendientes?

Para hacer las cosas bien desde el principio, enfocando el todo y fijándose menos en los parches y sobre todo para evitar remendar entuertos a la vuelta de un año o menos, mi sugerencia es pedir ayuda a instituciones prestigiadas del extranjero, a fin de enfrentar el problema con menos pasionismo y más fundamento científico, utilizando por supuesto las tecnologías apropiadas.

* Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.


 

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