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| Empate. Luis Cristaldo y Renato, en el juego por las eliminatorias 2006: fue 1-1. Foto EDH |
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Víctor Zelada Uceda
El Diario
de Hoy
deportes@elsalvador.com
Si un país en el fútbol moderno ha recibido quejas por jugar en un estadio determinado, ese ha sido Bolivia. Y no sólo eso, laFIFA lo tuvo en la lupa tres veces (1994, 1997 y 2004).
Sin embargo, los sudamericanos han sabido defender que no existe ningún riesgo en la salud por jugar en el estadio Hernando Siles, en La Paz, ubicado a 3,600 metros sobre el nivel del mar.
La primera mirada de desconfianza hacia el fútbol boliviano quedó evidenciada tras su clasificación a la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994.
Su participación en casa fue infalible, pues ganó los cuatro encuentros. Sus víctimas fueron Brasil (2-0), Uruguay(3-1), Ecuador (1-0) y Venezuela (7-0). Pero los detractores no alardearon mucho. Y sólo habría que esperar tres años más tarde.
Pasarella y Blatter
Bolivia fue designada por la Confederación Sudamericana de Fútbol como el anfitrión de la Copa América de 1997.
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| Coliseo. El Hernando Siles colmado de público. Nadie se atreve a jugar allí si no es por obligación. Foto EDH |
El calendario de juegos lo benefició y nunca cambió su sede de La Paz por otra. Daniel Pasarella, técnico de Argentina durante ese torneo, se quejó de la altura.
Asimismo lo hizo en las eliminatorias para Francia 1998. “Ni viviendo aquí 75 meses podrían aclimatarse mis jugadores”.
Sus palabras sonaron como un duro golpe en la población local. Y no era la primera vez.
La FIFA tuvo en remojo vetar o no la casa sagrada de Bolivia por segunda ocasión. El suizo Joseph Blatter, presidente de esta entidad, visitó La Paz en 2000, pero un comentario suyo se inmortalizó: “Yo nací entre las montañas. Mi pueblo en Suiza está frente a los cerros más altos de Europa. Por eso la altura no me da miedo”.
Las amenazas para que Bolivia cambiara de sede tuvo una respuesta casi unificada en los ciudadanos altiplánicos. Su ex presidente, Carlos Mesa, en su momento fue uno de los artífices de la defensa de La Paz como sede en juegos oficiales de eliminatorias mundialistas, expresó: “Sólo Dios puede decidir dónde puede vivir el hombre y allí podrá jugar al fútbol porque es un deporte universal”.
La FIFA no daba su brazo a torcer y desde la Federación Boliviana de Fútbol se evitaba dar declaraciones, pero el entonces presidente de la Federación, Walter Centeno, dijo: “La ciudad de La Paz no se toca”.
Fuego en la boca
La hoguera ardió más cuando el jugador boliviano Ronald Raldes comentó: “El tema de la altura siempre va a afectar a quien juega. Lo que hay que hacer es tratar de no pensar en eso y olvidarse en la cancha”, expresó.
Pero quien se pasó de la raya y no midió sus palabras fue Ronaldo, jugador brasileño al servicio del Real Madrid.
Para las eliminatorias del 2005, cuando Brasil visitó La Paz en septiembre, el DT Parreira, evitó llevar a ese choque a sus estelares Ronaldinho, Roberto Carlos, Kaká y Ronaldo. El temor por las alturas se disfrazó, pero Ronaldo atacó La Paz un día después del empate 1-1: “Es inhumano jugar en La Paz. La FIFA debería prohibir jugar tan alto”.
Entre el tira y encoge, la FIFA por fin cedió a la presión y emitió un comunicado el 31 de mayo de 2005. Su Comité Ejecutivo autorizó a disputar sus partidos de eliminatoria en La Paz. Los sudamericanos aceptaron las condiciones: asumir un seguro para todas las delegaciones que allí jueguen y facilitar a los equipos que aclimaten a sus jugadores.

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