| Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
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Hoy parece que el objetivo y el fin que todos persiguen es hacer la vida fácil, con el mínimo esfuerzo, buscar un trabajo suave, estudiar sin tener que pensar mucho, procurarse el dinero fácil, camino directo hacia el narcotráfico, lavado de dinero y otras acciones ilícitas.
Hay una editorial dedicada a resumir las obras clásicas de la literatura, como La Ilíada, La Eneida y El Quijote, que en el prólogo de La Divina Comedia, cínicamente expone su objetivo de “facilitar al estudiante la lectura, y evitarle el problema de leer el texto original”.
Osadía de la ignorancia, que califica de incomprensible el léxico de Dante, reseña El Quijote en una pobre versión del genio de Cervantes y mutila Platero y Yo, considerando que algunos de los capítulos de Juan Ramón Jiménez, están de sobra.
Triste sistema pedagógico de quitar problemas al estudiante, en lugar de enseñarle a resolverlos; de facilitarle las cosas, cuando en el futuro le ocurrirá todo lo contrario, ya que la vida tiene cara de chucho. Pero el siglo XXI parece tener como única meta el hedonismo, que es el rechazo a sufrir y a tener dificultades, dejando de lado la adquisición de virtudes que, como la fortaleza, la constancia y la reciedumbre, son indispensables para fortalecer la voluntad.
La vida falsa que ofrece el cine, la TV y los anuncios publicitarios de hacer el mundo a su medida; de que una marca de cigarrillos les hará triunfadores; que un estilo de zapatos o un tinte de pelo hará el milagro de conseguir a las jóvenes un espléndido novio del “jet set”, elegantemente vestido, con carro del año, que siempre encuentra estacionamiento frente al exclusivo restaurante, son una muestra del falso escenario que se ofrece a una juventud que ingenuamente se lo cree.
Como contraste, hay once reglas atribuidas a Bill Gates, que parecen estar escritas con dedicatoria para esta juventud ansiosa de disfrutar ese falso mundo de fantasía.
“1) Acostumbrarse a que la vida no es justa, cuando se quejan de que no es justo, si se les pide un favor o se les impone una tarea.
2) Que si califica a su maestro como difícil, verá lo que le espera con un jefe ingrato.
3) Que la TV no es la vida real, donde pasará más tiempo trabajando que en la cafetería.
4) Que sea amable con los “nerds” porque a lo mejor le toca trabajar para uno.
5) Que al graduarse no tendrá un alto sueldo ni carro del año, hasta después de muchos años de duro esfuerzo.
6) Que trabajar limpiando carros o vendiendo hamburguesas no daña su dignidad, sino que le hace más hombre.
7) Que si algo le sale mal, no es culpa ni de sus padres o maestros, sino suya.
8) Que aunque exista la promoción automática y nadie reprueba, en la vida real no habrá contemplaciones, a no ser que demuestre ser capaz.
9) Que más importante que salvar a las focas o a las lechuzas sin hogar, es mantener limpio y ordenado su propio cuarto.
10) Que la vida no está dividida en ciclos y los jefes no están para ayudar a superar frustraciones, sino que hay que hacerlo por cuenta propia.
11) Y finalmente, que en este mundo exigente y competitivo, nadie se preocupará por su autoestima ni si se siente bien consigo mismo”.
Quizá suene duro, pero servirá para abrir los ojos a la realidad a tantos jóvenes que están creciendo en un falso mundo de juego, lujos, placeres y diversiones que ahora son pagados por sus padres, pero son la peor escuela para lo que les espera en el futuro.
El sentimentalismo impera sobre el razonamiento al pretender evitarles problemas y no enseñarles a ganarse, con su esfuerzo personal, lo que la dura realidad les hará pagar muy caro. Urge enseñarles a practicar la fortaleza, la sobriedad y la perseverancia para superar el fracaso y convertirse en hombres y mujeres capaces de volar con alas propias y enfrentar las dificultades que la vida les depare.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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