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Tratamiento. La Lic. Gina Rivas Milla le coloca
una terapia a María Teresa Sosa de Centeno, que tiene 32
años de ser diabética. |
Florencia Couto
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Aún cuando la causa de la diabetes es un misterio, hay determinados
factores genéticos y otros, como la obesidad y la falta de ejercicio,
que parecen jugar un rol importante.
Generalmente, la diabetes tipo 1 se diagnostica en la infancia, cuando
el cuerpo no produce o produce poca insulina y se necesitan inyecciones
diarias de ésta para sobrevivir.
Por otro lado, el tipo 2 es mucho más común y corresponde
aproximadamente al 90% de todos los casos y generalmente se da en la edad
adulta. En algunos casos esta última también requiere de
insulina.
El problema de esto es que una vez se llega al diagnóstico muchos
optan por no aceptarlo porque escucharon en algún lugar que personas
tratadas con insulina perdieron la vista o sufrieron una amputación,
explica María Teresa Sosa de Centeno, diabética tipo 1 e
insulino dependiente desde hace 32 años.
“Lo más lindo de la insulina es que, cuando me la pusieron,
comencé a sentirme bien”, destaca María Teresa, quien
despoja el mito que gira alrededor de la insulina al afirmar que no le
hace daño a la gente.
En el mismo sentido, la Dra. Ivania Martínez Novoa, endocrinóloga
de la Asociación Salvadoreña de Diabéticos (Asadi),
cuenta que la gente cree que lo que arruina la vista es la insulina, cuando
en realidad lo que ciega es la diabetes. “Lo que ocurre es que coincide
la disminución de la vista cuando ya usamos la insulina. Pero lo
que ha pasado es que la insulina debió empezar a usarse antes,
para evitar eso”, expone la doctora.
Conocer el cuerpo
Otro tema que rodea la diabetes es que muchas personas desconocen que
tienen la enfermedad. De hecho, en el país se estima que hay alrededor
de 600 mil diabéticos y muchos no lo saben.
“Se descubre por un montón de cambios que se dan en el cuerpo:
mucha sed, pérdida de peso, visión borrosa, desánimo,
cansancio y una serie de cosas, que no siempre son las mismas”,
manifiesta Sosa, quien enfatiza que la gente debe conocer su cuerpo para
darse cuenta de estos cambios y poder controlarlos una vez les llega el
diagnóstico. “Esta es una enfermedad que no mata de un solo,
mata de a poco. Y se va haciendo más grave. Requiere mucho empeño,
conocerla y de aceptación”, destaca.
Ella la descubrió a los 15, al poco tiempo de la muerte de su abuelo,
a quien apreciaba mucho. “De chiquita me gustaban los dulces”,
recuerda y confiesa que en su casa nunca le dijeron que tenía que
cuidarse porque sus abuelos eran diabéticos. “Era inminente”,
reafirma, esta madre.
Al respecto, testifica entusiasmada que su hijo “es un milagro”,
porque sabe que las diabéticas tipo 1 presentan escasos embarazos
y más partos de mortinatos que las otras mujeres. Se acuerda que
tenía que medirse la glucosa cada 2 horas. “En las noches
nos turnábamos con mi esposo”, narra.
El aumento de la obesidad y la falta de ejercicio le llaman la atención.
“Es importante saber que uno se está matando lentamente”,
sintetiza, preocupada por los jóvenes obesos y los niños,
que comen dulces, sorbetes y comida basura.
El tratamiento que le da fuerza para seguir
María Teresa reconoce que la diabetes es una enfermedad que mata
de a poco. Pero no baja los brazos. Se cuida y lo mismo hace con su hijo.
Por un descuido le apareció una úlcera en su pie. La situación
era tal que la solución era amputar. Cuenta que su vida cambió
al leer sobre Anodyne Therapy, una terapia que ayuda a aliviar el dolor
en diabéticos. “Es un aparato muy bueno.
El dedo lo tenía muerto antes de empezar. Estoy contenta porque
el pronóstico de mi pie era gangrena”, continúa. Pese
a que este aparato le salvó su pie, reconoce que debe seguir cuidando
su alimentación, controlando el azúcar, se vista y corazón.

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