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Un problema por resolver
El tránsito vehicular en la capital

Los agentes de tránsito deberían tener más intervención en la dirección del movimiento vehicular, especialmente en determinados lugares y horas.

Publicada 11 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Rubén Zeledón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Viví el San Salvador de calles empedradas y el transporte citadino por tranvías, así como los paseos que hacían los circos que llegaban al país o sea el desfile de malabaristas, fieras y payasos por las calles céntricas de la ciudad.

La pavimentación de San Salvador, en la administración del Dr. Quiñónez, se inició en forma parecida. El gobierno organizó un desfile de la maquinaria y equipos que se usaría en la obra, desfile que presencié acompañado de mi madre, desde la acera del almacén Dada, Dada & Cía., contiguo al Teatro Nacional.

Por primera vez vi moto niveladoras, rodillos vibratorios o aplanadoras como les llama la gente, y las cocinas en que se derretiría el asfalto para su mezcla y aplicación. Con la pavimentación desaparecieron los tranvías y surgieron los primeros autobuses que la gente bautizó como “cíatensas”.

Paralelamente se creó la policía de tránsito, que con sus tarimas de madera sombrillas de un diámetro regular para protegerse del sol y guantes blancos, para que sus señales fueran visibles y cascos de corcho que les diferenciaba de los kepis de la policía de línea.

Pese a que el tránsito vehicular era muy reducido, transcurrían muchos minutos entre el paso de un vehículo y otro, la presencia de agentes de tránsito era mayor que en el presente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, se instaló el primer semáforo en la esquina del Teatro Nacional y gradualmente fueron colocados otros en esquinas de mayor movimiento vehicular, desapareciendo casi por completo el agente de tránsito, excepto en algunos sitios y en horas pico, o cuando hay algún evento especial o un accidente.

Es lo usual y lógico en casi todos los países donde la gente es respetuosa de las leyes y reglamentos. Pero en países como los nuestros esto no pega, pues los latinoamericanos no somos muy cumplidores de normas y regulaciones.

Por esa razón los agentes de tránsito deberían tener más intervención en la dirección del movimiento vehicular, especialmente en determinados lugares y horas.

Por ejemplo la 25 Avenida, desde la 29 Calle a la Gerardo Barrios, especialmente a la hora de entrada y salida de alumnos de centros escolares. Muchos conductores hacen giro en U pese a la doble raya amarilla. Maniobra que ejecutan por igual padres de familia y choferes de vehículos colectivos de transporte escolar.

En la 6a./10a. Calle Poniente, algunos buses bajan a gran velocidad sobre el carril izquierdo desde el Gimnasio Nacional hasta la 25 Avenida y sólo Dios hasta hoy, ha evitado que otro vehículo, especialmente buses, que viniendo sobre la 25 Avenida y confiados en que el semáforo le da vía, doble hacia el poniente y ocurra una tragedia.

Como éstos hay otros lugares que deberían recibir especial atención de las autoridades. Durante 17 años laboré en una empresa petrolera en la cual pasé por los departamentos de contabilidad, ventas y los últimos diez años como jefe de operaciones, puesto último en que parte de mis labores era el mantenimiento de las plantas de Cutuco y San Salvador, así como de las estaciones de servicio en todo el país y especialmente la programación y descarga de los buques tanque, que traían los productos y vigilancia constante de que el personal observara las normas de seguridad que el manejo de combustibles exige.

Pese a lo peligroso que es el manejo de combustibles, los accidentes en todo el mundo son poco frecuentes y es que entre petroleros hay una norma que debieran adoptar otros ciudadanos: Los accidentes no ocurren, se provocan.

*Colaborador de El Diario de Hoy.



 

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