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Timo por Iraq Segundo engaño a salvadoreños

¿Fiasco? Tras esperar 19 meses, los enlistados creen que el viaje fue un fiasco. La figura de George Nayor ha estado presente en los dos supuestos proyectos. A los aplicantes les tramitaron tarjetas de crédito que hoy no pueden pagar . Piden que les devuelvan los pasaportes


Publicada 10 de noviembre de 2006 , El Diario de Hoy

Marzo 2006. Policías y reservistas salen de la Dirección de Reclutamiento y Reserva luego de una reunión sobre el viaje.Foto EDH
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Tras el sueño de ganar más de mil dólares por mes como guardias de seguridad privada en Iraq, varios salvadoreños han pasado a una pesadilla real.

Han despertado con el temor, en algunos casos ya es un hecho, de un lío jurídico con un banco local que les dio tarjetas de crédito por montos de hasta 800 dólares y el sinsabor de que todo se trató de un engaño.

Es la segunda vez que sucede. La primera ocurrió a finales de 2004, cuando George Nayor montó una oficina de reclutamiento y entrevistó a decenas de salvadoreños arguyendo que representaba a una firma norteamericana. Días después, la oficina fue cerrada y Nayor no apareció por ninguna parte.

Pero la más reciente comenzó a gestarse en marzo de 2005, cuando cientos de salvadoreños participaron en un proceso de reclutamiento para viajar a Iraq como seguridad privada.

En este segundo reclutamiento también estuvo inmiscuido Nayor, según varios de los aplicantes que lo vieron conversar con militares estadounidenses y oficiales salvadoreños de alto rango en la Primera Brigada de Infantería.

Esta vez, la atracción, como en casos anteriores, fueron elevados sueldos: arriba de mil 500 dólares.

Greystone Ltd. era la empresa norteamericana que, según lo ha manifestado a este periódico, estaba interesada en el reclutamiento. Para ello creó una relación con dos salvadoreños.

Fuentes de El Diario de Hoy, que aduciendo temor pidieron el anonimato, afirman que en noviembre de 2005, el coronel retirado Juan Emilio Velasco y Marcos Alberto Chávez Castillo, un ex empleado bancario, crearon la sociedad Central América Professional Services (Capros).

Esta empresa fue inscrita en el Registro de Comercio, el siete de noviembre del año pasado. Como administrador único y representante legal aparece Chávez Castillo, mientras que el coronel Velasco es el administrador único suplente.

Nayor estuvo presente en la primera brigada de infantería en diciembre pasado durante pruebas de tiro Foto EDH

“Empresa de maletín”
Entre otras finalidades, según la escritura de constitución, Capros presta servicios de selección de personal técnico, profesional y de servicios para laborar dentro y fuera del país.
Pero según las fuentes, Capros no es más que lo que se conoce como una “empresa de maletín”. Su plantilla de empleados son dos mujeres al frente de dos computadoras.

No tiene instalaciones propias, sino que funciona en las de una agencia de seguridad privada, la CIAP (Compañía Integral de Agentes de Seguridad Privada), propiedad del coronel en retiro José Orantes Jovel y Mayor retirado, Rolin López, quien se desliga de toda relación con Capros pese a que el 6 de marzo anterior, se encargó de checar la nómina de asistentes a una reunión en las instalaciones del Centro de Reclutamiento yReserva, según comprobó El Diario de Hoy.

Todo parecía marchar bien. A principios de diciembre del 2005, luego de una preselección, unos 300 aspirantes fueron sometidos a pruebas físicas y de manejo de armas en los recintos de un cuartel capitalino.

A todos los asistentes les dieron diez dólares para que cubrieran sus gastos de alimentación y transporte.

Luego, el 6 de marzo de este año, hicieron otra reunión. Esta vez ocuparon las instalaciones del Centro de Reclutamiento y Reserva.

Según las fuentes, en esas reuniones hubo presencia de varios estadounidenses, entre estos recuerdan a uno de nombre Willy Pinto, supuestamente es un cubano- estadounidense radicado en Miami, y otro que se identificó sólo como Juan, quien aseguraba ser un ex sargento del Army (Ejército de Estados Unidos).

Aunque hasta marzo no habían dado fecha de salida y menos la suma exacta que ganarían, Chávez Castillo les aseguró que era asunto de dos o tres semanas.

Muchos ex militares desempleados, civiles bilingües y hasta varios policías del Grupo de Reacción Policial (GRP) creían que el viaje era un hecho.

Tanto el mayor López como Chávez prohibieron a los aplicantes hablar con los periodistas, porque el proyecto se podía derrumbar.

Tarjetas de crédito
Meses antes, desde diciembre, Chávez les había sugerido a decenas de aplicantes que tramitaran una tarjeta de crédito y que cuando estuvieran ganando en Iraq podrían pagar sus deudas, además de que la misma les serviría para que les depositaran el sueldo.

Muchos objetaron la idea porque al no tener un empleo formal, no podrían ser sujetos de crédito bancario.

Pero, las fuentes aseguran que Chávez Castillo les dijo que no se preocuparan, que Capros les extendería una constancia de empleo para salvar la dificultad.

Es más, reunió a varios aplicantes y les dio la solicitud del banco con la indicación de que sólo escribieran su nombre, que del resto se encargaría él.

Así fue. A la vuelta de unos días, llegaron las tarjetas y los titulares comenzaron a usarlas. Muchos las llevaron al límite del crédito.

Las primeras tarjetas las recibieron en diciembre con montos de 600 dólares, otros las recibieron en enero con créditos de 800.

Las fuentes sospechan que Chávez habría ganado comisiones por tramitar las tarjetas en contubernio con algún contacto que habría dejado en el banco del cual era ex empleado.

Aseguran que Capros gestionó no menos de 150 tarjetas de crédito para sus empleados ficticios.

Con el paso de las dos o tres semanas llegaron las excusas de Chávez Castillo: que el viaje estaba frenado por algunas exigencias del Pentágono o que la empresa (Greystone) no tenía demanda de personal para ir a Iraq eran las explicaciones más frecuentes.

Sin embargo, para que el proyecto no se desmoronara, Chávez les dijo que a todos los preseleccionados les darían cursos gratis de inglés, pues la empresa tenía preferencia por los bilingües, ya que una vez en Iraq, los salvadoreños se relacionarían mucho con estadounidenses y británicos.

Para costear los cursos, Capros contó con la ayuda económica de Greystone quien según Crhis Burgges, empleado de la firma, mandaba periódicamente una suma de dinero a Capros para que se mantuviera a flote y así poder disponer de los reclutados en el momento que se requirieran.

Pero los endeudados comenzaron a inquietarse tras recibir los constantes cobros bancarios que no podían solventar por estar desempleados.

Ante eso, según las fuentes, a principios de este mes, Chávez Castillo convocó a una prueba de inglés: la empresa requería cien personas que hablaran inglés básico, les aseguró.
Sin embargo, hasta ahora nadie les ha dado los resultados de la prueba y cuándo partirán los que aprobaron.


Preocupación por embargos

Baltazar N. (nombre irreal) dice que está afligido porque, sin empleo aún, no halla la forma de pagar los 600 dólares que retiró con la tarjeta de crédito que Capros le tramitó. Un pariente suyo está en igual problema.

Él obtuvo la tarjeta en diciembre anterior y su pariente, en enero con crédito de 800 dólares.
Baltazar afirma estar desempleado desde abril de 2005, cuando confió en la promesa de Capros.

Sostiene que, pese a que le dijo a Marcos Chávez que no aplicaba para crédito, aquél le dijo que no se preocupara. No recuerda haber llenado solicitud alguna, sin embargo, a los pocos días ya tenía la tarjeta.

Marcos les dijo que era una forma de que quienes no tenían empleo obtuvieran dinero para viajar hasta Capros u obtener documentos necesarios para el enlistamiento, que el crédito lo podrían cancelar cuando ya devengaran en Iraq pues de todas formas en la misma cuenta les depositarían el sueldo.

Pero tras 19 meses de espera, Baltazar se retiró, o fue sacado mejor dicho, del proyecto tras cuestionar la veracidad del viaje al propio Marcos Chávez.

La aflicción de Baltazar no es para menos. El banco ya inició los trámites jurídicos de recuperación de su crédito, según comentó a este periódico, la ejecutiva de crédito que lleva la cuenta de Baltazar.

Las fuentes dicen que Capros gestionó no menos de 150 tarjetas de crédito para sus empleados. Con la tramitación, asegura, Chávez, ex empleado del banco, se embolsó buenas comisiones.


George Nayor. Está encarlcelado por cargos de narcotráfico. El próximo miércoles afrontará una Corte de Miami. Foto EDH

“Ahí anda el gringo que nos enganchó”

La primera vez que Ramiro P. (nombre simulado) conoció a George Nayor fue allá por noviembre de 2004, en el restaurante George’s que éste tenía en la colonia Escalón.

En esos días en muchos ex militares desempleados o en activo, así como en policías la fiebre por ir a trabajar a Iraq era alta.

La idea de ganar ocho veces o más de lo que aquí ganaba un guardia de seguridad privada hizo que Ramiro llegara al restaurante donde Nayor había improvisado una oficina de reclutamiento.

Muchos llevaron los documentos exigidos y se entrevistaron con Nayor y con Juan, el supuesto estadounidense que tiempo después verían en las actividades de entrenamiento de Capros.

Ambos les prometían que a más tardar en enero de 2005 viajarían a Iraq.

Pero de la noche a la mañana, la oficina ya no funcionó y Nayor no apareció por ningún lado. Nadie daba referencias de él.

Trece meses después, a mediados de diciembre de 2005, Nayor apareció nuevamente.

Enfundado en un chaleco de lona, del que suelen usar los guardaespaldas, el tipo fue visto en las instalaciones de la Primera Brigada de Infantería, que permitió sus instalaciones (no se sabe si prestadas o alquiladas) y los rifles M-16 con que hicieron las pruebas de tiro.

Ramiro recuerda que entre los aplicantes se pasó la voz: “Ahí anda el gringo que nos enganchó”. Pero nadie le dio importancia ni lo cuestionó sobre su viejo proyecto.

Esa vez, Ramiro y Mario F. (nombre falso) recuerdan haber visto a Nayor conversar amenamente con un teniente coronel de Estados Unidos (supuestamente parte de la firma estadounidense interesada en reclutar salvadoreños) y varios militares de alto rango, retirados, vinculados en la selección de salvadoreños.

También ese mismo día vieron a Juan (que decía ser ex sargento del Army), el otro “gringo” que ayudaba a Nayor cuando en noviembre de 2004, este dijo que reclutaría ex militares para Iraq.

A Ramiro y a Mario les sorprendió ver que muchas de las personas que Nayor y Juan habían entrevistado en el restaurante George’s, estaban enlistados en Capros empresa con la cual no saben qué relación tenía Nayor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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