x

elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Opinando
Un compromiso político de los cristianos

Es urgentísimo actuar, quitar banderas a los gangeros y oportunistas, a aquellos políticos negativos, quienes con su actuación de radicalismo, patrocinan, consienten y apoyan el desorden

Publicada 10 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

“La política es una de las tareas humanas más nobles y más importantes; de su orientación y funcionamiento depende el destino de millones de personas. Por eso, todo ser humano responsable está llamado a implicarse en este ámbito, donde se juega el presente y el futuro de la sociedad, y el no hacerlo supone renunciar a influir en el cambio social”.

Sin embargo, en el ambiente nacional hay un desencanto por las actuaciones y proyectos de los distintos partidos políticos. Sus ofertas y promesas no dejan de ser más que eso, pues en la práctica y en el diario hacer, hay mucho qué desear y únicamente se encaminan a su propio beneficio. De ahí la desilusión por el actuar, por el obrar de la mayoría de los profesionales de la política, los que para mala suerte, abundan en nuestro medio.

No obstante debemos hacer la salvedad, en honor a la verdad, que tenemos ejemplos de honradez y patriotismo, quienes han entendido que es apremiante la solución de los múltiples problemas que nos abruman: en salud, educación y economía.

Por lo anteriormente dicho, y muchas razones más, se tiene la opinión generalizada de que la política en nuestro país es sucia; no obstante, las personas correctas deben meterse en ella para limpiarla. Porque de nada ayuda al bienestar del país, el abstencionismo, la indiferencia ante la situación de desorden político imperante; siendo antipatriótico, como se dice: ver impasiblemente los toros desde la barrera.

Es urgentísimo actuar, quitar banderas a los gangeros y oportunistas, a aquellos políticos negativos, quienes con su actuación de radicalismo, patrocinan, consienten y apoyan el desorden y la delincuencia que abundan en el país.

“La fe, cuando es seria y conciente, debe pues, meterse en política no para manipularla, ni para dejarse llevar por los intereses del poder del momento, sino para asumirla como tarea de construcción humana y compromiso por el Reino de Dios: La justicia, la solidaridad, los derechos humanos… pasan necesariamente por la política”.

Y es que el cristiano tiene el deber de actuar en la política nacional… Pues la fe sin las obras, es fe muerta.

*Doctor en Derecho y licenciado en Filosofía.

 

elsalvador.com WWW