| Carlos
Jovel Munguía*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En El Salvador y en los países pobres, tenemos una visión
política de la vida: Desde la perspectiva individual, todos los
problemas son causa del Estado y todas las soluciones posibles pasan por
iniciativas de un Estado reducido al Poder Ejecutivo.
Este fenómeno está en todas partes: los reproches al gobierno
van desde la falta de voluntad de reducir los precios del petróleo
hasta la falta de cerebro para construir oposición desde el Estado.
Lo cierto es que ni el Ejecutivo está exento de responsabilidad
de lo que nos sucede, ni es el principal responsable; una combinación
entre la estructura de administración presidencialista que mantuvimos
durante décadas y el desempeño de los poderes Legislativo
y Judicial nos los borraron del radar.
¿Es ya demasiado tarde para superar la crisis en que nos han sumergido
las pandillas? Gary Becker, profesor de la Universidad de Chicago y Premio
Nobel de Economía, afirma acerca de la experiencia de Estados Unidos
que redujo de manera dramática los índices delincuenciales:
“Los ladrones que están presos no pueden cometer asaltos
y muchos han decidido no dedicarse a cometer delitos ante la creciente
probabilidad de ser condenado a largos años de cárcel”.
Al aumentar el número de delincuentes en la cárcel, se reduce
el número de delitos, por lo que agrega Becker: “La experiencia
de Estados Unidos demuestra que es aumentando las probabilidades de ser
detectado, apresado y castigado lo que reduce el índice delictivo”.
Aumentar la capacidad y el control en las cárceles, fortalecer
la investigación, incrementar las capturas, endurecer las penas
y sobre todo ejecutarlas, pueden resolver en el corto plazo el problema
de la criminalidad sin afectar las libertades de la gente decente.
En otras palabras, hay que aumentar el número de delincuentes en
la cárcel y asegurarnos de que se queden adentro. En las últimas
semanas, los tres poderes del Estado parecen por finalinearse tras su
imperativo de proteger la vida y la propiedad del individuo. La mayoría
de las iniciativas en la mesa, va en esta dirección, debemos asumir
que el Estado hará su parte y nosotros hacer la nuestra.
Desde el punto de vista individual, es nuestra responsabilidad de ciudadanos
trabajar desde ahora para lograr mantener el orden, para ello hay que
romper estructuralmente la multiplicación de pandilleros. ¿Cómo
aportar?
Primero hay que llevar -por amor al país- el optimismo hasta el
absurdo: no hay pesimista exitoso.
Segundo, hay que entender el problema estructural: las pandillas no son
hijas de la pobreza ni de la emigración sino de la desintegración
familiar; sólo una parte de la desintegración está
relacionada a la emigración. Si la inversión no va a las
personas, las personas van donde está la inversión y se
destruye el vínculo familiar.
Debemos volver el país atractivo, atraer capital y evitar las situaciones
que lo espantan. Esto no es responsabilidad de la derecha o de la izquierda,
sino de los salvadoreños. Costa Rica lo logró y sus habitantes
tienen un Ingreso Nacional Bruto de casi el doble del nuestro.
Tercero, debemos actuar. Si miramos con atención encontraremos
innumerables iniciativas privadas que buscan de manera desinteresada defender
la vida y la institución de la familia; iniciativas que construyen
individuos y familias más fuertes y por ende sociedades más
sólidas y responsables a través del fomento de valores universales
como la honestidad, el respeto, la solidaridad y el trabajo, entre otros.
Están en nuestras comunidades, en las escuelas de nuestros hijos,
en nuestros trabajos, en fundaciones, en las iglesias, en todos lados.
Aún están muy vacías. Debemos participar, asociarnos,
sólo así amansaremos el capital social necesario para afrontar
los problemas del futuro.
Piense un segundo y se dará cuenta de que más de alguna
vez lo invitaron a participar y se quedó fuera; la próxima
vez que le inviten, móntese al caballo. La solución está
en nuestras manos. El Salvador nos necesita.
Lic. en Economía y Negocios y colaborador
de El Diario de Hoy. carlos.jovel@gmail.com

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