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Las terribles profecías de Villalobos

Es falso que ya nos dejó el tren de la esperanza y que estemos condenados sin apelación. La gran mayoría de los que aquí estamos nos vamos a romper el alma para que el país prevalezca.

Publicada 9 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Alguien me dijo que Joaquín Villalobos es un buen organizador del pasado pero un pésimo profeta. Su artículo de la pasada semana, en esta misma sección, parece confirmarlo. Es muy aventurado meterse a predecir hechos como quien escribe un trágico guión según el cual una formación social tendrá que protagonizar de manera irremediable.

El análisis profundo de una determinada coyuntura permite prever acontecimientos y planificar cursos de acción. Es lo que se llama planeación estratégica, una utilísima herramienta para los dirigentes de empresas, instituciones o gobiernos. Pero describir con pelos y señales los sucesos que inevitablemente ocurrirán en los próximos años es más bien terreno de agoreros, oráculos, horóscopos y pitonisas.

Las profecías del mencionado articulista le paran los pelos a cualquiera. “El país va a dividirse más en los próximos años y las elecciones del 2009 lo harán más ingobernable, no importa quién gane”. Esa es una. Otra todavía más dramática dice: “En ese camino, el país perderá viabilidad, la izquierda libertades, la derecha negocios y todos vidas. Lo que viene será muy sangriento, pero lo más triste es que pudo haberse evitado”.

La verdad es que se pudo haber evitado cualquier cosa: la guerra de los ochenta, la guerra con Honduras en 1969 e incluso la eliminación de nuestra selección de fútbol del mundial de Francia 98. Cualquier cosa. Pero esos son episodios que ya ocurrieron. Nada que hacer. Pero es un porvenir sombrío lo que Villalobos presenta como profecía grabada en piedra mosaica.

No niego que tales sucesos pueden pasarnos. Por supuesto que sí. Pero también es muy posible que no. Hay muchos factores y variables que pueden incidir en la marcha de los acontecimientos.

La vida siempre nos sorprende. Los teóricos marxistas se pasaron añares profetizando el colapso de Estados Unidos y el capitalismo. Lo hacían partiendo de análisis supuestamente científicos. Pero fue, de manera imprevisible, el campo socialista con la Unión Soviética a la cabeza lo que se vino abajo como un castillo de naipes.

Nadie puede predecir con certeza el futuro y mucho menos cuando se trata de la interacción de los seres humanos. Pretender tal cosa fue el gran fallo de la doctrina marxista. No saber con certeza absoluta lo que va a pasar mañana, no digamos en cinco años, es paradójicamente el encanto de la vida. Sin esa incertidumbre, no hubiese razón para la esperanza. Pueda ser, repito, que el Apocalipsis de Villalobos ocurra, pero también pueda que no. Como todo en la vida.

Yo me inclino por que no será como él dice. Confieso que en parte lo creo porque así lo deseo. Y Lo deseo con toda el alma, porque en este paisito vivo yo, mi esposa, mis hijas, mis amigos y los lugares que amo. Pero también porque, si revisamos la historia, los salvadoreños hemos superado situaciones tan difíciles o peores que ésta.

Recuerdo que durante la guerra, allá en la montaña, Joaquín hacía excelentes análisis de coyuntura para pasar luego a las profecías. La cosa era más o menos así “el bloque de poder dominante está lleno de contradicciones, la economía se sostiene sobre bases artificiales, la corrupción ha profundizado la descomposición moral del gobierno, el estado de ánimo de las masas es de desesperación, la bomba se está haciendo más grande y la mecha más chiquita por lo que el colapso del régimen y del sistema es inminente; el triunfo de la revolución es inevitable”.

No hubo colapso ni triunfo revolucionario. Hubo negociación, deposición de las armas guerrilleras, fin de la guerra y cuatro sucesivos gobiernos de Arena. Nada de eso fue profetizado por Villalobos.

En el mencionado artículo se lee entre líneas un dolido resentimiento que se traduce en menosprecio: “les faltó cerebro”. “La inteligencia está ausente, las emociones están en control”. El hecho que no se hayan tomado en cuenta sus propuestas o que no esté en el país no quiere decir que ya estamos listos para la foto y el epitafio.

Es falso que ya nos dejó el tren de la esperanza y que estemos condenados sin apelación. La gran mayoría de los que aquí estamos nos vamos a romper el alma para que el país prevalezca.

Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv

 

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