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La nota del día
Si funciona en el ratón, funciona en el hombre

Los ratones que tomaban vino estaban con apariencia más joven y eran más fuertes y sanos que los infelices ratones condenados al envejecimiento prematuro.

Publicada 9 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El diario de hoy
editorial@ elsalvador.com

¡Estupendas noticias! De acuerdo con investigaciones médicas y como informa el New York Times, beber cantidades moderadas de vino tinto prolonga la vida y neutraliza los malos efectos de comer comidas saturadas de grasa o inclusive tener más peso de la cuenta. La mala noticia es que por hoy la dieta funciona en ratones, pero se desconoce si los seres humanos pueden beneficiarse empinando el codo a diario, como muchos lo hacen ya por pura intuición.

Pues resulta que… desde hace décadas la “contradicción francesa” intrigaba a científicos de todo el mundo: los franceses alegremente engullen grasas, comen hígado de ganso, les encantan los embutidos y en general disfrutan los placeres de la mesa en mayor medida que los estadounidenses, pero sufren mucho menos que estos de alto colesterol y enfermedades cardiovasculares.

El gran secreto, se sospecha mientras no se compruebe, es tomar un par de copas de vino cada día, como rezar el Padrenuestro. No mueren de enfermedades cardiovasculares pero las defunciones por cirrosis del hígado son más frecuentes que en Norteamérica. Cada uno tiene que escoger la clase de tiquete que quiere para irse al otro mundo.

Volvamos a los ratones. Después de un año de alimentar a unos y otros con alimentos que nadie recomienda y tomando en cuenta que un año de vida de ratón equivale a cuarenta en los seres humanos, los ratones que tomaban vino estaban con apariencia más joven y eran más fuertes y sanos que los infelices ratones condenados al envejecimiento prematuro, a canas, arrugas, a perder pelaje y arrastrar las patas. Ergo, si funciona en los ratones las probabilidades son de que también beneficie a los humanos, sobre todo pensando que al menos bendice a los franceses.

Un descuido y el pecho colapsa

He aquí nuestras recomendaciones: o convertirse en ratón o hacerse de abuelos y abuelas nacidas en la Galia, importar el hígado de ganso, comer con las deliciosas salsas hechas a base de mantequilla y yemas de huevo como en los tres estrellas de París, meterse entre pecho y espalda, de cuando en vez, una olla con todas esas salchichas, tocinos y cortes de cerdo de la cocina provincial para coronar el hartazgo con un plato de quesos, mientras más grasosos mejor.

Logrado esto, se llega muy lejos en la vida con aspecto de 39. No sabemos si la dieta debe incluir sólo vinos franceses o que pueden sustituirse estos por riojas y los deliciosos néctares de Montepulciano y la Toscana. Uno se las juega cuando en vez de rociar las viandas con borgoñas y vinos de Burdeos, lo hace con caldos del resto del mundo.

Antes de que se nos olvide, el estudio no especifica si los vinos servidos a los privilegiados ratones eran reservas o simples “crianzas”. Tampoco si las botellas se destapaban con antelación para que el vino respirara.

Lo que está claro es que a los ratones no les dieron a beber martinis ni whisky en las rocas ni ron con coca ni chaparro. Estrictamente vino. Los sucedáneos alcohólicos pueden traer lamentables consecuencias; la mayor parte de amigos y conocidos que fueron por veredas distintas a la del vino, sufren de desplome torácico; el pecho lo llevan hoy en día a la altura del cincho y hasta se ufanan de su desgracia.

 

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