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Ortega gana la presidencia

Managua. El ex comandante sandinista sucederá en el poder al mandatario Enrique Bolaños. Asumirá el poder el próximo 10 de enero. Su mandato durará cinco años. Tras ser declarado ganador, le tendió la mano a los inversionistas. Montealegre llegó a su base para felicitarle.


Publicada 8 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

En vilo. El gane del ex guerrillero sandinista Daniel Ortega despierta temores de una vuelta a la inestabilidad y la violencia. Foto AP
NICARAGUA
ELECCIONES
Corresponsal / Iván Olivares
Enviado / Rafael Mendoza López
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

Nicaragua pasó ayer de la tranquilidad a una noche de celebración con millares de sandinistas que abarrotaron las principales arterias de Managua con banderas y gritando consignas de su partido.

Una conferencia informativa cambió el panorama que aún tenía un gramo de incertidumbre para los seguidores del sandinista Daniel Ortega. A escasos minutos de que el Consejo Supremo Electoral dictara el porcentaje de los votos escrutados, la reventazón de pólvora en distintos puntos de la capital no dio tregua al silencio.

Contado el 91% de los votos, Ortega obtuvo el 38% contra el 29% de Montealegre. Según la ley electoral, basta obtener el 35% de los votos y una diferencia de cinco puntos porcentuales sobre el segundo rival más cercano para ganar la elección en la primera vuelta.

“Doy gracias a Dios por esta oportunidad que nos está dando una Nicaragua en reconciliación, haciendo consenso en medio de las diferencias”, dijo Ortega.

Agregó que su gobierno “se mantendrá abierto a todo tipo de inversiones y las alentará para atacar la pobreza generando empleo”.

Admite derrota

Al mismo tiempo, su rival Eduardo Montealegre reconoció su derrota, dirigiéndose momentos después hacia la sede sandinista en la capital para estrechar la mano de su contrincante y felicitarle.

Ambos se dieron un caluroso saludo, luego de expresiones de buena voluntad de Ortega para con los empresarios y los grupos sociales.

“Recibimos esta visita de Eduardo Montealegre como señal clara del deseo de los nicaragüenses de trabajar por el bien del país y para dar señal de estabilidad, por encima de nuestras diferencia políticas”, dijo el ex comandante guerrillero.

Afuera, a lo lejos, las luces de los carropatrullas y las sirenas se mezclaron con la algarabía que no perdonó redondeles, calles ni barrios.

Pero de entre todos los que circulaban por la capital, era fácil distinguir a quienes en lugar de la alegría les embargaba la frustración.

“Perdimos, perdimos”, dijo desconsolada, casi en lágrimas, una mujer nicaragüense que prefirió no identificarse.

“Aquí ya nos fregamos; este país es bien p…”, fue la voz común de varios taxistas y personas de entre las que circulaban cabizbajos en las calles de Managua.

El rechazo de los perdedores, incluso, alcanzó a los medios de comunicación. Un grupo de partidarios del liberal José Rizo arremetió contra un periodista que bajo su chaleco llevaba una camisa alusiva a Ortega. “¡Si son sandinistas, sáquenlos, sáquenlos, no los queremos…!”, coreaban.

Al final, tanto los seguidores de Montealegre como los de Rizo (ambos liberales) disiparon sus diferencias al menos suspendiendo el ataque mutuo. La derrota era de ambos. Ortega sonreía ante las cámaras luego de casi dos meses de ausencia ante la prensa.

El ex combatiente sandinista carga con la sombra de la guerra civil que provocó más de 30,000 muertos y de la crisis económica en Nicaragua que dejó cuando perdió el poder en 1990 a manos de la derecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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