| José
Carlos Rodríguez*
El Diario de Hoy
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Madrid.- El martes 17 de octubre se produjo uno de esos datos redondos
que ofrece la estadística. Era el día en que la población
de Estados Unidos alcanzaba los 300 millones de almas. Por mandato constitucional,
se realiza un censo cada 10 años, y el primero tuvo lugar en 1790.
Poco después se realizó uno en Gran Bretaña, y la
población temía que fuera un paso previo a una dictadura
militar. La población de Estados Unidos creció a niveles
sorprendentes en el cambio del Siglo XVIII al XIX, que despertaron los
miedos y la imaginación de Malthus.
No es mala ocasión para hacer una breve reflexión sobre
la población, especialmente cuando ciertos ecologistas se plantean
(como expresión de su insaciable inquina por el género humano)
qué bueno sería para la Tierra que la especie humana se
extinguiera. Lo plantean como una extinción voluntaria, pero me
temo que la desean como una eutanasia asistida. Hay ejemplos dramáticos
de esa actitud antihumana.
La de Estados Unidos es una buena noticia. No es que estén creciendo
a un ritmo alto, ya que, como el resto de países desarrollados,
su población ha ido moderando su ritmo natural de crecimiento con
el paso de las décadas. Pero el resultado es que seguramente nunca
había vivido una población tan grande en un entorno de libertad
tan amplio.
Adam Smith vio en la división del trabajo la causa del desarrollo
económico. Es cierto, como le reprochó Carl Menger, que
hay otra pata del desarrollo, que es la acumulación de capital,
que el primero no tuvo en cuenta. Pero entre sus mejores hallazgos se
encuentra que la división del trabajo está limitada por
la extensión del mercado. Si logramos engrandecer éste por
el volumen de la población o por la ampliación de las comunicaciones
entre los ciudadanos, estamos favoreciendo una de las causas del desarrollo
económico.
Con una mayor población, se pueden hacer colaboraciones mucho más
productivas. Mises explicó en “La acción humana”,
que “el hecho social fundamental es la división del trabajo
y su contrapartida, la cooperación humana”, que se explica
en dos hechos naturales: “Primero: la innata desigualdad de los
hombres, por lo que se refiere a su capacidad de realizar distintos tipos
de trabajo. Segundo: la desigual distribución de las oportunidades
de producción ofrecidas por la naturaleza, no humanas, sobre la
faz de la tierra”.
Esa desigualdad interpersonal no se limita a las capacidades, sino también
(como desarrolló Hayek) en el conocimiento. Y cuanto mayor es la
población, más pronunciadas son las diferencias que explotar
y más amplio es el conocimiento que se puede compartir y coordinar.
Dice Hayek en “La fatal arrogancia”: “Los hombres nos
hemos vuelto poderosos porque hemos llegado a ser muy diferentes: nuevas
posibilidades de especialización --que dependen no tanto de un
incremento en la inteligencia humana como de una creciente diferenciación
de los individuos-- provee la base para un uso más exitoso de los
recursos de la tierra”.
Se puede pensar que, de todos modos, tenemos que crear riqueza con los
medios materiales que tenemos, y éstos están dados. Pero
es un error, porque el valor que sepamos crear de ellos depende del uso
que le demos, y de la posición que le otorguemos en el proceso
productivo. Y de cada recurso podremos ampliar su productividad, bien
incardinándolo en una sociedad más amplia, con una división
del trabajo más profunda, bien haciéndole partícipe
de un proceso productivo más capitalista.
Cada nueva persona no es sólo un nuevo devorador de bienes, es
también un nuevo productor. Es más, dado que la producción
no es una cuestión física (recordemos a Lavoisier y la ley
de la conservación de la materia, luego materia-energía),
sino de valor, que es un fenómeno de la mente. Y “las mentes
importan económicamente tanto o más que las manos o la boca.
Los seres humanos creamos más de lo que utilizamos, de media”.
Pero una población abundante no asegura nada. Necesita poder cooperar
en libertad, y no todos los entramados institucionales sirven a esa libertad
de igual manera. Por eso la llegada del estadounidense 300 millones es
una excelente noticia.
*Miembro del Instituto Juan de Mariana y periodista
de Libertad Digital. © www.aipenet.com

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