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Economía para todos
Economía, Derecho y Angelina Jolie

La incorrecta aplicación del Derecho seguirá estorbando e impidiendo el desarrollo. Cualquier parecido con Latinoamérica no es pura coincidencia.

Publicada 7 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La semana pasada asistí a varias conferencias del “Con-greso centroamericano de análisis económico del Derecho”, organizado por la ESEN, cuyo oportuno espíritu fue enfatizar en que la Economía y el Derecho deben empezar, de una vez por todas, a caminar de la mano.
Claro, como Brad Pitt y Jennifer “Friends” Aniston antes de que apareciera Angelina “Tomb Raider” Jolie (Buen cambio, Brad).

Aunque en verdad, entre la Economía y el Derecho nunca se interpuso nadie, pues apenas se conocen, quizá por la ignorancia (¿O por la arrogancia?) de quienes ejercen tales ciencias, usualmente sin entender el funcionamiento de la otra.

Es que a juzgar por lo que se observa a diario en muchos países, hay demasiados abogados que desconocen los efectos económicos de la legislación que aplican.

Y son legión los economistas que, enfrascados en sus “infalibles” recetas de complejas fórmulas ¿seudoingenieriles?, subestiman la importancia del marco legal vigente, para luego afirmar con cara de sorpresa que “los principios económicos que funcionan en Suiza o en Hong Kong, no aplican por estas tierras”. ¿Será la gente? Falso. ¿O serán las normas adecuadas y los incentivos correctos? Obvio.

Para que se produzca la mejor asignación posible de los siempre escasos recursos disponibles, y se reduzca la pobreza (Todos hablan. ¿Vio?), la Economía y el Derecho tienen que estar alineados (Pero no alienados. ¿Eh?).

De lo contrario, la incorrecta aplicación del Derecho seguirá estorbando e impidiendo el desarrollo. Cualquier parecido con Latinoamérica no es pura coincidencia.

Para ilustrar el tema es útil referirse a “la tragedia de los comunes” y a “la tragedia de los anti comunes”, presentadas ambas en el citado Congreso; de la tragedia de la Aniston nadie habló, pero usted puede verla en Entertainment Television.

La “tragedia de los comunes” es una metáfora que explica por qué la gente tiende a sobreutilizar los recursos “compartidos”, en los cuales ni los derechos de propiedad ni los costos de utilización están correctamente asignados, pues tales recursos “son de todos y no son de nadie”.

El primero en publicar sobre ello, en un artículo de la revista Science de 1968, fue el biólogo Garrett Hardin quien tomó la expresión “tragedia de los comunes” de un libro del sociólogo William Forster Lloyd, de 1833.

El cazador de ballenas que no paga costo alguno por hacerlo se planteará: “¿Por qué voy a dejar de capturarlas, si de todos modos vendrá alguien más y lo hará?”.

Otros ejemplos son la caza de animales salvajes en la selva, la contaminación del aire, y la utilización de recursos naturales de uso “gratuito”, cuya problemática llevó a plantear soluciones de “administración”, pública o privada, tales como la regulación estatal, la privatización o la concesión.

Claro que cuando cualquiera de estas soluciones se implementa mal, cosa que ocurre con demasiada frecuencia, aparece la “tragedia de los anti comunes”, que es la contra cara de la anterior que deriva en la subutilización de los recursos cuyo uso se quiere regular.

Esta última “tragedia”, descrita en 1998 por Michael Heller, de la Universidad de Columbia, Nueva York, es la metáfora que nos dice que un recurso tenderá a ser subutilizado cuando existen múltiples dueños, cada uno de los cuales tiene el derecho de excluir a los demás de su efectivo uso.

En verdad, el problema no sólo consiste en la existencia de “demasiados dueños”, sino en la proliferación de entes burocráticos, con poder de otorgar o vetar permisos de funcionamiento, y que terminan siendo una “efectiva” máquina de impedir.

Heller cita la enorme cantidad de locales vacíos que hay en ciertas ciudades del mundo, cuya utilización es impedida por la burocracia, generando ¿o degenerando? en la aparición de miles de kioscos callejeros. Son cosas que, como usted bien sabe, se pueden ver sin necesidad de viajar muy lejos. ¿Cierto? ¡Oops!

Ocurre que “El espíritu de las leyes”, acerca de lo cual escribió Montesquieu, tiene una enorme influencia en el mundo económico o material. Quizá en eso pensaba Sting al componer “Es-píritus en el mundo material”, de The Police.

Finalmente, siendo ésta mi columna número 100, quiero expresar mi gratitud a usted lector, por leer mis artículos y a El Diario de Hoy, por darme semanalmente el privilegio de publicarlos. Muchas gracias.

Hasta la próxima.

(*) Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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