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La nota del día
Si toman parte, quédense sentados

El tema más urgente es el de las maras, lo que además de caer en lo policial pertenece al campo de la siquiatría, de lo satánico.

Publicada 7 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

El diario de hoy
editorial@ elsalvador.com

Es evidente que el único objetivo válido de la Comisión contra la Violencia es precisamente ese, analizar la violencia en su sentido inmediato pero asimismo el más amplio, establecer las causas que han llevado al recrudecimiento de los últimos meses, en especial a partir del J5 y cuáles deben ser las medidas y estrategias para combatirla.

La Comisión no tiene por qué examinar asuntos que no le competen, como la economía nacional o nuestras relaciones internacionales, ni le es lícito usurpar competencias propias de los poderes y las instituciones del Estado. Puede aclarar, orientar y recomendar, pero nada más.

De antemano hay que fijar la primera responsabilidad de los participantes: contribuir a la discusión, ceñirse a las reglas y quedarse allí, sentados, hasta que la Comisión corra su natural curso.

La regla básica es que la presidencia de la Comisión debe, por su natural jerarquía y por ser el depositario de la mayor cantidad de información, estar en manos de un representante del Ejecutivo; lo otro es que se deben limitar tanto el número de intervenciones de cada participante, como el tiempo de ellas, para no echar abajo este esfuerzo con interminables peroratas ni estériles cuestiones de forma.

Es fundamental que se graben en video las reuniones; además, como insiste un conocido nuestro, en la mesa debería sentarse un profesional de la lógica para mantener los debates a este lado de la sensatez.

La locura como “plan de nación”

El buen deseo tiene que partir de previas experiencias, en aquello que venimos padeciendo desde hace décadas: las tácticas usadas por los comunistas para echar abajo todos los intentos para alcanzar entendimientos.

“Sucedió antes, sucederá ahora y continuará sucediendo”: muy raras veces esta agrupación no se retira de las mesas a las pocas semanas o meses, esgrimiendo cualquier pretexto. Lo que acostumbran es exigir que a las agendas se agreguen temas irrelevantes al problema; si eso se admite, entonces se agrandan las demandas hasta que todo lo que ocurre en nuestro suelo vendría a ser parte de los planteamientos que se refieren a la salud, a la firma de tratados o a la suscripción de préstamos.

La triste probabilidad es que acusen al gobierno de no querer identificar a los autores intelectuales de tal matanza, o que se debe indemnizar a los familiares de los perdidos durante el “conflicto”, o que se investigue la intransigencia de las autoridades del ISSS, o se proceda al desarme general, más de las potenciales víctimas que de los victimarios. Y como no será posible aceptar sus planteamientos, que además se irán alargando día a día, pues “se retiran de la mesa” y a acusar al resto de negarse “al diálogo”.

El tema más urgente es el de las maras, lo que además de caer en lo policial pertenece al campo de la siquiatría, de lo satánico.

Pero a esta de violencia se agregan muchas otras, que constituyen la siniestra ofensiva contra todos nosotros: la conjura que culminó con el asesinato de dos policías el J5, las marchas y bloqueos de calles, la permanente diatriba contra el gobierno, el orden de leyes y el sector productivo, las incesantes y calumniosas acusaciones, la huelga del STISSS que atropella a los pacientes, el andar traficando en falsas ilusiones y utopías. Locura como “plan de nación”.



 

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