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Derecho o abuso
El increíble caso del ISSS

Como si quienes están manejando y moviendo los hilos de esta jugada infernal, no tienen padres ni familiares enfermos y jamás van a necesitar de los servicios de salud

Publicada 5 de noviembre de 2006, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Nuevamente estamos padeciendo por la actitud irresponsable de los dirigentes del Sindicato del Seguro Social, exigiendo un nuevo aumento de sueldo. Y no se trata de si tienen o no razón, ya que hoy a nadie le alcanza el sueldo y todos quisiéramos ganar más.

Pero lo verdaderamente incomprensible es que ellos no negocian, sino exigen y los argumentos que esgrimen son de tipo contundente o cortopunzante, que incluyen daños a la propiedad privada, cierre de importantes arterias hasta llegar al crimen de atentar contra la salud de los pacientes.

Para el ciudadano común y corriente que no está al tanto de las interioridades del conflicto, lo que los medios de comunicación han transmitido es que los empleados originalmente pretendían un aumento de $500 por cabeza, que luego bajaron a $100, a partir del mes de julio. Tal vez esto sea razonable, pero comparado con el sueldo y las prestaciones del resto de los empleados del país, el panorama cambia.

Aparentemente en el ISSS el que menos gana recibe $300 mensuales, bastante más que el mínimo; tienen más de $900 anuales en concepto de compensaciones, además del 100% del salario por incapacidad. Aquí vale citar el famoso monólogo de Segismundo, protagonista de “La Vida es Sueño”, del gran Calderón de la Barca cuando exclama: “¿Qué privilegios tuvieron, que yo no gocé jamás?”

Las negociaciones llevan ya varios días y el sindicato parece mantener una actitud cerrada que no les permite ceder. Defiende su posición asegurando que la institución tiene recursos como para justificar los aumentos, y que habría más si se disminuyera publicidad y viajes. En otras palabras, como en el Seguro abunda el pisto, ellos son las personas más idóneas para embolsárselo.

Sería importante recordarles que esos recursos no proceden ni de accionistas, ni de ventas exitosas, ni de donaciones. Que son las cotizaciones de los miles de afiliados y sus patronos, que les han sido descontados mensualmente de un salario, que en muchos casos está bastante más abajo que el que ellos tan fácilmente se ganan. Y que en muchas ocasiones la atención que los pacientes reciben y a la que tienen pleno derecho, deja mucho qué desear y que abundan los casos en que ha habido mal trato y descuido en la consulta.

A medida que los días pasan las imágenes transmitidas por los medios reflejan una actitud más prepotente, amenazante y agresiva. Con el dramático final del cierre de hospitales y servicios de los que en muchos casos depende la salud y la vida de tantos.

Pero parece no importar que pacientes con padecimientos renales no hayan sido atendidos a pesar de haber tenido sus citas programadas desde hace varios meses, y menos el que hayan venido de lejos, incurriendo, con enormes sacrificios, en gastos que estaban fuera de su presupuesto, pero que había que afrontarlos porque por la salud de un hijo o de un padre se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste.

Y se ha llegado al cierre de los servicios de oncología, sin importarles que un paciente con cáncer está viviendo con una espada sobre su cabeza y que su condición anímica influye mucho en el avance de la enfermedad; que el tratamiento de quimioterapia debe ser constante o no da los resultados deseados, y muchas otras razones de carácter humanitario que parecen no entender. Como si quienes están manejando y moviendo los hilos de esta jugada infernal, no tienen padres ni familiares enfermos y jamás van a necesitar de los servicios de salud.

Pero lo más extraño, es que esta situación criminal parece estar sobre todas las leyes del país, y que estos señores tienen un fuero de impunidad o privilegios especiales que los hace omnipotentes y todopoderosos, ya que no hay poder ni autoridad que se atreva a desafiarlos. ¿Será posible que al final se salgan con la suya y que en premio a haber abusado y jugado con la salud de tantos derechohabientes logren el aumento exigido? Cosas veredes, Sancho amigo, como decía Cervantes.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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