| Pedro Roque*
El Diario de Hoy
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La tradición de enflorar, como se dice aquí, es un día festivo como el de la madre o el padre, de mucho movimiento y motivo de encuentro familiar en el cementerio con parientes y conocidos, que no se ven frecuentemente. También es un día de fervor, muestra de respeto, memoria y reverencia a los difuntos de la familia.
Comercialmente, es importante para los negocios ligados a la distribución y venta de herramientas para limpiar y pintar las tumbas y la manufactura de los adornos que se utilizan para que, por lo menos ese día, la tumba del difunto esté bonita, pues mucha gente va al cementerio y no está bien que vean que la tumba de la familia, de los que así piensan, estaba descuidada, o bien, que ni siquiera una coronita le fueron a poner.
En el cementerio de mi ciudad natal, había este día a partir de las diez de la mañana, músicos que con violoncelo, violín y contrabajo o trompeta, clarinete y redoblantes, por un colón tocaban un réquiem al difunto y la familia que lo podía pagar, se sentía importante y reconfortada. Las cosas hoy son diferentes y se escuchan mariachis cantando “Amor eterno” o las canciones que le gustaban al difunto.
Yo prefiero que el cementerio en lugar de triste, sea alegre y lo pienso así, desde que comprendí que la muerte natural por vejez o enfermedad, es una parte del proceso de la vida y que el cementerio es el lugar donde descansa el cuerpo, una vez que el alma lo dejó, para cumplimiento del precepto bíblico: “Polvo eres y al polvo tornarás”.
Por cierto anoche vi la noticia sobre un experimento que demuestra, que cuando alguien muere, inmediatamente pierde unos gramos, que son los que supuestamente pesa el alma, que en ese momento milagroso, al igual que en el otro, cuando fue concebido y entra en el cuerpo, lo abandona para irse supuestamente al infinito; que si usted es cristiano, asume que si fue buena persona, va a disfrutar ahí de la eternidad y, si no, pues le tocará purgar un tiempo hasta que sea perdonado, o si fue muy malo, purgará la eternidad por todos sus pecados.En la India, los budistas creen otra cosa, están convencidos que reencarnarán en un nuevo ser.
La muerte sólo es triste y desgraciada cuando es consecuencia de la imprudencia en un accidente de tránsito o lo peor, cuando se pierde la vida como víctima de la creciente delincuencia en cualquiera de sus formas.
He visto en la Internet la creación de una “comisión anticrimen”, para contrarrestar la criminalidad. Si se fijan, los miembros de esta comisión son los mismos que para otros temas importantes del país, por lo que seguramente las medidas que recomienden, serán complementarias con las de sus otras comisiones. Dios les ayude a pensar y encontrar soluciones fiables inmediatas, pues la espiral de la violencia no perdona y con cada vuelta crece más.
Hablando con alguien mejor informado que yo sobre estos temas, me aclaró que somos el país, que en relación al número de ministerios, dimensión geográfica, población y remesas, más comisiones tenemos, es decir, somos el país con más gente pensando sobre lo que se podría o debería hacer. Ojalá que acierten con sus recomendaciones y se apliquen para cambiar esta cruel realidad.
Supongo que con las aportaciones de esta nueva comisión, se reforzarán las acciones contra la delincuencia, que como respuesta al ¡ahora! del embajador de Estados Unidos ya se están tomando.
Asumo que la comisión anticrimen asesorará sobre programas preventivos de corto, mediano y largo plazo, que seguramente sí requieren una excelente planificación para encontrar medidas preventivas innovadoras y casi mágicas, pues las normales, parece que no han funcionado lo suficiente.
Pero volviendo a la tradición de enflorar a los difuntos, yo creo que hay que mantenerla viva, con más fervor cada año y como un día de encuentro familiar entre los de aquí y los del más allá.
Por eso, si por cualquier razón el dos de noviembre no pudo ir al cementerio, hágalo hoy domingo, pues de seguro que el pasado jueves le echaron de menos sus difuntos.
Si tiene hijos y nietos, hábleles de las virtudes de sus antepasados para que mezclando recuerdos e historias serias y divertidas, este domingo sea un día agradable y que por lo menos un momento se lo dedique a sus difuntos.
Si va o fue, se lo agradecerán y de seguro, que desde donde estén, también lo bendecirán.
*Ingeniero y columnista de El Diario deHoy.

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